Karen Fernández.3 septiembre

Un año de su vida perdido en dos periodos recluida en el módulo de pensiones de la cárcel de mujeres Vilma Curling, es lo que ha tenido que vivir doña Jenny Torres Chavarría desde los últimos días del 2017.

Jenny Torres, ha tenido que permanecer los seis meses encerrada en la cárcel de mujeres porque no tiene para pagar la pensión que le exige su exesposo. Foto Jorge Castillo
Jenny Torres, ha tenido que permanecer los seis meses encerrada en la cárcel de mujeres porque no tiene para pagar la pensión que le exige su exesposo. Foto Jorge Castillo

Ella es una guanacasteca de 47 años y vecina de La Cruz, que se gana la vida jalando equipaje en la frontera norte.

“Ahí, a veces, se hace algo de plata, pero otros días me puedo ir sin nada, pese a estar todo el día pulseándola, no siempre la gente lo contrata a uno para que le lleve el equipaje”, explicó doña Jenny.

Esta mujer de ojos claros, pero mirada triste nos contó que la primera vez que llegó a la cárcel por no pagar la pensión fue el 30 de diciembre del 2017 y como si no trabaja, no gana, pues no le queda de otra que descontar los seis meses que establece la ley, para que le “perdonen” la deuda.

La segunda vez ingresó el 9 de marzo y ya está contando los días para terminar con esta dura experiencia, que termina el 8 de setiembre.

“Es muy duro estar aquí, pasa uno el día perdido porque no hay nada productivo que hacer. Se le va el día viendo para el techo o con la mirada fija hacia la entrada del penal, para al menos distraerse viendo gente pasar”, explicó la mujer.

12 meses de su vida ha estado presa y podría sumar más
Teja y media mensuales

El monto que debe cancelarle de pensión a su expareja son ¢150.000 mensuales y según nos contó los pide para darle mala vida.

“Luego de que lo dejé porque me pegaba y me pasaba ofendiendo, me puso la pensión por maldad, porque él mismo me ha dicho que no necesita mi plata, que lo hace solo para verme presa. Es una injusticia que le permitan hacer eso”, contó.

“Incluso, lo habían sacado de la casa con la policía por las agresiones y eso no valió de nada para impedir que le dieran a mis hijos”, dijo con impotencia doña Jenny.

Al respecto, el abogado de familia Belisario Solano aclaró que cada caso debe verse de forma individual, para conocer el por qué las autoridades del PANI en este caso actuaron de ese modo.

“Tengo cinco hijos de entre nueve y 18 años y yo los dejaba a cargo de una señora mientras salía a trabajar para darles el sustento y ella los dejaba jugar y terminaban todos sucios y llegó el PANI y dijo que estaban mal cuidados y me los quitaron”, recordó aún con dolor la privada de libertad.

“Tenía que salir a trabajar porque él me daba diez mil colones por semana para mantenerlos, con eso jamás se puede sacar adelante a una familia y no me alcanza para hacer los pagos por el monto que él me pide. Además, me puso una orden de alejamiento y no me permite ver a mis hijos para nada, las veces que me he tratado de arrimar, me echa a la policía. Ni siquiera por teléfono puedo hablarles”, narró Torres.

Por su parte, la oficina de prensa del PANI aseguró que no ha habido una intervención de la institución para ubicar a los niños, es decir que al día de hoy no están en un albergue ni se ha abierto un proceso para ubicarlos con demás familiares.

Según explicaron, si los menores están con el papá es porque él también tiene la patria potestad.

Pide auxilio

Como no ve una pronta solución a su problema, le pide a los diputados que analicen el proyecto de ley 21.540 (Ley de Creación de Oportunidades de Empleo para Personas Deudoras Alimentarias) en el que se brinde atención a las personas con necesidad que tienen que sacar adelante a sus hijos.

“Que no nos metan injustamente a la cárcel solo porque a nuestros excompañeros les da la gana, que analicen los casos antes”, Jenny Torres, presa por pensión.

Cuando nos contó que tiene cuatro años de no poder ver a sus hijos, le ganaron las lágrimas.

Jenny se soltó a llorar cuando dijo que tiene cuatro años de no ver a sus hijos. Fotos de Jorge Castillo
Jenny se soltó a llorar cuando dijo que tiene cuatro años de no ver a sus hijos. Fotos de Jorge Castillo

“La impotencia que siento es que aunque esté aquí los seis meses presa, igual no voy a poder ver a mis hijos”, reclamó con dolor.

Agregó que él les dice mentiras sobre ella, por lo que no sabe siquiera si aún la quieren.

Para aprovechar el tiempo que le toca pasar ahí recluida, Jenny se ha convertido en una de las líderes positivas dentro del grupo. Ella trata de mantener el orden y distribuir las tareas que deben hacer en pro de una sana convivencia.

Hasta interviene cuando alguna no quiere respetar el orden de llamadas a las que tienen acceso, según el rol pegado junto al teléfono público del módulo de pensiones, así lo comprobamos en nuestra visita el 28 de agosto anterior cuando conversamos con ellas.