Karen Fernández.4 noviembre, 2020

No es cualquiera el que tiene un tesoro tan valioso como don José Antonio Ortega y lo dona para que muchas personas más lo aprovechen.

Este vecino de Paraíso le dio al Museo Nacional de Costa Rica 28 piezas precolombinas que encontró en distintos lugares del país y en distintos momentos de su vida.

Rocío Fernández, directora del Museo Nacional, Sylvie Durán, ministra de Cultura y don José Antonio Ortega durante la entrega de la colección. Foto: Cortesía
Rocío Fernández, directora del Museo Nacional, Sylvie Durán, ministra de Cultura y don José Antonio Ortega durante la entrega de la colección. Foto: Cortesía

Don José hizo el ofrecimiento al Museo con el único interés de que las generaciones futuras tengan la oportunidad de conocer nuestros orígenes.

Este paraiseño, quien está a 20 días de cumplir sus 78 años, nos contó que los primeros tres tesoros que obtuvo son tres vasijas, las cuales las encontró en 1965 mientras trabajaba como operador de maquinaria pesada con la empresa Ilco, abriendo camino en Cariari de Pococí, que en aquel entonces era una gran montaña.

“Para ese tiempo estaba recién casado, venía mi primer hijo en camino y me acababa de quedar desempleado del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), donde trabajé en la construcción del proyecto Río Macho y debía conseguir algo rápido por las responsabilidades y me salió eso, aunque era lejos de la familia”, contó don José.

A los días de estar ahí los llevaron a otro campamento, ahí mismo en Cariari y un domingo en la tarde, mientras estaban descansando llegó un muchacho de Turrialba, de apellido Ledezma, y les dijo que habían encontrado tiestos.

"Cuando íbamos para allá nos topamos a un topógrafo, compañero de nosotros, que llevaba una olla pequeñita de puro oro y al preguntarle qué era nos dijo: ‘ahí me lo encontré, vaya busque porque (Rodrigo) Loría (jefe de ellos) botó todo eso (la montaña)’.

“Al final resultó ser como una tumba indígena y sacamos cuatro ollitas de ahí, una de ellas se había quebrado y Ledezma, chiva, dijo que él no se llevaba nada y me las dejé yo, luego de lavarlas”, comentó el adulto mayor.

Como don José fue un buen trabajador lo volvieron a llamar del ICE y lo mandaron a trabajar a Cañas, Guanacaste y un día que estaba sentado en el parque local pasó un señor con un saco de gangoche al hombro ofreciendo ollas legítimas indígenas chorotegas y le compró tres.

Vasija originaria de Guanacaste de entre los 100 años antes de Cristo a los 300 años después de Cristo. Foto: Cortesía
Vasija originaria de Guanacaste de entre los 100 años antes de Cristo a los 300 años después de Cristo. Foto: Cortesía

“A partir de ahí le seguí comprando más y lo último que le compré fue un metate. Luego me pasaron a Cachí-Limón y me hice así de la colección, sin querer queriendo. La hice, la guardé y la cuidé por 53 años”, recordó el padre de siete hijos.

Con las de la ley

En 1984, cuando se dio la posibilidad de que más personas como él inscribieran sus colecciones para no tener problemas legales por poseer propiedad del Estado, él se puso en contacto con el Museo para evitar problemas.

Sin embargo, hace varios meses le pidió a su hijo menor, Antonio, que averiguara qué debía hacer para entregarlas al Museo, por lo que este lunes 2 de noviembre pudo entregar sus tesoros.

“Mi papá me dijo que las quería entregar al Museo y me pareció un acto de mucha honestidad, por lo que le pedí a la ministra de la Mujer, Patricia Mora, que me guiara y me puso en contacto con Daniela Meneses, arqueóloga del Museo e incluso doña Sylvie Durán, ministra de Cultura, me llamó y comenzamos a coordinar la fecha de la visita para la entrega y agradecimiento personal a mi padre”, comentó Antonio Ortega, el cumiche de don José.

Esta es una de las piezas favoritas de don Jose. Foto: Cortesía
Esta es una de las piezas favoritas de don Jose. Foto: Cortesía

Agregó que tanto Durán como doña Rocío Fernández, directora del Museo, le reconocieron a su padre que las cuidara con esmero y que nunca negociara con ellas, pese a que el señor asegura que en los años 90 le ofrecieron siete millones por una de las piezas.

Por su parte, don José recordó que las representantes del Estado que lo visitaron en su casa estaban muy contentas porque las 28 piezas estaban “bien sanitas”.

“Yo también estoy muy contento porque ya están en su lugar, como tiene que ser”, afirmó el señor, que es morado de corazón.

Don José dice que si las piezas están tan bien conservadas es porque desde que las inscribió le aconsejaron guardarlas envueltas en papel periódico para protegerlas de la humedad y él cada cierto tiempo les cambiaba el papel, por aquello de las moscas.

Esta es la colección completa entregada por don Jose al Museo. Foto: Cortesía
Esta es la colección completa entregada por don Jose al Museo. Foto: Cortesía
Valioso aporte

El metate era la pieza favorita del paraiseño, luego la ranita en relieve que tenía una de las vasijas, la que dice le recuerda a la de Kölbi.

Meneses, la arqueóloga del departamento de protección del Museo, nos contó que las piezas son en cerámica y piedra (lítica) y en su mayoría son de la región arqueológica central de la vertiente atlántica, otras cuantas son del Pacífico norte (Guanacaste).

En cuanto a su antigüedad, van desde el año 100 antes de Cristo y hasta 1.500 después de Cristo.

La ministra Sylvie Durán le entregó una ficha técnica con la descripción de cada una de las piezas entregadas. Foto: Cortesía
La ministra Sylvie Durán le entregó una ficha técnica con la descripción de cada una de las piezas entregadas. Foto: Cortesía

“La entrega de estas piezas representa más allá del cumplimiento de la ley, la importancia de recordarle a la población la necesidad de salvaguardar las piezas para evitar el deterioro de las mismas. No solo están guardadas, sino que sirven para investigaciones de distinta índole”, explicó Meneses.

Actualmente la colección está en la sede Fabio Góngora del Museo, ubicada en Pavas, donde pasarán por un proceso de limpieza especializado, las registrarán, fotografiarán e incluirán en la base de datos.

Una vez listas, alguna de ellas podría ser incluida en alguna exhibición futura.

“Algunas piezas tienen más de dos mil años, por lo que es de admirar su ética y responsabilidad con el patrimonio nacional. Correspondía, sin duda, agradecerle y aplaudir su buen ejemplo y su cuido”, explicó Sylvie Durán, ministra de Cultura.

La mayoría de las piezas son de la la vertiente Atlántica y algunas de Guanacaste. Foto: Cortesía
La mayoría de las piezas son de la la vertiente Atlántica y algunas de Guanacaste. Foto: Cortesía
¿Qué hacer?
Si usted tiene alguna pieza que quiera entregar al Museo, lo único que tienen que hacer es llamar al 2211-5859 o puede enviar un correo electrónico a proteccion@museocostarica.go.cr Y tranquilo, no tendrá ningún problema, ahí los contactarán para coordinar una visita a la casa a valorar las piezas. La artesanía se lo dejan y lo que es precolombino se va al Museo porque es patrimonio.
“Hay dos cosas muy importantes y dignas de destacar en don José Antonio: su interés, el afecto y el compromiso que puso a lo largo del medio siglo durante el que custodió estas piezas de nuestro patrimonio arqueológico”, Sylvie Durán, ministra de Cultura.