Sucesos

Tres romerías y una promesa de amor: el gesto de un hombre tras perder a su esposa en un accidente

Una historia de fe, duelo y amor eterno

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Tres romerías se convirtieron en parte del pago de una promesa de amor que Alberto Elizondo Méndez le cumplió a su esposa, Nícida Arguedas Gutiérrez, en honor a la Virgen de los Ángeles.

El matrimonio tenía 23 años de casados; era devoto de la Patrona de Costa Rica y había formado una familia junto con sus dos hijas.

La última vez que estuvieron juntos fue en un paseo a Quepos, una salida que comenzó entre risas, mar y esperanza, pero que terminó en una tragedia que marcó para siempre la vida de Alberto y sus hijas.

Doce años después del fatal accidente, en Expediente LT recordamos esta historia de fe, dolor y amor eterno.

Alberto Elizondo Méndez junto a su esposa Nícida Arguedas Gutiérrez, esta fue la última foto que se tomaron juntos en el paseo que hicieron en Quepos. Foto: Alberto Elizondo para La Teja
Alberto Elizondo Méndez junto a su esposa Nícida Arguedas Gutiérrez, esta fue la última foto que se tomaron juntos en el paseo que hicieron en Quepos. Foto: Alberto Elizondo para La Teja (Alberto Elizondo para La Teja/Alberto Elizondo para La Teja)

El 25 de julio de 2014, varios empleados del área de farmacia del hospital Juana Pirola de San Vito de Coto Brus aprovecharon el feriado por la Anexión del Partido de Nicoya para ir a la playa. Algunos llevaban a sus familias; Alberto viajó acompañado de Nícida y sus dos hijas.

Para esa misma fecha, salen romeros desde San Vito hacia la basílica de Cartago todos los años. Comienzan a caminar el 24 de julio y tardan nueve días en llegar, el 1.° de agosto, después de recorrer montañas, soportar calor, frío y largas jornadas de esfuerzo.

Aquella mañana, mientras el microbús avanzaba por la comunidad de Paso Real, Nícida vio a los romeros y comenzó a saludarlos desde la ventana.

—“Adiós, adiós”, les decía sonriente.

Nícida Arguedas Gutiérrez. Foto: Alberto Elizondo para La Teja
Nícida Arguedas Gutiérrez hizo la romería en el 2013 y esta fue una de las imágenes de esa ocasión. Foto:Alberto Elizondo para La Teja (Alberto Elizondo para La Teja/Alberto Elizondo para La Teja)

Ella sabía lo duro que era ese camino. Un año antes, en 2013, había sido romera junto con varias compañeras de trabajo.

“Nosotros íbamos en el último asiento de la buseta. Ella iba sentada en la ventana saludando a todos los romeros. Cuando terminamos de pasar el puente de Paso Real, me dijo que le prometiera que el siguiente año íbamos a hacer la romería juntos y yo le dije que sí”, recordó Alberto.

Esa fue la última promesa que hicieron juntos.

La familia llegó a Quepos y disfrutó el paseo como nunca; compartió un día lleno de alegría.

“Me recuerdo muy claro el paseo. Estuvimos en el catamarán pasándola bien, hicimos snorkel, siempre me llevé muy bien con ella. Mi esposa era una persona muy linda en todo el sentido de la palabra”, contó Alberto.

Al regresar, el grupo se detuvo en una marisquería en Ciudad Cortés, Osa. Después, continuó el viaje hacia San Vito.

Alberto sintió sueño y se acostó sobre las piernas de Nícida.

“Luego no supe nada más hasta que desperté en el hospital Calderón Guardia”, dijo.

A la familia le faltaban apenas cinco kilómetros para llegar al centro de San Vito cuando ocurrió la tragedia.

En el sector de Limoncito de San Vito de Coto Brus, una zona donde suele formarse mucha neblina, el microbús cayó a un guindo de aproximadamente 100 metros.

El accidente dejó gravemente herido a Alberto y le costó la vida a Nícida. También fallecieron Mario Espinoza Lezcano, de 55 años, chofer del hospital local, y Pamela Vargas Rojas, de 16 años, estudiante del Liceo Bilingüe Ítalo-Costarricense.

En el microbús viajaban 14 personas; lamentablemente, tres murieron.

En esta buseta viajaba Nícida Arguedas Gutiérrez en los asientos traseros junto a su esposo, hijas y otros compañeros de trabajo. Foto: Archivo GN

Alberto permaneció 17 días en coma. Tenía todas las costillas quebradas y había perdido parte de un pulmón debido a los fuertes golpes.

Cuando finalmente despertó, comenzó a preguntar por su esposa.

“Yo preguntaba por ella y no me querían decir porque el doctor no había dado autorización. A los dos días de despertar me dijeron lo que había pasado. Fue algo terrible, no me lo esperaba, no sabía lo que había pasado y lo más duro también fue saber que ya estaba enterrada. Yo había pasado 17 días en coma”, recordó.

