A los ocho años, el mundo de Michel Paola Rostrán Saballos cambió de golpe: dejó su natal Nicaragua y llegó a Costa Rica. No fue una decisión propia; “me trajeron”, recuerda con sinceridad.
Fue en 1995 que dejó atrás su tierra para iniciar una nueva vida, siguiendo los pasos de su padre, un agrónomo, y su madre, una educadora, quienes buscaban en suelo tico la estabilidad y las oportunidades laborales que su país ya no les ofrecía.
Michel cuenta que cuando llegó a la escuela, aquí en Costa Rica, se dio cuenta de que su niñez estaría marcada por algo que no conocía: la discriminación.
Cuando sus compañeros escuchaban su acento, se burlaban de ella. Eso la hizo entrar en un silencio profundo llamado mutismo selectivo, un trastorno de ansiedad infantil en el que los niños son incapaces de hablar en situaciones sociales específicas.
LEA MÁS: Cocinera nicaragüense soñó toda su vida con tener su propio restaurante y ahora es una realidad
Años más tarde, ya como profesional en Psicología, la mujer entendió que este era un mecanismo de defensa ante la xenofobia y le duele saber que, al igual que ella, otro montón de niños se han sentido mal solo por tener una cultura diferente.
“Mi patria es mi corazón”
La infancia de Michel transcurrió entre el esfuerzo de sus padres y las calles de Pavas, ya que en ese distrito vivieron los primeros años en el país. Su adolescencia la pasó en un precario en Los Guidos de Desamparados, siempre aferrada al estudio.
A pesar de las dificultades económicas y el estigma social, ella siempre destacó por su excelencia académica.
“En la escuela había que maquillar el acento para no ser discriminada. Sentía ese temor de que conocieran mi origen porque inmediatamente me colocarían en un lugar de exclusión”, confiesa Michel.
Sin embargo, sus padres, Manuel Rostrán y Ada Saballos, siempre le inculcaron el orgullo por sus raíces. Fue esa dualidad la que la llevó a encontrar su verdadera identidad y el equilibrio que hoy tiene.
“En el corazón de una persona migrante pueden convivir dos territorios sin ser excluyentes; mi patria es mi corazón”, asegura con orgullo.
Un capítulo en la vida de su mamá la hizo estudiar psicología
Con mucho esfuerzo, Michel logró terminar la secundaria; se graduó del colegio José Albertazzi Avendaño de Los Guido.
Un episodio familiar marcó su destino profesional. En 2004, su madre enfrentó una fuerte depresión que terminó en un internamiento psiquiátrico.
“Eso me hizo empezar a tener mucha curiosidad sobre el funcionamiento de la mente humana, del comportamiento humano, de la conformación del grupo, de la pertenencia y, bueno, me decidí a estudiar Psicología.
LEA MÁS: Nicaragüense dejó su negocio en el Mercado Borbón porque sintió un llamado que le cambió la vida
“Estudié en la UCR con beca 11. Luego estudié una maestría en Psicología Clínica en una universidad privada, y ya eso lo pude pagar yo. Actualmente, estudio canto”, narró la nicaragüense.
Hoy, Michel dedica su vida a atender a mujeres sobrevivientes de trata y violencia, devolviéndoles la voz que ella misma sintió perder de niña.
Boleros para sanar el alma
Ella es una mujer versátil y también canta. En la música encontró una vía de escape y sanación que le hace mucho bien.
Es amante de los boleros; los llama la “música clásica de Latinoamérica”; el gusto por esas melodías lo heredó de su abuela, y ahora utiliza el canto como una herramienta terapéutica.
“Usualmente, lo hago como una forma de expresión, de decir qué es lo que hay en mi corazón, en mi alma. Cantar es terapéutico porque hace que la voz de una pueda proyectarse; lo disfruto mucho”, explica.
La nicaragüense tiene muchos planes para el futuro, pero todos tienen que ver con la construcción de un mejor país y la erradicación de la violencia y la discriminación.
“Me gustaría seguir aportando al mundo a cambiar las perspectivas, buscando la cultura de paz, buscando puntos de encuentro para que todos podamos coincidir y que, por ejemplo, no sea la nacionalidad un tema para discriminar, como yo lo viví.
“Ayudar a que la gente pueda estar más sana emocionalmente también, que se sienta menos sola, más acompañada, construir puentes de diálogo. Me veo haciendo eso el resto de mi vida y también cantando porque es algo que me encanta”, aseguró.




