Una mujer que parecía llegar para ayudar a una vecina enferma terminó convirtiéndose en la responsable de uno de los casos que más impactaron a Costa Rica hace 14 años.
Lilliam María Arias Prendas, de 55 años, estaba internada en el Hospital San Juan de Dios, en San José, cuando su propia vecina llegó hasta donde se encontraba y le inyectó cloruro de potasio en la sangre.
La sustancia provocó una alteración severa en su organismo y terminó causándole la muerte.
Lilliam padecía diabetes, insuficiencia renal y otras enfermedades. Llevaba dos días internada, pero, pese a sus padecimientos, les había dicho a sus hijas y a su esposo que quería vivir.
En Expediente LT retomamos este hecho que ocurrió la mañana del 7 de agosto de 2012.
La sentenciada por este caso fue una mujer identificada como Ángela Barrantes Moreno, quien actualmente tiene 77 años.
Ángela y Lilliam eran vecinas de patio con patio. Nunca fueron amigas; únicamente, se conocían por vivir la una junto a la otra.
Pero aquella mañana Ángela llegó al hospital vestida como enfermera.
Había trabajado anteriormente como auxiliar de enfermería, por lo que tenía ropa que le permitía aparentar que pertenecía al personal médico.
Lilliam estaba internada en el salón Lara, en la cama 117. Ángela llegó cerca de las 8 a. m. diciendo que era familiar de su vecina.
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La última vez que escuchó a su mamá
María Julia Vargas, hija mayor de Lilliam, le contó a La Teja que aún recuerda cuando recibió una llamada del celular de Ángela y en ese momento escuchó también la voz de su mamá sin saber que sería la última vez.
“Le dije: ‘Hola, mami, ¿sabes quién soy?’. Me respondió: ‘Sí, mi amor, mi negra’”.
La hija entonces le preguntó cómo estaba. La respuesta de Lilliam fue extraña y entrecortada. “Ay, vea, véala, véala”.
Esas fueron las últimas palabras que María Julia escuchó de su mamá. En ese momento, Ángela tomó el teléfono.
“Doña Ángela, ¿qué le está pasando?, ¿qué pasa?”. La mujer respondió que no ocurría nada y que luego la llamaría.
“El sonido de la voz de doña Ángela era como raro, como temeroso, pero se oía como si estuviera encerrada”, recordó.
Minutos después, ocurrió un sismo. Y ese hecho terminaría siendo utilizado por Ángela como justificación de lo sucedido.
‘Lilliam acaba de fallecer’
Ángela volvió a llamar. Esta vez lo hizo llorando.
“Juli, es que Lilliam acaba de fallecer”. María Julia no podía creer lo que estaba escuchando. Hacía apenas unos minutos había hablado con su mamá.
“¿Cómo? Ay, no sea mentirosa, si yo acabo de hablar con ella, usted me la pasó al teléfono”.
Según relató la hija, Ángela entonces le dijo que Lilliam se había asustado por el temblor.
Para la familia, en ese momento, todo parecía indicar que Lilliam había muerto debido a sus problemas de salud, pero todavía no sabían que la realidad era otra.
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‘Lilliam no fue que murió, a Lilliam la mataron’
Las hijas y el esposo estaban devastados ante la repentina muerte, pero lo peor estaba por saberse y destruirlos para siempre.
Ellos llegaron lo más rápido al hospital, jamás imaginaron de lo que se iban a enterar en medio de policías y hasta de prensa.
María Julia recibió una llamada, esta vez de una tía.
“Me preguntó que dónde estaba. Le dije que en el hospital, esperando que nos dieran el cuerpo de mami, y me dijo: ‘¿Usted no sabe nada?’”. María Julia preguntó qué era lo que no sabía. La respuesta la derrumbó. ‘Mami, Lilliam no fue que murió, a Lilliam la mataron’.
Su tía se había enterado antes por las noticias en televisión. María Julia se descompuso al conocer la verdad.
Una testigo vio los últimos momentos
De inmediato, la investigación se inició y el testimonio de Celia Prado, compañera de salón en el hospital, se convirtió en prueba fundamental. Ella observó cada movimiento de Ángela.
Celia contó que Lilliam le decía a Ángela que se fuera.
“Doña Lilliam le decía ‘váyase, váyase’; ‘no, aquí estoy tranquila’, le decía Ángela”.
La mujer le sobaba las manos a Lilliam. En determinado momento, Lilliam comenzó a preguntar por su esposo. “Martín, ¿dónde está Martín?”. Así trasciende en el expediente judicial de este caso.
Celia, incluso, relató que le preguntó a Ángela qué relación tenía con Lilliam y ella le respondió que era su tía.
Después, Celia observó algo que resultaría determinante para la investigación. Vio a Ángela cuando sacó una jeringa de su enagua. En ese momento, Lilliam emitió un quejido.
“La señora Lilliam pegó un quejido muy fuerte, muy doloroso y quedó”.
La testigo relató que aquella expresión de dolor la dejó profundamente consternada.
Después, Celia vio a doña Ángela caminar hacia el baño.
Para María Julia, el testimonio de aquella mujer fue fundamental para conocer lo que realmente había ocurrido con su mamá.
La jeringa apareció en el baño
En el baño del mismo salón donde estaba internada Lilliam encontraron la jeringa que había sido utilizada.
