Antes era muy común que las familias compartieran los tiempos de desayuno, almuerzo y cena, sobre todo los fines de semana que era cuando todos estaban en casa, pero ahora eso ha ido cambiando.
Las largas jornadas laborales, el complicado tráfico, las responsabilidades académicas y el uso constante de dispositivos electrónicos están provocando una silenciosa transformación en los hogares: cada vez menos familias se sientan a compartir sus tiempos de comida.
Aunque para muchos esto pueda parecer un simple efecto de la agitada vida moderna, los profesionales en nutrición advierten que esta situación podría tener implicaciones muy importantes para nuestra salud física, emocional y social.
El peligro de la “alimentación distraída” y el aislamiento
El Colegio de Profesionales en Nutrición de Costa Rica lanzó un llamado de atención sobre este fenómeno.
Para los especialistas, la mesa representa mucho más que un momento para alimentarse. Se trata de espacios fundamentales que favorecen la comunicación, fortalecen los vínculos afectivos y promueven hábitos de alimentación saludables desde edades tempranas.
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En la actualidad, uno de los grandes desafíos es la falta de coincidencia en los horarios de la familia, un problema que se agrava profundamente por el uso de pantallas.
“Hoy es común ver a cada miembro de la familia comiendo a diferentes horas o utilizando el celular, la tableta o el televisor mientras come”, explicó Alejandra Irola, vocera del Colegio.
Esta práctica reduce drásticamente las oportunidades de conversar y fomenta una alimentación distraída, lo que incluso nos dificulta reconocer el momento en el que ya estamos satisfechos.
Los curiosos beneficios de compartir el menú
Sentarse a la mesa no solo nutre el cuerpo, sino también la mente. Diversas investigaciones han asociado las comidas compartidas con una mejor calidad en la alimentación de las personas, así como con claros beneficios en el bienestar emocional, la comunicación familiar y la reducción de factores de estrés.
Según detalló la especialista, los beneficios de recuperar esta costumbre son notables:
- Mejores ingredientes: Cuando las familias comparten la mesa con regularidad, hay una mayor probabilidad de que se consuman preparaciones caseras. Además, se incrementa el consumo de frutas, vegetales y alimentos frescos.
- El poder del ejemplo: Estos espacios permiten que, a través de la observación del ejemplo de los adultos, los niños y adolescentes aprendan sobre hábitos saludables.
¿Cómo recuperar la mesa familiar sin estresarse?
Para muchas familias ticas, coordinar horarios de lunes a viernes parece una misión imposible. Sin embargo, desde el Colegio de Nutricionistas destacan que rescatar esta práctica no implica la obligación de compartir absolutamente todas las comidas del día.
Para lograrlo, los nutricionistas recomiendan lo siguiente:
- Empezar de a poco: Lograr coincidir en uno o dos tiempos de comida a la semana puede convertirse en un espacio sumamente valioso para fortalecer la convivencia.
- Cero presiones: No se trata de buscar la perfección ni de exigir horarios imposibles, lo importante es identificar momentos realistas para lograr coincidir como familia.
- Desconexión digital: Es clave apagar todas las pantallas y aprovechar ese espacio exclusivamente para conversar, compartir distintas experiencias y fortalecer los vínculos.
- Trabajo en equipo: Planificar comidas con anticipación e involucrar a todos los integrantes del hogar en la preparación de los alimentos facilita estos encuentros y los convierte en una rutina sostenible.
Al final del día, más allá de la receta que se sirva en el plato, compartir la mesa sigue siendo una de las herramientas más sencillas y efectivas para promover una alimentación verdaderamente saludable y cuidar a nuestra familia.



