Hace diez años, en Pital de San Carlos, una joven madre tomó una decisión que le cambiaría la vida: buscar una forma de generar ingresos sin perderse la infancia de sus hijos.
Con apenas ¢30.000, muchas ganas y el corazón puesto en su familia, Stephanie Guido comenzó un camino que hoy la tiene celebrando una medalla de oro internacional y soñando en grande gracias al vino que produce
“Yo lo único que quería era trabajar, pero sin dejar de estar para mis hijos. No quería perderme sus momentos, verlos crecer desde lejos. Entonces empecé con lo que tenía, sin saber hasta dónde iba a llegar”, contó Stephanie, fundadora de Roshy Wine Costa Rica.
Una mamá que no se rindió
El emprendimiento nació tras el nacimiento de su hija mayor (tiene 4 hijos, Britanny, Caleb, Danna y Ailany). Al inicio, Stephanie hacía jaleas, conservas, pulpas y néctares, mientras recorría ferias del agricultor con jornadas largas y cansadas.
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“Fueron años duros. Yo iba a ferias, trabajaba todo el día, volvía a la casa y seguía produciendo. Pero siempre tuve claro que quería algo propio, algo que algún día pudiera crecer y hasta salir del país”, recordó.
“Hubo momentos duros. En las ferias del agricultor son un juego de azar. La semana que no es quincena las ventas son muy bajas, igual en las ferias de emprendedores, se vende mucho o nada. Me tocó llegar de ferias con todo lo que tenía, sin vender nada”, agrega.
Su curiosidad por los fermentados la llevó a capacitarse en el INA, donde comenzó a experimentar hasta dar con su propio vino artesanal.
No fue fácil
“Las primeras pruebas no le gustaban a nadie, ni siquiera a mi familia. Pero yo sentía que por ahí era. Yo decía: ‘esto tiene que funcionar, solo tengo que encontrar la forma correcta’”, relató.
Con equipo básico donado y apenas 100 botellas con tapas plásticas, decidió lanzarse. Quince días después, vendió toda su producción en una feria del Día del Padre. Ahí supo que ese era su camino.
Vino que conquistó paladares
A diferencia de los vinos tradicionales, Roshy Wine utiliza como base la flor de Jamaica, combinada con ingredientes naturales como jengibre, hierbabuena, menta y romero.
“Son productos libres de gluten, sin químicos añadidos. Yo quería ofrecer algo diferente, más natural, algo que la gente pudiera disfrutar sin miedo”, explicó.
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Durante la pandemia, el consumo creció y su marca dio un salto importante. Mejoró su presentación, incorporó corchos, etiquetas más elegantes y una imagen más profesional. Pero el verdadero giro llegaría en el 2025.
El día que la vida le cambió
Stephanie decidió participar en la Copa Internacional de Fermentados en Chile, uno de los escenarios más exigentes del continente.
No pudo viajar, pero siguió la premiación desde San Carlos, mientras trabajaba en degustaciones.
“Yo estaba viendo la transmisión y de repente dijeron que venía un reconocimiento especial. Se cortó el video y yo no supe nada. Entonces le escribí al juez costarricense que estaba allá y le pregunté cómo nos había ido”, recordó.
La respuesta la dejó sin palabras. “Me dijo: ‘pero ya ganaste’. Yo no lo podía creer. Después me mandó la foto del certificado: medalla de oro. Entré en shock, llamé a mi mamá llorando. Solo repetía: ‘no lo puedo creer’”, recordó emocionada.
Sueños que cruzan fronteras
Hoy, su marca cumple 10 años y ya se vende en distintas zonas del país. Pero su meta va más allá.
“Mi sueño es ver mis productos en un supermercado grande, exportar, llevarlos fuera de Costa Rica. Y ya estoy trabajando para eso, paso a paso”, afirmó.
Desde hace dos años, trabaja de la mano con la Promotora de Comercio Exterior (Procomer) en su proceso de internacionalización.
“Estoy cerca de exportar, estoy en el camino. Cuando estaba en las ferias soñaba con producir más y con un producto fuerte, pero no sabía si se harían realidad. Soy madre soltera casi siempre trabajé sola.
“Estoy convencida de que Dios acomoda las cosas y ayuda. Exportar era algo que ni pensaba. Hace unos años yo veía a Procomer algo imposible y ahora trabajo de la mano con ellos”, dice con gran ilusión.
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“Casos como la de Stephanie reflejan el talento de las mujeres emprendedoras y cómo pueden dar el salto hacia mercados internacionales”, señaló Laura López, gerente general de Procomer.
Más que un negocio, un legado
Stephanie no solo ha construido una empresa, también ha formado a sus cuatro hijos con el ejemplo.
“Ser mamá soltera y emprendedora les cambia la mentalidad. Ellos ven lo que cuesta cada cosa, aprenden a valorar. Todo esto es por ellos”, dijo.
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Y dejó un mensaje claro para otras mujeres: “Sí se puede. Por más veces que uno se caiga, hay que levantarse. Los sueños sí se cumplen, pero hay que luchar todos los días”.





