Por: Rocío Sandí.  Hace 5 días
Gerardo Ríos Mairena llegó con las manos y los pies esposados y con cadena en la cintura. Foto: Albert Marín,
Gerardo Ríos Mairena llegó con las manos y los pies esposados y con cadena en la cintura. Foto: Albert Marín,

Gerardo Ríos Mairena, el hombre condenado a 216 años de cárcel por matar a cinco estudiantes universitarios, perdió la sonrisa que lo caracterizaba.

Ríos es conocido como el Monstruo de Liberia porque ahí fue donde cometió el crimen múltiple.

Los jóvenes a los que les quitó la vida son Joseph Briones, de 22 años; Stephanie Hernández, de 23; Dayanna Martínez, Ariel Vargas e Ingrid Massiel Méndez, los tres de 24 años.

El juicio contra Ríos se llevó a cabo en enero de este año, en los Tribunales de Liberia, y durante todos los días del debate el acusado mantuvo una risita burlesca que causaba el enojo de propios y extraños.

Esta ves el condenado estuvo atento a las palabras de su abogado y de la fiscal del caso. Foto: Albert Marín.
Esta ves el condenado estuvo atento a las palabras de su abogado y de la fiscal del caso. Foto: Albert Marín.

Este viernes se realizó la audiencia de apelación por la sentencia, en la que el abogado del sentenciado, José Francisco Herrera, pidió que su representado sea absuelto de toda culpa y puesto en libertad lo antes posible, ya que asegura que Ríos no tuvo ninguna participación en la masacre.

Esta vez, durante la audiencia, el Monstruo de Liberia estuvo serio y muy atento a las palabras de su abogado y de la fiscal Aymé Caravaca, quien defendió la investigación y pidió que se desestime la apelación de la defensa.

La representante del Ministerio Público asistió a la sesión en Liberia, mientras que Ríos y su defensor participaron en la audiencia por medio de una videoconferencia desde la cárcel La Reforma, en San Rafael de Alajuela, dónde está preso el condenado.

Varios reclamos

Entre los puntos explicados por Herrera para pedir la liberación, está la supuesta contaminación de la escena por parte de dos vecinos que entraron al apartamento de las víctimas y caminaron por todo el lugar, antes de que dar aviso a la Policía del homicidio múltiple.

Durante el juicio que se llevó a cabo en enero pasado, Ríos mantuvo una sonrisa burlesca. Foto: Diana Méndez.
Durante el juicio que se llevó a cabo en enero pasado, Ríos mantuvo una sonrisa burlesca. Foto: Diana Méndez.

Ademas, asegura que la única sobreviviente a la masacre, una jovencita de 14 años, quien es prima de Stephanie y estaba de visita en la vivienda de los muchachos, declaró dos días después del suceso y, según él, en condiciones indebidas ya que había sido operada y tenía una traqueotomía que le impedía hablar.

Herrera dijo, además, que la menor dio la descripción del asesino con la ayuda de la mamá, situación que no debió darse ya que la señora no tuvo participación en ataque.

El defensor criticó también que cuando Ríos fue detenido, el viernes 3 de febrero del 2017, la sobreviviente y testigo principal del caso, fue a hacer el reconocimiento con un celular en la mano, por lo que era posible que tuviera conocimiento de la información publicada por los medios de comunicación y las fotos del sospechoso que circulaban en la web; según la teoría del defensor, eso habría influido para que ella lo señalara como el atacante.

Otras de la pruebas que criticó el abogado fue un huella de la palma de la mano del sentenciado que fue hallada en cuarto en el que estaban los cuerpos de los estudiantes. Herrera dice que era normal que estuviera allí porque meses atrás su representado había pintado el apartamento de las víctimas.

Por último habló del tratamiento que se le dio al cuchillo con el que supuestamente el asesino mató a los estudiantes y a la ropa en la que las autoridades judiciales detectaron sangre, ya que dice que fueron analizadas en la casa del sospechoso y en el Complejo de Ciencias Forenses.

Fiscal se sacude

Por su parte, la fiscal Aymé Caravaca defendió a capa y espada la investigación, ella argumenta que no puede decirse que la escena fue contaminada porque la única prueba que sacaron de ahí fue la de la huella palmar de Ríos.

Caravaca asegura que más que las pruebas, el testimonio de la jovencita sobreviviente fue una de las piezas claves de la investigación.

“Sería un absurdo que porque la víctima fue auxiliada…. sacada de la escena del crimen…. no podamos utilizar su versión, no podamos utilizar su retrato hablado, no podamos utilizar el retrato del tatuaje, no podamos utilizar el reconocimiento con rueda de personas que ella realiza”, expresó la funcionaria.

Además, defiende que antes de que se hiciera el retrato hablado con la ayuda de la menor, ella fue examinada por una psicóloga que aseguró que estaba en condiciones de atender a los agentes.

La fiscal dijo, además, que la mamá de la menor no tuvo ninguna participación en la elaboración del retrato hablado, sino que estaba acompañando a su hija por la difícil situación que estaba pasando.

El sentenciado llegó con tenis nuevas a la audiencia de apelación. Foto: Albert Marín.
El sentenciado llegó con tenis nuevas a la audiencia de apelación. Foto: Albert Marín.

Sobre la huella, la trabajadora judicial asegura que esta no era vieja, sino que fue estampada con sangre el día de los asesinatos.

Por último, Carava recordó que otra de las pruebas centrales de la investigación fue el rastreo de las llamadas que se hicieron desde el teléfono de Ríos y de los lugares por los que se movía con el celular encendido.

El sentenciado fue localizado en el lugar del crimen no solo por las radiobases, sino también con la descarga de datos que hizo desde el teléfono móvil cuando usaba Internet.

Al final de la audiencia, los jueces le dieron a Ríos la oportunidad de hablar, pero él, con cara de pocos amigos, dijo que no quería decir nada.

Ahora el Tribunal liberiano analizará la apelación de la defensa y en aproximadamente mes y medio determinará si la acoge o no.

El condenado está preso en la sección de máxima seguridad de la cárcel La Reforma, en San Rafael de Alajuela. Foto: Albert Marín.
El condenado está preso en la sección de máxima seguridad de la cárcel La Reforma, en San Rafael de Alajuela. Foto: Albert Marín.