El caso del Gordo Julio y la búsqueda de Turco revelan un patrón: los supuestos narcos se esconden en condominios de clase media-alta mientras dirigen sus operaciones.
El Gordo Julio, un sujeto de apellidos Gómez Pérez y de 30 años, fue detenido junto con un hermano y su mamá en una casa con piscina en Orotina, Alajuela; además se les vincula a otra vivienda ubicada en un condominio en Cartago.
Mientras que Turco, otro supuesto narco en fuga, de apellidos Cano Flores, las autoridades creen se oculta en residenciales similares.
Tales hechos evidencian una peligrosa tendencia: líderes criminales están optando por esconderse en estos sitios.
LEA MÁS: Turco: el hombre que, como el Gordo Julio, infunde miedo sin vivir donde opera
Michael Soto, director interino del OIJ, explicó que es frecuente que estos delincuentes no residan en los lugares donde operan, como una estrategia para evitar ser ubicados o atacados por grupos rivales.
“Sienten temor de que su mismo grupo o rivales los eliminen, por lo que buscan condominios en zonas alejadas, de perfil medio-alto, donde pasan desapercibidos”, agregó Soto.
Llamado a la población
El OIJ hizo un llamado a la ciudadanía para que, en caso de detectar comportamientos sospechosos en sus comunidades, lo reporten de forma confidencial.
Si usted nota personas que no coinciden con el perfil habitual del lugar —como la ausencia de rutinas laborales claras, el uso de carros de alta gama o conductas inusuales— puede comunicarse a la línea confidencial 800-8000-645 del OIJ.
El mismo llamado lo hacen para personas que alquilan casas y que luego estas las convierten en búnkers, justo lo que pasó miércoles, cuando trascendió el caso de una enfermera que le alquilaba una casa al Gordo Julio en el Proyecto Manuel de Jesús Jiménez y esta la convirtieron en lugar de venta de drogas; de momento no la vinculan con la organización, pero este caso sigue bajo investigación.


