Uno de los temas más fuertes de “Magnifica Humanitas”, la primera carta al pueblo católico del papa León XIV, es su mirada sobre el trabajo humano y las nuevas desigualdades creadas por la revolución digital.
Siguiendo la tradición iniciada por León XIII con “Rerum Novarum”, el papa León XIV sostiene que la inteligencia artificial y la automatización deben estar al servicio de las personas y no del lucro desmedido.
La encíclica alerta sobre el riesgo de que millones de trabajadores sean desplazados sin protección social ni oportunidades de reconversión laboral.
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El papa cuestiona un modelo económico que mide el valor humano exclusivamente por la productividad y denuncia que la tecnología puede convertirse en una nueva forma de exclusión.
“Mientras algunos persiguen el sueño de una autoafirmación ilimitada, muchos carecen de lo necesario”, afirma el texto.
A partir de esa idea, León XIV insiste en que el progreso no puede evaluarse solamente por el crecimiento económico o la innovación técnica, sino por “la dignidad de cada uno y el bien de los pueblos”.
El documento también destaca la responsabilidad compartida entre gobiernos, empresas, científicos y ciudadanos.
“Ninguna mano, por sí sola, basta para sostener el peso de los desafíos que atraviesa el mundo”, escribe el pontífice, al reclamar una “corresponsabilidad valiente” frente a las transformaciones tecnológicas.
La encíclica propone fortalecer la educación, promover la alfabetización digital y garantizar que las nuevas tecnologías no profundicen las brechas sociales existentes.
Además, llama a proteger especialmente a los sectores más vulnerables: pobres, migrantes, enfermos y jóvenes.
León XIV sostiene que el trabajo no puede reducirse a una variable económica, porque constituye una dimensión esencial de la dignidad humana y de la vida comunitaria.
Por eso pide políticas que acompañen los cambios tecnológicos sin abandonar a quienes quedan descartados por la tecnología.
Con este enfoque, “Magnifica Humanitas” se convierte también en una crítica al modelo económico actual y en una defensa de un humanismo que coloque nuevamente a la persona en el centro del desarrollo.

