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Sin presupuesto, pero sin excusas: así ayuda esta maestra a sus estudiantes de escasos recursos

Frente al recorte del presupuesto a la educación que se plantea para 2027, la docente se manifiesta preocupada

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La niña Shirley guarda útiles para darle a sus alumnos para que utilicen en clase
La niña Shirley guarda útiles para darle a sus alumnos para que utilicen en clase (Cortesía/Cortesía)

Pese a los desafíos que muchas veces enfrenta la educación en Costa Rica, debido a factores como el presupuesto y las realidades sociales, muchos docentes trabajan sin importar las limitaciones, buscando el beneficio de sus estudiantes, sacrificios que no deberían hacer, pero lo hacen con amor ante la situación.

Un ejemplo de ello es la maestra Shirley Baltodano, quien le contó a La Teja que en su centro educativo, Filomena Blanco de Quirós, la población es de bajos recursos, tanto que la escuela ni siquiera cobra una cuota mensual.

Por esa misma razón, la junta educativa solo les da una resma de hojas blancas al mes, además de las impresoras que los propios docentes deben mantener funcionando.

“Al ver que aquí no se piden libros por la misma situación, porque no los van a comprar y aparte que la directora no permite porque la población es de bajos recursos, entonces nosotros, el año pasado y este decidimos hacer nuestros folletos”, explica.

La niña Shirley Baltodano apoya a sus estudiantes pese a limitaciones con el presupuesto en su escuela.
La niña Shirley Baltodano apoya a sus estudiantes pese a limitaciones con el presupuesto en su escuela. (Cortesía/Cortesía)

Esos folletos, hechos por los propios maestros, cuestan 10.000 colones, pero como no pueden pedirles ese dinero a los padres de familia, Shirley se las ingenia buscando padrinos entre quienes la rodean.

Si uno come, comemos todos. Si uno tiene, tenemos todos. Entonces, ahí es donde yo entro y les pido dinero a mis compañeros: a la directora, al conserje, al guarda, a mi pareja, a mi vecina, a mi amigo y así sucesivamente. El año pasado compré nueve folletos, todos los estudiantes tenían los suyos”, comentó.

La situación con los equipos tampoco es fácil, como la impresora de su aula está muy deteriorada, Shirley tuvo que comprar una con su propio dinero y llevarla a la escuela, donde ahora la comparte con otros compañeros que tampoco tienen una que funcione bien.

Con los útiles escolares hace algo parecido. Desde principios de año conversa con los papás y llega a un acuerdo con ellos sobre las cosas que se les solicitan a los estudiantes.

“A principio de año les digo a los papás: ‘Vengo de negociadora, negociamos. No me manden nada de esto, porque yo en esos cuatro años que tengo de labor en esta escuela tengo material de eso, pero regáleme una resma de hojas. Los que pueden, si me quieren mandar media, me mandan media’”, relata.

Hojas y materiales que ella le suministra a sus alumnos, mismos que ha ido guardando durante su estancia en la escuela.
Hojas y materiales que ella le suministra a sus alumnos, mismos que ha ido guardando durante su estancia en la escuela. (Cortesía/Cortesía)

Doña Shirley reconoce que tal vez se involucra de más con sus estudiantes, pero explica que eso tiene que ver con su propia historia, pues tuvo una infancia difícil en la que, según dice, “no era que carecíamos de nada, carecíamos de todo”, y por eso hoy busca ayudarlos a salir adelante.

Dentro de la misma escuela, además, se ha convertido en una especie de coleccionista de útiles olvidados. Borradores, tijeras y lápices que otros niños dejan tirados en el recreo terminan llegando a sus manos.

“Yo tengo gomas y tijeras, que tal vez las han dejado botadas en un recreo y llegan a la dirección y como saben que soy como mamá gallina, entonces me llaman: ‘Oye, niña Shirley, vea aquí te tengo esa bolsa llena de lápiz de colores’, y así tengo una caja de zapatos llena de lápices para que los chiquillos pinten”, cuenta.

En cajitas guarda la niña Shirley los útiles que le regalan para usar con sus estudiantes.
En cajitas guarda la niña Shirley los útiles que le regalan para usar con sus estudiantes. (Cortesía/Cortesía)

Como docente, a Shirley le preocupa el recorte que se busca aplicar al presupuesto de educación porque, según dice, a los maestros se les exige una educación de calidad que, sin recursos, es imposible de ofrecer.

“Si no hay presupuesto, no hay material y tenemos que trabajar con lo que hay, y más en zonas vulnerables, (…). Al principio de año nos dan un borrador y tres pilot nada más”, asegura.

Parte de algunas donaciones de útiles que  la niña Shirley recibe para sus estudiantes.
Parte de algunas donaciones de útiles que la niña Shirley recibe para sus estudiantes. (Cortesía/Cortesía)

Cosas como la tinta que ella misma compró para la impresora, alcohol y curitas también salen de su propio salario. Por eso le deja un mensaje a quienes impulsan el recorte.

Que se acerquen a la realidad del contexto y después de lo que ellos observen viene el presupuesto. Pero lo rebajan y nos exigen a nosotros cosas que no podemos dar, pero que se acerquen a la realidad”.

La propuesta de recorte, presentada por el Gobierno ante la Comisión de Asuntos Hacendarios de la Asamblea Legislativa, plantea ₡19.230 millones menos en el presupuesto de educación con respecto al monto actual.

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