No hubo despedida. No pudo verla por última vez ni acompañarla en el funeral. Solo le quedó el recuerdo de aquella conversación en Paso Real y la promesa de hacer juntos la romería.

Las dos hijas de la pareja, que en ese momento tenían 21 y 16 años, también resultaron heridas. Una sufrió una fisura en una rodilla y la otra una fractura en la nariz.

Pero las heridas físicas fueron las menos dolorosas. Tuvieron que despedir a su madre mientras esperaban noticias de su padre, que luchaba por sobrevivir.

“Ellas pasaron esa situación solas, sin ninguno de los dos papás. A lo que me cuenta la gente, sabían que en cualquier momento podían decir que yo me había muerto. Incluso cuando hacían el traslado desde San Vito hasta San José me habían dado por muerto varias veces; no creían que yo durara el trayecto”, relató.

Apenas un año después del accidente, Alberto decidió cumplir la promesa.

En 2015 hizo su primera romería desde San Vito hasta Cartago, caminando durante nueve días.

“Fue bastante difícil porque todavía estaba muy afectado físicamente, pero la hice y, de las tres veces que la hice, fue el año que mejor me fue”, dijo.

El camino de los romeros de San Vito es uno de los más exigentes del país. Hay jornadas de hasta 40 kilómetros, calor intenso hasta Pérez Zeledón y frío extremo al cruzar el cerro de la Muerte. Las ampollas, el dolor muscular y el cansancio hacen que muchos piensen en abandonar.

Romeros de Coto Brus y Pérez Zeledón
Los romeros de San Vito de Coto Brus siempre se organizan para caminar desde su pueblo hasta Cartago. Foto: Rafael Pacheco Granados (Rafael Pacheco Granados/Rafael Pacheco Granados)
Romeros de Coto Brus y Pérez Zeledón
Los romeros de la zona sur atraviesan calor, frío y muchos kilómetros al lado de la carretera. Foto: Rafael Pacheco Granados (Rafael Pacheco Granados/Rafael Pacheco Granados)

“Uno siente que ni caminar puede, pero hay una canción de la romería de San Vito, que es como un himno. Cuando uno la escucha o reza el rosario, agarra fuerzas; es como echarle gasolina”, expresó.

En una de esas romerías, incluso una serpiente terciopelo pasó cerca del lugar donde dormían los peregrinos, aunque, por fortuna, nadie fue mordido.

Alberto realizó tres romerías en honor a la Virgen de los Ángeles y como parte de la promesa que le hizo a Nícida.

Siempre sintió que ella caminaba a su lado.

“Durante esos tres años, estaba muy reciente la muerte de ella y siempre la llevé presente; es como si hubiese ido a la par mía”, dijo con la voz quebrada.

Aunque ya no ha vuelto a hacer el recorrido completo, nunca ha dejado de visitar la basílica de Cartago. Cada vez que puede, entra a saludar a la Negrita, como llaman cariñosamente los devotos a la Virgen.

“Uno nunca deja de ser romero. Siempre está pendiente de los que van caminando y de que nada malo les pase en el camino”, afirmó.

Cientos de fieles se reunieron alrededor de la basílica de los Ángeles, en Cartago, la tarde de este sábado
Muchos creyentes de la Virgen de los Ángeles siempre caminan a la Basílica de los Ángeles. Foto: Rafael Pacheco (Rafael Pacheco Granados/La Nación)
Desde este 1 de agosto del 2025 y hasta la misma fecha del 2026, o sea, todo un año, la virgencita de los Ángeles, nuestra Negrita, vestirá de afro limonense e incluso lucirá turbante.
La virgencita de los Ángeles, la Negrita, es visitada por muchas personas cada agosto. (Cortesía Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles/Cortesía Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles)

Nícida era auxiliar de enfermería y Alberto trabajaba en el área de farmacia. Se conocieron gracias a los servicios médicos del hospital y desde entonces compartieron la vida durante más de dos décadas.

“Me acuerdo de ella a cada momento. Tenía una risa contagiosa, su forma de ser era muy linda. En nuestra comunidad muchos la recuerdan, igual que yo, tal vez un poquito más porque era el esposo”, dijo.

Luego hizo una pausa y resumió el legado que ella le dejó.

“Ella me cambió la vida, me enseñó a ser mejor persona en todo aspecto y me dejó a dos hijas. Por ellas también me he sostenido para seguir adelante”.

La promesa que nació en una carretera, mientras una mujer saludaba a los romeros desde una ventana, nunca pudo cumplirse de la forma en que ambos la imaginaron. Sin embargo, Alberto encontró otra manera de honrarla: caminar por ella, rezar por ella y sentir, en cada paso hacia Cartago, que aquella romería que soñaron juntos seguía viva.

Alejandra Morales

Alejandra Morales

Bachillerato en Periodismo en la Universidad Internacional de las Américas y licenciada en Comunicación de Mercadeo en la UAM. Con experiencia en temas de sucesos y judiciales.

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