Empujones para entrar, pasajeros pegados contra las puertas y varios que se quedan en la estación sin poder subir.
Así se vive por la tarde el trayecto en tren entre San José y Cartago, donde cientos de usuarios enfrentan un nivel de hacinamiento que ya genera temor entre quienes lo sufren a diario.
El problema se concentra en las carreras de la tarde, cuando estudiantes y trabajadores regresan a sus casas.
Los vagones se llenan a tal punto que los cobradores siguen acomodando gente entre las filas de pie, aun cuando ya no hay espacio.
El resultado: pasajeros que viajan al borde de caerse cada vez que se abren las puertas, mientras otros ni siquiera logran subir y deben esperar la siguiente carrera.
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Jimena Mora, vecina de Cartago, vivió esa situación el pasado 25 de agosto, cuando abordó el tren de las 5:35 p. m. en la estación de la Universidad de Costa Rica.
“La verdad es que uno va tan aplastado que hay personas que se pueden llegar a desmayar, porque uno va peor que si fuera una cajita chiquitita. Hay muchas personas que padecen de la presión, y así, en cualquier momento, alguien se puede desmayar. O gente que no ha comido a esa hora también puede desmayarse”, relató Mora.
Según la usuaria, el cansancio acumulado del día agrava el problema. “Hay muchas personas que ya están cansadas, vienen de trabajos, de clases, que han pasado todo el día en eso y están deseando ya llegar a la casa. Y, a pesar de todo esto, el tren no hace por dónde”, mencionó.
Más allá de la incomodidad, la aglomeración enciende una alarma de seguridad: el exceso de pasajeros por vagón deja a la gente expuesta ante cualquier eventualidad, desde un desmayo hasta una caída en movimiento.
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Los estudiantes de la UCR están entre los más afectados. A la falta de espacio en el tren se suma que la universidad se quedó sin el convenio que mantenía con la empresa LUMACA, lo que aumentó la demanda de quienes usan el tren como alternativa.
Fabiola Villalobos, estudiante de Contaduría Pública que viaja regularmente entre Cartago y la universidad, lo describe como una pelea diaria.
“Es realmente estresante, porque uno ya viene de clases, viene estresado tal vez por trabajos. Y venir a pelearse por un campo en el tren no es muy saludable”, comentó Villalobos, quien agregó que la demanda de pasajeros entre la Vieja Metrópoli y la UCR es muy alta.
Consultamos al Instituto Costarricense de Ferrocarriles (INCOFER) sobre si la institución tenía conocimiento del hacinamiento y si existen planes para solventarlo. Desde la mañana del pasado 26 de agosto hasta el cierre de esta nota, no se obtuvo respuesta.
Mientras tanto, miles de usuarios siguen enfrentando el mismo escenario cada tarde: vagones llenos, cobradores que insisten en meter más gente y pasajeros que, ante la falta de espacio, prefieren quedarse en el andén con la esperanza de que la próxima carrera venga menos llena.
