Para muchos costarricenses, las listas de espera de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) no son solo un dato estadístico; son una condena al dolor, a estar en una cama, a no poder trabajar y, en el peor de los casos, a la muerte.
Sin embargo, en medio de la angustia, Ethel Rugama Obregón se ha convertido en un ángel para cientos de personas que están en una lista de espera porque se dedica, sin cobrar nada, a hacer recursos de amparo.
En ellos hace peticiones como, por ejemplo, que adelanten fechas de cirugías o procedimientos, también citas médicas o que se busque la forma de conseguir algún medicamento que un paciente necesita y la Caja no tiene.
Desde su casa en San Sebastián, esta licenciada en Derecho ha librado una batalla legal titánica. Ha redactado más de 500 recursos de amparo contra la Caja.
El primer caso la marcó para siempre
Ethel trabajó durante 17 años para un despacho legal en el que funcionaba una asociación que da soporte a personas con enfermedades.
El primer recurso de amparo que redactó fue el del caso de un muchacho de unos 22 años que tuvo un accidente de tránsito en el que perdió la mitad del cráneo. En aquel momento ni siquiera había empezado a estudiar leyes, pero el saber que él llevaba tres años esperando por una prótesis para verse mejor la motivó a ayudarlo.
“Ese fue mi primer recurso de amparo. El muchacho ya no iba a poder vivir como antes porque había quedado con secuelas muy severas, pero era darle calidad de vida”, recuerda Ethel aún con un gran dolor en el alma.
Aunque el recurso se ganó en solo 15 días, el desenlace fue agridulce: el miedo a la pandemia retrasó la cirugía y el joven falleció un año después de ser operado. Esa mezcla de éxito legal y tragedia humana marcó su norte: nadie debería morir esperando.
Publicidad de boca en boca
Ethel no necesita publicidad. Su trabajo con los pacientes que llevan años esperando por un procedimiento o una cirugía se corre de boca en boca y así es como le llegan más casos.
Uno de sus casos que más le ha tocado el corazón es el de Adrián Barahora, una historia que contamos hace unos días en La Teja, en la que un hombre tenía un tumor en el cerebro y, mientras esperaba la cirugía, iba perdiendo la vista. La abogada le ayudó a presentar un recurso de amparo y ya lo operaron. Hoy se está recuperando.
También recuerda a una adulta mayor a la que le urgía una cirugía de columna y llevaba una década esperando.
“Llevaba 10 años esperando por una cirugía de columna y siempre le decían en el hospital que ella estaba pasadita de peso, por eso no podía ser intervenida. Después de cuatro intentos, cuatro recursos de amparo que se interpusieron, ella logró operarse. Hoy está en recuperación con rehabilitación.
“Me marcan mucho los casos de adultos mayores y niños que, aunque son muy pocos, los he visto. He hecho recursos solicitando tratamiento médico para ellos porque la Caja lleva años diciéndole a los papás que no puede comprarlo, por ejemplo”, relató.
La lucha por el pago de daños
Ganar el recurso es solo parte del camino. Ethel explica que en muchas ocasiones la Sala Constitucional condena a la Caja al pago de daños y perjuicios, en la resolución del recurso de amparo.
Cuando eso pasa, el afectado puede pedir dinero a la institución. El monto final se decide en la vía Contenciosa Administrativa.
“Es bastante grosero. He visto sentencias donde a un adulto mayor que esperó ocho años por una cirugía le dan 20.000 colones por daños y perjuicios. Eso es irrisorio ante tanto sufrimiento”, critica la experta. Aun así, ella insiste en que los pacientes deben reclamar sus derechos para sentar precedentes contra la ineficiencia.
¿Necesita ayuda?
Ethel es licenciada en Derecho y está próxima a incorporarse al Colegio de Abogados. Si usted o un familiar están atrapados en el laberinto de las listas de espera y quieren contactarla para que le ayude a redactar un recurso de amparo, puede hacerlo por medio del número de teléfono 6291-2772.
Su gestión por el recurso de amparo es gratuita; los interesados solo deben cubrir los costos básicos de autenticación en caso de ser necesario.
“Ver que me llaman y me dicen ‘ya tengo la cita’, me hace sentir llena y plena. Es mi manera de retribuir a esas personas que han sufrido tanto”, aseguró la vecina de San Sebastián.




