Jorleny Espinoza nació en Nicaragua y hace nueve años se vino para Costa Rica en busca de oportunidades de trabajo, porque en su país la situación económica se ha complicado mucho.
Cuando vivía en su país natal, trabajaba en empresas de zonas francas y al llegar a Tiquicia tuvo que empezar de cero.
Llegó con pasaporte en mano y lo primero que hizo fue buscar trabajo porque ese era su objetivo.
Se capacitó para aprender a pintar uñas y, trabajando como manicurista a domicilio, ganaba lo suficiente para comer y pagar el cuarto en el que vivía.
Una mujer pulseadora
Actualmente, Jorleny vive en Montealto de Concepción de Alajuelita, y ahí tiene dos negocitos humildes, pero sueña con crecer como emprendedora y por eso trabaja muy duro todos los días, ya que está muy enfocada en lograr su objetivo.
“Cuando llegué aquí aprendí a pintar uñas. Primero lo hacía a domicilio y luego, cuando ya tuve mi casita, puse un local pequeño. Luego, en ese mismo lugar abrí una venta de verduras y ahora tengo una pequeña pulpería y mi taller de costura, que es el negocio al que más me dedico porque siento que tiene mucho futuro.
“Yo no sabía de costura, pero cuando vine aprendí y es algo que me gusta mucho. Trabajé seis años en una empresa de costura y aprendí lo necesario para poner mi propio taller”, relató.
En el pequeño local que tiene en Alajuelita, la costurera tiene algunas muestras de su trabajo. Sus vecinos la buscan cuando necesitan ropa nueva porque saben que trabaja bien.
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Quiere ver crecer su taller de costura y dar trabajo a mujeres
La pulseadora es consciente de que a muchas mujeres les cuesta un mundo conseguir trabajo. Ella misma sabe de primera mano que el limpiar casas o cuidar niños no siempre tiene mercado y por eso le tiene tanta fe a la costura.
“Yo compro la tela y lo hago todo: trajes, buzos, shorts, pantalones de hombre... lo que me pidan. La gente me busca porque sabe que mi trabajo es de calidad”, asegura.
Jorleny trabaja duro para conseguir el éxito, pero no lo quiere solo para ella. Su gran meta para el futuro es ampliar su taller para dar empleo y capacitación a otras mujeres, especialmente a sus compatriotas.
“Ese trabajo de limpieza o cuidar chiquitos cuesta mucho encontrarlo ahora. Pero la costura... Viera cómo me llaman. Yo publico en Facebook y el teléfono no para, porque yo sé el oficio. Mi sueño es enseñarles a las mujeres para que ellas también sean independientes”, comenta emocionada.
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En Costa Rica se siente en paz
Más allá de los negocitos que tiene, lo que Jorleny más valora de vivir en suelo tico es la tranquilidad.
A ella le duele ver los conflictos que se viven en su país debido a la dictadura. También le preocupa la falta de oportunidades de trabajo, y aunque ya no vive en su tierra natal, sigue pendiente de lo que pasa allá.
“Aquí en Costa Rica es muy diferente, uno anda bien, no te amenazan. Como decimos los nicas: andamos relajados. A mí nunca me ha pasado nada malo aquí, gracias a Dios, y eso es lo que más valoro de esta tierra, la paz”.
Aunque extraña a sus familiares que viven en Nicaragua, su hijo de 15 años y su negocio de costura son el ancla que la mantiene firme en su camino.
Todos los días se levanta con muchas ganas de trabajar, porque sabe que con esfuerzo y sacrificio se construyen los sueños; las cosas no caen del cielo, hay que ganárselas.
La nicaragüense se siente muy orgullosa de lo que ha logrado porque es una mujer independiente, su propia jefa y siempre soñó con eso, aunque sueña con más. A ella la inspira la meta de tener un taller de costura más grande para darle trabajo a otras mujeres.
Su mensaje para quienes tienen miedo de empezar un negocito es claro y directo:
“Hay que pulsearla, nadie nace aprendiendo. Hay que ir tocando puertas para ver cuál resulta más favorable y es posible que en el camino algunas se cierren, pero hay que seguir adelante.
“Las mujeres somos emprendedoras por naturaleza y tenemos que aprovechar eso. Tenemos habilidades para el trabajo y debemos sacarles provecho. Que nadie nos diga que no podemos conseguir lo que queremos”, aseguró.





