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Valiente mamá cumple 12 años desde que venció a la muerte

Shirley Brenes tiene solo el 15% del páncreas, la operaron más 17 de veces, tiene lupus y le dio un infarto, pero su vida está llena de alegría

Shirley Brenes despertó este viernes con una felicidad inmensa porque para ella el 18 de junio tiene un significado milagroso.

Hace 12 años que una enfermedad la puso de frente con la muerte. Los médicos le dijeron que tenía solo un 1% de probabilidades de sobrevivir, pero ella se aferró a esa pequeña posibilidad y a Dios y aquí está.

Desde entonces cada 18 de junio celebra en su casa, con la familia a la que tanto ama, su aniversario de vida.

Y también es para festejar que este jueves cumplió 16 años de casada

“La alegría es doble, tengo muchas cosas que agradecer a Dios y aunque aún tengo dolores y complicaciones, trato de vivir cada día al máximo y disfrutar a mis tres hijos, que son mi motor de vida. Acostumbro hasta comprar un quequito porque para mí es como otro cumpleaños y me llena de ilusión”, nos dijo.

En el 2009 Shirley llevaba una vida tranquila, estaba casada, tenía su trabajo, su profesión y dos hijas hermosas: Valeria, de 2 años, y Monserrath, de uno.

Iba todo de lo más bien hasta que empezó a tener problemas con el azúcar, fue al médico a revisarse y ahí fue cuando le cambió la vida.

“Se me bajaba el azúcar, llegué a tenerla en quice, es muy peligroso que a uno se le baje tanto, entonces empezaron a hacerme exámenes para ver qué estaba causando eso y me diagnosticaron nesidioblastosis, una enfermedad que causa tumores en el páncreas”, explica.

A Shirley la internaron en el hospital Calderón Guardia y fue cuando le dijeron que tenía solo un 1% de probabilidades de sobrevivir y que si lograba salir de eso viviría solo entre cinco y ocho años.

“Luego de la operación (le quedó solo el 15% del páncreas) se me abrió la herida, se me hizo un huequito por el que salen líquidos. Como no había manera de que cerrara tuvieron que hacerme una nueva operación para lavar por dentro y volver a coser, pero resulta que se volvió a abrir”.

Esa dura cirugía fue justamente el 18 de junio.

Y nada que las complicaciones terminaban.

“Así me llegaron a hacer diecisiete operaciones porque seguía abriéndose el huequito; la última fue hace unos cinco años, pero este año, cerca de Semana Santa, me volvió a pasar, estuvo abierto unos días y se cerró solo”, contó.

Embarazo trajo angustia

Un año y tres meses después de la primera operación, cuando aún luchaba con la recuperación y la herida que se la abría continuamente, Shirley se dio cuenta de que estaba embarazada.

“Un embarazo siempre llena a una mamá de alegría, pero a mí me llenó de angustia. Sabía que mi condición de salud no era la mejor. Me dijeron que era muy probable que mi chiquito naciera antes de tiempo y eso me preocupaba montones. Yo lo único que quería era que él naciera bien, durante el embarazo me hicieron una cirugía pequeña en la que usaron una anestesia en gel porque no podían usar la normal para no dañar al bebé, fue algo demasiado doloroso.

El chiquito, al que le pusieron Sebastián, nació a las 37 semanas por cesárea. “Yo estaba muy débil, mi cuerpo desarrolló una reacción a los hijos, entonces a la semana la herida se me abrió y poco a poco fue cerrando sola”.

Pero las pruebas de la valiente mamá no quedaron ahí, años después le diagnosticaron lupus, una enfermedad crónica que afecta los órganos y causa inflamaciones en las articulaciones. Además, en el 2018 tuvo un infarto que le causó una trombosis, pero el amor que siente por sus hijos y su esposo la levantaron de esas nuevas dificultades.

Durante un tiempo Shirley estuvo en la lista de espera para un trasplante de páncreas, pero luego de unos exámenes los médicos le dijeron que lo mejor era que continuara su vida con el pedacito que le queda porque someterla a una cirugía de esa magnitud era muy peligroso.

“Mucha gente me dice que parece que no tengo nada y le doy gracias a Dios por eso, pero hay días en los que me cuesta mucho levantarme de la cama por los dolores. Me toca tomar morfina dos veces al día y eso me alivia, pero sé que soy una bomba de tiempo.

“Pese a eso siento que le debo mucho a Dios porque me ha permitido salir adelante de cada prueba y por eso yo ayudo siempre que puedo. Vivo en Cartago y la gente me busca cuando tiene necesidad porque sabe que corro para colaborar en lo que puedo, ya sea consiguiendo comida, ropa, zapatos o hasta vistiendo y maquillando un muerto”, explica.

Dice Shirley que ella no se cuestiona el porqué le ha tocado sufrir tanto, trata de sacar lo positivo de todo lo que ha pasado y se siente afortunada de estar con vida, disfrutando a la familia que tanto ama.

Rocío Sandí

Periodista de la Universidad Internacional de las Américas, con experiencia en Sucesos y Judiciales. Antes trabajó en La Nación y ADN Radio.