Aunque Daisy Madrigal Durán y Luz Marina Castro Salas no compartían el mismo apellido, entre ellas existía un vínculo que iba mucho más allá de un documento.
Eran hermanas y Marina siempre lo tuvo muy claro, cuando Daisy recibió el diagnóstico de cáncer de pulmón, se convirtió en una de las personas que más pendiente estaba de ella.
Así la recuerda Daisy, quien conversó con La Teja tras la difícil noticia de que su hermana es una de las cuatro víctimas del mortal del vuelco de autobús ocurrido la mañana de este miércoles 28 de octubre en Sarapiquí.
Para ella, Luz Marina era una persona amorosa, noble, bondadosa y cariñosa, pero también una mujer de carácter fuerte, con una gran capacidad para escuchar y aconsejar a quienes atravesaban momentos difíciles.
“Era muy fácil abordarla cuando usted tenía alguna circunstancia”, recordó Daisy.
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Esa cualidad hizo que sus sobrinos también encontraran en Marina a una persona de confianza. Cuando alguno de los hijos de Daisy atravesaba una situación personal complicada, recurría a ella en busca de orientación.
“Mis hijos muchas veces tenían alguna circunstancia personal y recurrían a ella para que ella los aconsejara”, contó.
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Marina tenía la capacidad de escuchar con el corazón y ofrecer palabras que ayudaran a sus sobrinos a seguir adelante. Era una forma de cuidar que no se limitaba a su hermana, sino que se extendía a las personas que quería.
La última vez que compartieron
El último encuentro entre Daisy y Luz Marina ocurrió el pasado 3 de junio, cuando celebraron el cumpleaños de Daisy. Aunque después no volvieron a verse en persona, mantenían el contacto frecuente por celular.
Esos momentos compartidos y las conversaciones que sostenían se convierten ahora en recuerdos que Daisy atesora de una hermana que siempre estuvo pendiente de ella.
La entrega de Marina también se reflejaba en su trabajo y en la participación comunal. Durante años tuvo un supermercado en Jiménez, Pococí con el que ayudó a sacar adelante a sus hijos.
Cuando ellos crecieron y lograron salir adelante, Marina decidió dedicar más tiempo a las labores comunitarias en las que había participado desde hacía muchos años.
Trabajó para la fundación del colegio de Jiménez, colaboró con la asociación y con distintos grupos comunales, y fue líder de los scouts. Además, recientemente estaba involucrada ayudando a un grupo de monjitas, recordó su hermana Daisy.