Ángela, además, fue detenida en el salón de Urología. Llevaba un carné vencido de auxiliar de enfermería.
El fiscal Paul Fuentes, quien llevó el caso, habló sobre este hecho en el podcast Radiografía del Crimen del Ministerio Público.
Señaló que durante el levantamiento del cuerpo no retiraron la vía que estaba conectada a la circulación de Lilliam.
Los forenses analizaron posteriormente aquella vía y el suero. Encontraron rastros de la sustancia que había sido introducida en el cuerpo de la mujer. Luego hicieron la comparación con la jeringa decomisada. El líquido coincidió.
“Esta sustancia desaparece en el cuerpo. Cuando se hacen los estudios de la persona fallecida, en ese momento ya la sustancia no se encontraba. Sin embargo, fue ubicada en el suero y en las vías intravenosas y con la inyección decomisada”, explicó Fuentes.
¿Qué le hizo el cloruro de potasio?
El microbiólogo Diego Arias, de la sección de Toxicología del OIJ, explicó en el mismo podcast que el cloruro de potasio es una sal común que se encuentra en distintos productos destinados a la ingesta humana.
El problema ocurre cuando ingresa directamente en la sangre en una cantidad elevada.
“Nosotros manejamos una cantidad de potasio en la sangre y este permite que los órganos funcionen idealmente, pero cuando es mucho se dan varios fenómenos, desde una taquicardia leve hasta que el corazón se contraiga hasta la muerte”, explicó Arias.
La investigación descartó la eutanasia
El fiscal Paul Fuentes explicó que la posibilidad de que Lilliam hubiera solicitado la eutanasia fue descartada por completo.
La razón principal estaba en el testimonio de Celia.
“Fue descartado totalmente por parte del Ministerio Público, esto porque teníamos la declaración de la testigo presencial y fue clara al indicar que cuando se le acercó la falsa enfermera, la víctima le indicó que se fuera”, señaló Fuentes.
Lilliam llevaba dos días internada. Estaba débil debido a sus enfermedades, pero, según lo establecido durante la investigación, no estaba en una situación en la que se esperara que muriera en ese momento.
Y sobre todo, había evidencia de que había rechazado la presencia de Ángela.
La defensa alegó un problema mental
Durante el juicio, la defensa de Ángela planteó que la mujer padecía un problema mental.
La investigación determinó que había sido pensionada debido a un trastorno depresivo recurrente. Sin embargo, una psiquiatra explicó que ese diagnóstico no significaba que Ángela careciera de capacidad para comprender o dirigir sus actos.
La valoración estableció que mantenía sus capacidades volitivas (habilidades psicológicas que permiten a una persona dirigir su propia voluntad y tomar decisiones) y cognitivas (relacionadas con procesos como comprender información, aprender, recordar, razonar y resolver problemas).
“Nuestros ángeles”
Para María Julia hay dos personas que ocupan un lugar especial en la historia de su mamá: Januario, un enfermero, y Celia, la testigo que vio lo ocurrido.
La hija considera que gracias a ellos el caso no quedó en el olvido.
“Para nosotros un enfermero de nombre Januario y la testigo son nuestros ángeles y por ellos fue que se hizo justicia, que esto no se quedara impune y que no fuera como una cosa de novela, que llegan y asesinan y el asesino llega a la vela”.
María Julia también recuerda especialmente el valor de la mujer que estaba internada cerca de su mamá.
“La señora, la testigo, que con valentía y miedo tuvo las fuerzas de levantarse y avisar lo que estaba pasando”.
Para María Julia aún hay algo que les sigue doliendo.
“A mí me duele en el alma y a mi hermana también recordar que, cuando veíamos las noticias, mi mamá decía: ‘Dios mío, te pido que nadie de mi familia lo tengan que meter en esas bolsas que parece como si fuera uno un perro, con el nombre por fuera’”.
Cuando María Julia vio a su mamá ya estaba dentro de una de esas bolsas.
Lilliam fue sepultada en el cementerio de Goicoechea, en San José.
Dos juicios y una condena
Ángela fue llevada a juicio y finalmente fue condenada por homicidio calificado. Actualmente, por su edad, tiene el beneficio de casa por cárcel.
El proceso tuvo dos juicios. Durante el primer debate, solo las hijas acompañaron a la sentenciada.
El fiscal Paul Fuentes también recuerda el caso como uno que difícilmente olvidará y lo calificó como una situación atípica frente a otros casos que le habían correspondido investigar.
Agosto quedó marcado para siempre
En la familia de Lilliam, agosto dejó de ser un mes cualquiera.
El 7 de agosto es el día en que asesinaron a su mamá. El 15 de agosto es el Día de la Madre. Y el 21 de agosto era el cumpleaños de Lilliam.
Tres fechas que ahora están atravesadas por el recuerdo de una mujer que quería seguir viviendo.
María Julia dice que no guarda deseos de hacerle daño a Ángela. No habla desde el rencor. Habla desde una pregunta que todavía no ha logrado responder.
“Lo único que yo quisiera saber, ¿qué fue lo que a ella le pasó? ¿Por qué fue que le hizo eso a mi mamá?”
Esas preguntas siguen siendo una incógnita para ella.






