Daniela Gamboa y Alejandro Chaves se casaron hace 10 años. Ella es de Escazú y él de Cartago. Este matrimonio comenzó un emprendimiento en Costa Rica, pero lo han fortalecido desde Europa.
Ambos trabajaban en el mundo bancario costarricense, pero una oportunidad para doña Daniela en Países Bajos provocó un cambio total de vida de la mano de la hija de ambos, Luciana. Eso sí, sin abandonar el emprendimiento que ya tenían.
Antes de emprender, e incluso de que Daniela se casara, hubo una promesa entre ella y su hermana. “Mi hermana gemela Andrea y yo siempre dijimos que queríamos devolverle a mis papás todo el amor que nos dieron. Ahorramos mucho tiempo para llevarlos a Europa.
LEA MÁS: Latino muestra cómo ganar 25 dólares en solo 30 minutos de trabajo en Estados Unidos
“Mi mamá creció viendo Heidi, entonces queríamos llevarla a Suiza. Cuando los vimos llorar allá, y también en Italia, fue algo que queríamos inmortalizar para siempre”, recuerda Daniela, quien reconoció que junto a su esposo Alejandro le dieron vida a una idea que les cambiaría todo a partir de las fotos que les tomaron a los papás en el viaje europeo.
Nanilú, emprendimiento de amor
Así nació Nanilú (Nani, porque así le dicen a Daniela y Lú por Luciana, la hija), un negocio de fotografías personalizadas encapsuladas en imanes para refrigeradora, un producto que prácticamente no existía en Costa Rica y con el gran apoyo también de la hermana gemela de Daniela, Andrea.
“Trajimos mil imanes para probar, a ver cómo nos iba, y se vendieron en 15 días. Ahí entendimos que había algo grande”, cuenta.
El emprendimiento creció entre madrugadas, crianza y el trabajo formal de ambos en un banco.
“Al llegar del trabajo cuidábamos a nuestra hija, la dormía y en la noche nos poníamos a trabajar en Nanilú. Era cansado, pero también muy ilusionante. Sentíamos que estábamos construyendo algo propio”.
La oportunidad que cambió el rumbo
En octubre del 2025, cuando estaban a punto de comprar un lote en Costa Rica, todo dio un giro.
LEA MÁS: Tico revela cómo consiguió empleo en Irlanda donde gana muy bien
“Fue muy duro porque queríamos un lote y al final no pudimos comprarlo. Estábamos muy ilusionados y realmente sentíamos que ese lote era el futuro asegurado, pero no se dio.
“Al día siguiente de la llamada que confirmó que nada de nada con el lote, me llamaron para ofrecerme un puesto en un banco en Países Bajos. Yo no estaba buscando trabajo, pero así es Dios. Llamé a mi esposo y lo único que me dijo fue: ‘Dele’”.
Tras meses de pruebas y entrevistas, la respuesta llegó: sí. Vendieron todo lo de su hogar, algunas cositas las regalaron, empacaron siete maletas y se fueron rumbo a Utrecht (Países Bajos), sin saber que ese cambio traería nuevos retos… y nuevas ideas.
Adaptarse, extrañar… y volver a crear
La llegada no fue sencilla. Buscar casa, escuela para su hija y adaptarse a una cultura distinta fue todo un reto.
“Uno llega y se siente extraño. Aquí la gente es más fría, uno como tico es muy dulce. Y claro, la familia hace mucha falta, eso pesa muchísimo”. Pero en medio de esa nostalgia, Daniela encontró una nueva chispa.
“Había días en que me sentía triste de tanto extrañar a mi gente, mi país, pero de casualidad descubrí los booknook, que son como minimundos tipo rompecabezas.
“Comencé a distraerme con los booknook y así me ayudé con la nostalgia patria, además, entendimos que había una gran idea de aumentar el emprendimiento porque estaba segura que en Costa Rica casi nadie conocía este tipo de pasatiempos”.
Decidimos enviar 100 a Costa Rica y con ayuda de la gemela se vendieron en menos de un mes. “Entonces dijimos: ‘Aquí hay otra oportunidad’”.
Emprender a distancia
Desde Europa, no soltaron Nanilú. Al contrario, lo fortalecieron.
“Mi hermana se encarga de la operación en Costa Rica y nosotros vemos estrategia, proveedores, ideas. Nos reunimos todos los meses. No es fácil por la diferencia de horario, pero vale la pena”.
Hoy, el negocio ya no solo vende imanes, sino también booknook, cuadros magnéticos y nuevas líneas innovadoras.
“Estamos trayendo cosas que no existen en Costa Rica. Cada lugar al que vamos, lo vemos como una oportunidad para pensar: esto hay que llevarlo allá”.
Ser ticos, aunque estén lejos
A pesar de la distancia, Daniela y Alejandro no ha soltado sus raíces.
“Nos trajimos salsa inglesa, arroz, frijoles, masa… aquí no hay nada de eso. Hacer recetas ticas es de lo que más disfruto. Incluso desde antes de Nanilú hago contenido cocinando para redes sociales y ahora hasta gente de Países Bajos me sigue”, explica.
Y aunque ya hay comunidad tica en Países Bajos, el sentimiento sigue claro. “Uno nunca deja de ser tico. Extrañamos mucho, pero también sabemos que este esfuerzo es por un futuro mejor”.
Un sueño que sigue creciendo
Nanilú no deja de evolucionar. El 22 de marzo alcanzaron 20 mil seguidores en redes sociales y lanzaron nuevos productos.
LEA MÁS: Una tarea escolar se convirtió en un negocio real: niña sorprende con sus jabones naturales
“La evolución ha sido lindísima. Empezamos con algo pequeño y ahora estamos creando nuestra propia marca, innovando y creciendo, incluso desde otro continente”.
Daniela lo resume sin rodeos: “Emprender a la distancia es difícil, pero también es una bendición. Europa nos abrió la mente, pero Costa Rica sigue siendo nuestro motor”.







