Una sele de ocho universitarios de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Costa Rica (UCR) enfrenta una de las pruebas de fuego más exigentes de la tecnología aeroespacial estudiantil a nivel internacional.
El reto consiste en poner a prueba un rover (vehículo robótico diseñado y construido por ellos mismos) que será lanzado dentro de un cohete, descolgado en pleno desierto de Nevada y programado para cumplir una misión en tierra de forma completamente autónoma (independiente).
El certamen es el ARLISS (A Rocket Launch for International Student Satellites - Lanzamiento de Cohetes para Satélites de Estudiantes Internacionales-), una exigente competencia que se realiza en el desierto de Black Rock, en Estados Unidos.
La sele salió a Nevada el pasado 11 de setiembre para enfrentar el duro “partido” en condiciones reales de operación. El evento se realiza desde el pasado 14 y hasta el 18 de setiembre.
De nuestra tricolor seis “jugadores” viajaron a Norteamérica como la única delegación centroamericana de la cita, en la que competirán con más de 15 selecciones de distintas países.
Trabajo innovador
“Para nuestro equipo es un gran honor representar a la UCR y a Costa Rica en la competencia. ARLISS nos permite presentar el tipo de trabajo innovador que se desarrolla en la Universidad de Costa Rica y en el Grupo de Ingeniería Aeroespacial (GIA).
“Además, creemos que participar en estos espacios contribuye a visibilizar el potencial que existe en el país para desarrollar proyectos de alcance internacional”, aseguró Frida Jiménez, una de las “capitanas” del grupo y estudiante de Ingeniería Mecánica de la UCR.
Este equipazo se llama Jade y tiene otra “capitana”, Sofía Múnera, también estudiante de Ingeniería Mecánica.
La “alineación” la completan Juan Esteban Giraldo, Yosdeny López, Andy Cruz, Isaac Bustamante, Kiara Rosales y Jake Guevara, de áreas como Ingeniería Mecánica, Eléctrica y Química. En el proceso cuentan con el respaldo del docente Ing. Francisco Segura y del estudiante avanzado Daniel Picado.
Aprovechar imprevistos
“Para representar a Costa Rica en esta competencia, uno de los mayores retos que enfrentamos fue adaptarnos a las situaciones que surgían durante el desarrollo del proyecto. Aprendimos a no frustrarnos y aprovechar situaciones imprevistas para mejorar como equipo. Muchas veces las cosas no salían como esperábamos, pero siempre seguimos intentando y aprendiendo de nuestros errores”, recordó Jiménez.
“También tuvimos que mantener un balance entre la elaboración del rover, las responsabilidades universitarias y el tiempo de descanso. Todo este proceso nos ayudó a mejorar nuestra organización, apoyarnos como equipo, y entender que los obstáculos son parte importante del aprendizaje”, agregó Frida.
La competencia ARLISS nació en 1999 tras una alianza entre la Universidad de Stanford y la Association of Experimental Rocketry of the Pacific (AeroPAC).
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El reto sirve de ventana para demostrar en eventos de alta exigencia los conocimientos de aula. Para llegar ahí, el equipo tico trabajó durante ocho meses en el desarrollo del proyecto Lázaro, un vehículo de dos ruedas ensamblado con partes de aluminio e impresión 3D, dirigido por una placa de circuito impreso (PCB).
Misión muy exigente
Durante el lanzamiento, el cohete llevará el vehículo a una altura de entre 3,4 y 3,7 kilómetros. Tras la expulsión y el descenso, el rover tico deberá desplazarse de forma autónoma, transportar una bandera hasta una meta fija y colocarla para que se mantenga recta al menos un minuto.
La misión exige completar cinco fases críticas: despegue, despliegue, aterrizaje, navegación autónoma y colocación de la insignia.
“Lo más novedoso de nuestra propuesta no está en una sola pieza o mecanismo, sino en la forma integral en que desarrollamos Lázaro.
“En la parte mecánica, la estructura cuenta con elementos de alta resistencia para amortiguar el impacto del aterrizaje tras ser expulsado desde un cohete a alta velocidad. Además, integra un sistema electrónico robusto que garantiza la comunicación constante con la base en tierra”, explicó Sofía.
Esta participación suma la experiencia previa del Grupo de Ingeniería Aeroespacial (GIA-UCR) en ediciones pasadas, incorporando mejoras estructurales respecto a prototipos anteriores.
“Para esta edición de la competencia implementamos mejoras mecánicas y electrónicas respecto a los diseños anteriores.
“En primer lugar, optimizamos el sistema de tracción rediseñando los acoples entre la llanta y el motor para hacerlos mucho más resistentes, al evitar que los ejes de los motores patinen o fallen ante los terrenos irregulares a los que el rover se va a exponer”, señaló Múnera.
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Independientemente de la tabla de posiciones, “el seleccionado” resalta el valor de demostrar el nivel técnico existente en Costa Rica para trabajar iniciativas aeroespaciales bien difíciles.



