La sala 4 de los Tribunales de Heredia fue escenario este lunes de un crudo testimonio en el juicio por el femicidio de Nadia Peraza.
Rosimar Contreras Navarro, venezolana, administradora de un restaurante, era excompañera de trabajo de Nadia y amiga.
Durante su declaración, Contreras relató los episodios de violencia física, psicológica y amenazas que —según dijo— Nadia vivió mientras mantenía una relación conflictiva con el imputado, Jeremy Buzano Paisano, quien permaneció en la sala escuchando el testimonio.
Rosimar relató que conoció a Nadia en 2023, cuando ambas trabajaban en el restaurante Ajúa, en ese entonces en Heredia.
Contreras laboró allí entre febrero y octubre de ese año; Nadia ya trabajaba en el sitio como salonera y bartender.
La amistad surgió rápidamente y siguió después de que Nadia dejara el empleo.
Contreras declaró que con frecuencia observaba moretones en los brazos de su amiga, la única parte visible por el uniforme que utilizaban en el restaurante.
También notó cicatrices en el brazo izquierdo, que parecían recientes. Tal vez de un mes o dos.
En una ocasión, al preguntarle por las cortaduras —cuando aún no eran tan cercanas—, Nadia evitó profundizar. Sin embargo, en otro momento le confesó que quería morirse, aunque aseguró que no lo haría por su hija.
“Siempre tenía moretes; si uno se le quitaba, luego llegaba con otros”, relató.
Según su testimonio, Nadia no era una persona que tolerara humillaciones, pero tampoco solía exponer abiertamente lo que estaba viviendo, por lo que cree que esa era la razón por la que no contaba lo que vivía.
Rosimar aseguró que Jeremy Buzano la insultaba con palabras como “zorra”, “puta” e “hijueputa”.
También afirmó que la esperaba con frecuencia en las cercanías de la Universidad Nacional (UNA), en Heredia, donde Nadia debía transitar al salir del trabajo.
La testigo indicó que Nadia, quien vivía en Heredia con su hermano Jarod, debía esconderse en el vehículo de una compañera llamada Natalia para evitar a Jeremy a la salida del trabajo.
“La esperaba por la UNA, en la esquina frente a la universidad”, dijo.
En una ocasión, Rosimar aseguró haberlo comprobado personalmente. Caminaban junto con Nadia y otro compañero cuando observaron a Jeremy, quien —según afirmó— estaba drogado y fumando, mirándolas fijamente.
Contreras relató que ambas eran amigas cercanas y solían salir juntas a distraerse.
En una ocasión, Nadia se encontraba estresada y decidió aceptar la invitación de Rosimar para salir un rato. Antes, le avisó al imputado para que cuidara a la hija de ambos.
Según el testimonio, él le respondió que debía pagarle ₡5.000 por quedarse con la niña y la acusó de que “seguro iba a putear” y de que iba a involucrarse con su amiga, utilizando expresiones vulgares para insinuar una relación entre ambas. Nadia accedió a entregarle el dinero.
Horas después, según la testigo, el imputado sacó a la menor (año y medio) a la calle durante la madrugada, le tomó fotografías y comenzó a enviárselas a Nadia, amenazando con dejarla afuera si no regresaba de inmediato.
“Nos fuimos superrápido por la niña”, recordó la testigo.
Al llegar, dijo, él hizo un escándalo en vía pública, insultándola con palabras como “zorra” y “puta” durante aproximadamente 40 minutos.
Nadia le pedía que le entregara a la niña, pero tuvieron que esperar a que dejara de gritar y hacer el espectáculo para poder llevársela. Finalmente, cerca de la 1:00 a.m., se la entregó por insistencia. La niña estaba agotada.
“Se notaba que no la había dejado dormir, la tenía en la calle solo para tomarle fotos”, afirmó Contreras.
Esa noche, Nadia se fue caminando y su amiga la acompañó un tramo. Un amigo que andaba con ellas terminó de ir junto con ella hasta su destino, mientras Rosimar se fue en un Uber.

