Durante diez años, Lauren Bonilla sintió que la vida se le escapaba entre las manos.
La vecina de La Guácima de Alajuela pasó de ser una mujer activa, independiente y llena de energía a convertirse en una prisionera de su propio cuerpo.
Lo que comenzó como un dolor extraño en una mano terminó encerrándola en su casa, alejándola de amigos, actividades y hasta de las cosas más sencillas de la vida cotidiana.
Todo comenzó en el 2012. Lauren empezó a sentir un fuerte dolor en una mano. Le costaba escribir y sentía que el brazo se le pegaba al cuerpo. Con el paso de los meses empezó a arrastrar un pie y a perder movilidad.
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“Yo estaba bien un día y al siguiente ya no podía moverme igual. Sentía que algo raro estaba pasando. Pensé que tenía algún problema en la cabeza porque nada de lo que me ocurría era normal.
“Fui donde muchos doctores y nadie me decía qué tenía. Pasaba el tiempo y seguía empeorando. Mi vida se cortó de un solo golpe. Dejé de vivir para dedicarme únicamente a sobrevivir”, recordó. Mientras buscaba respuestas, la enfermedad avanzaba.
Diez años de encierro y dolor
La situación llegó a ser tan complicada que Lauren prácticamente dejó de salir de su casa. Caminar era una gran dificultad. Dormir se convirtió en un lujo. El dolor la acompañaba día y noche.
“Yo me movía todo el día, siempre estaba ocupada, y de pronto terminé encerrada aquí. No podía salir porque simplemente mi cuerpo no respondía. Fueron diez años sin dormir bien.
“Para descansar tenía que acostarme sobre hielo en el piso porque sentía dolores terribles. Pasaba deprimida, sola y viendo cómo los días seguían avanzando mientras yo permanecía encerrada. Cuando uno está enfermo siente que muchas personas se alejan y eso también duele”, contó.
Cuando sintió que no podía más
El diagnóstico definitivo llegó muchos meses después gracias al neurocirujano costarricense Fernando González Salazar, quien confirmó que Lauren padecía párkinson. Aunque por fin tenía una respuesta, el panorama seguía siendo complicado.
“Cuando me hablaron de una posible cirugía sentí esperanza por primera vez. Yo estaba agotada. Sinceramente pensé que no iba a aguantar mucho más.
“Estaba desesperada. Cuando finalmente me dijeron que sí me podían operar, lloré de felicidad. Sentí que Dios me estaba dando una nueva oportunidad”, confesó.
El milagro de la ciencia
La cirugía fue realizada por el doctor González Salazar mediante una técnica conocida como estimulación cerebral profunda.
El especialista explicó que el procedimiento consiste en colocar electrodos en zonas específicas del cerebro para regular la actividad neuronal responsable de muchos de los síntomas motores del párkinson.
“La terapia permite reducir al menos un 60% la cantidad de medicamentos que utiliza el paciente y mejorar entre un 80% y un 90% síntomas como el temblor, la rigidez, los trastornos del equilibrio, la postura y la marcha. Esto representa una mejoría muy importante en la calidad de vida”, explicó el médico.
Costa Rica fue el primer país de Centroamérica en implementar este tratamiento.
Volvió a abrir la puerta de su casa
Tras la cirugía, Lauren comenzó a vivir cambios que durante varios años parecían imposibles. Volvió a dormir. Recuperó movilidad. Empezó a caminar mejor y a disfrutar actividades cotidianas. Pero hubo un momento que jamás olvidará.
“La primera vez que pude salir tranquila de la casa fue algo que me marcó muchísimo. Parece algo sencillo, pero para mí era recuperar la libertad.
“Después de tantos años encerrada, poder salir, caminar, hacer mandados o simplemente disfrutar el día era algo que había dejado de imaginar. Sentí que volvía a vivir”, relató.
Hoy asiste al gimnasio y utiliza una aplicación en su celular para monitorear el funcionamiento del dispositivo que lleva implantado.
“La vida nos da tanto que a veces uno la da por sentada. Ahora agradezco cosas tan simples como levantarme sin dolor, caminar o salir de mi casa. Ojalá la gente se informe y sepa que sí hay esperanza. Yo pensé que había perdido mi vida para siempre y hoy puedo decir que la recuperé”.
Más de mil casos al año
Los servicios de emergencias de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) registraron 1.283 atenciones durante el 2025 relacionadas con enfermedades cerebrales como el Alzheimer, el párkinson y demencia vascular. Eso significa casi cuatro atenciones diarias.
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Los especialistas recordaron la importancia de tener hábitos saludables para proteger el cerebro y reducir el riesgo de desarrollar este tipo de enfermedades.
Entre las principales recomendaciones destacan mantener una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras, pescado, frutos secos y aceite de oliva, alimentos que aportan antioxidantes y grasas saludables que ayudan a proteger las células cerebrales.
“Las autoridades también advierten que el consumo excesivo de bebidas energéticas, alcohol, drogas u otros estimulantes, así como el uso prolongado de pantallas, puede afectar el sueño, la memoria y la salud mental, factores que influyen en la salud del cerebro”, explica la CCSS.





