En una pequeña casa alquilada en Cipreses de Curridabat, el tiempo parece haberse detenido en un doloroso capítulo para Kimberly Chacón Masís y su familia.
Hace aproximadamente mes y medio, la tragedia tocó a su puerta: su esposo, Alberto Rodríguez, de 68 años, sufrió dos derrames cerebrales que lo dejaron postrado, sin poder mover su lado izquierdo y dependiendo totalmente de pañales y alimentos licuados.
Alberto era el sustento del hogar; se ganaba la vida como “taxista pirata”, pero hoy es Kimberly quien debe multiplicar sus fuerzas para cuidar de él y de sus siete hijos, cuyas edades van desde los 6 hasta los 17 años.
Una entrada a clases en blanco
Con el inicio del curso lectivo a la vuelta de la esquina, la angustia de esta madre crece cada minuto.
“Las clases entran el próximo lunes (23 de febrero) y no tenemos nada de útiles, ni un cuadernito, ni zapatos para ninguno”, confesó Kimberly con la voz entrecortada.
A pesar de que tiene tres hijos becados, en enero ninguno recibió la ayuda económica, lo que terminó de hundirlos en la desesperación.
En este hogar los ¢130.000 del alquiler que tienen que pagar cada mes (que incluyen los servicios) pesan como una montaña cuando no hay un solo colón entrando de forma fija.
Comiendo de la caridad
La situación es tan crítica que la comida en la mesa depende de la buena voluntad ajena.
“Estamos comiendo con lo que nos regalan los vecinos y familiares”, relató Kimberly con un nudo en garganta.
También algunos piratas, conocidos de Alberto, le han estado metiendo el hombro con la plata del alquiler, algo que agradecen inmensamente.
Ella explica que no puede salir a buscar trabajo, pues Alberto requiere atención las 24 horas del día. Su alimentación es estrictamente líquida y ella debe estar pendiente de cada medicamento y de su aseo personal.
Solicita ayuda al Estado
Kimberly ya tocó las puertas del IMAS, pero la ayuda aún no llega; presentó los papeles y llenó los formularios; sin embargo, todavía no la han contactado. Aunque tiene toda la fe de que el Estado le echará una mano en algún momento, mientras el hambre y la necesidad de sus hijos no esperan. ¡Está desesperada!
Rosibel Masís, mamá de Kimberly, tiene el corazón hecho un puño porque le duele ver a sus familiares pasar tanta necesidad.
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Ella vive en Sarapiquí, lejos de su hija y sus nietos, pero pasa en constante comunicación con ellos, y cuando puede los visita, así que sabe los detalles de la necesidad que viven a diario.
“A veces me llaman para decirme que no tiene ni pan, yo les ayudo con lo que puedo, pero ellos están urgidos de una ayuda mayor. Ya fueron al IMAS a hacer los trámites pero nada que llega esa ayuda.
“Todos los hijos de Kimberly son menores de edad y están viviendo una situación que nadie se merece. Mi hija me llama a veces para decirme que no tiene ni jabón para lavarle la ropa a los chiquitos”, contó la señora.
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Usted puede ayudar esta familia
Si usted siente el llamado de ayudar a esta mamá y a sus siete hijos, puede hacerlo a través de SINPE Móvil al número 6085-5548.
Cualquier colón cuenta para comprar desde un paquete de cuadernos hasta los pañales y Ensure que necesita don Alberto, así como el arroz y los frijoles para los demás miembros de la familia.
Kimberly dice que no le desea a nadie la difícil situación que ella está viviendo con su familia y agradece la ayuda que puedan brindarle, sobre todo ahora que van a entrar las clases porque siente una impotencia y frustración tremenda al no tener con qué comprar los útiles de sus muchachos.
Pobreza en Costa Rica
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en la actualidad el 15,2% de los hogares costarricenses, es decir, 15 de cada 100, se encuentran por debajo de la línea de la pobreza y solamente el 3,8% (cuatro de cada 100) de las familias se encuentran por debajo de la línea de la pobreza extrema.
El porcentaje de pobreza total equivale a 286.365 hogares.
Además, según los datos del INEC, en el 2025 se contabilizan 71.336 hogares en pobreza extrema





