Rocío Sandí.9 octubre, 2018
Mary abraza la vasija donde guarda las cenizas del esposo cuando siente que ya las fuerzas no le dan. Foto: John Durán.
Mary abraza la vasija donde guarda las cenizas del esposo cuando siente que ya las fuerzas no le dan. Foto: John Durán.

Un día antes de morir, Ricardo Fernández hizo varios comentarios que ahora resuenan en la memoria de su esposa, María de los Ángeles Portilla, mientras ella lucha por acostumbrarse a vivir sin el amor de su vida.

El sábado 29 de setiembre él se puso bastante sentimental y recordó los momentos más importantes de sus cuatro hijas, las travesuras, las graduaciones, cuando llevaron a la casa el primer novio y eso le llamó mucho la atención a la mujer.

“La semana pasada yo pasé unos días internada en el hospital y el día que Ricardo empezó a hablarme del pasado y los momentos tan bonitos que hemos vivido en familia yo le pregunté: ‘Pá ¿qué es lo que pasa? ¿el doctor dijo que tengo algo grave?’ Y él me dijo que no, que no se trataba de eso, solo quería recordar las alegrías que vivimos juntos.

“Ese mismo sábado fuimos a hacer unas compras para los tres nieticos bebés que viven en nuestra casa y él me dijo que necesitaba que le ayudara siempre con la responsabilidad de los chiquitos, yo me quedé extrañada, pero ahora cuando lo analizo sé que él presentía algo, por que horas después de eso falleció”.

El transportista amaba chinear a los gemelitos Benjamín y Samuel que tienen apenas dos meses. Foto: John Durán.
El transportista amaba chinear a los gemelitos Benjamín y Samuel que tienen apenas dos meses. Foto: John Durán.

El domingo 30 de setiembre, a las 2 de la mañana, el dueño de la empresa Transportes Campos, donde trabajaba Ricardo, lo llamó para pedirle que le hiciera un favor, ya que un camión se había quedado varado en San Ramón y ocupaba que él fuera a ayudar.

El transportista no lo pensó dos veces porque él era bien empunchado y le dijo al jefe que con gusto iría.

“Él me dio un beso y y le dije que por favor tuviera mucha precaución al manejar. Como a las 5:30 de la mañana hablé con él por teléfono, me dijo que ya casi terminaban de pasar las frutas y verduras del camión malo al otro, y ya casi se venía para la casa, hasta me dijo que iba a pasar a comprar pancito”, recordó entre lágrimas María de los Ángeles.

Horas después un compañero del chofer llegó a la casa de la pareja, en Cipreses de Curridabat, y le contó que Ricardo había muerto y dos compañeros resultaron heridos cuando un chofer borracho los atropelló; desde ahí la vida de la mujer y sus hijas cambió para siempre.

María de los Ángeles hace un llamada a la precaución en las calles

Días llenos de dolor

Mary, como le dicen de cariño los seres queridos, asegura que aunque sabe que su compañero de vida está en paz en un lugar mejor, no se acostumbra a estar sin él.

“En las noches el dolor por la pérdida no me deja dormir y en el día todo lo que hago me lo recuerda a él. Nosotros cremamos el cuerpo de mi esposo y tenemos las cenizas en una vasija en el altar en el que le estamos rezando los nueve días.

“En las mañanas me levanto, agarro la vasija, la abrazo y la beso y eso me hace sentir cerca de él, pero no me quita el dolor tan grande de saber que un irresponsable le arrebató la vida a mi amor.

“Yo sé que hay otras familias que están sufriendo así como yo por borrachos que cometen imprudencias y las quiero contactar porque siento que debemos hacer algo para que se haga consciencia de una vez por todas”, aseguró.

Ricardo Fernández tenía 44 años, y vivía enamorado de su familia, sobre todo de sus tres nieticos bebés. Foto: Cortesía de María de los Ángeles Portilla.
Ricardo Fernández tenía 44 años, y vivía enamorado de su familia, sobre todo de sus tres nieticos bebés. Foto: Cortesía de María de los Ángeles Portilla.

Heleyne Escalante, hija menor de la pareja, dice que siente mucha impotencia al saber que el hombre que le arrebató el papá anda libre en la calle.

“Yo amaba a mi papá sobre todas las cosas y siento como que me hubieran arrancado un pedazo del corazón. Él daba la vida por nosotras y por los tres nieticos bebés que él veía como hijos.

“Siento mucha impotencia por lo mal que están las leyes de este país; un hombre borracho atropelló y mató a mi papá, la policía lo detuvo poco después del accidente y ese mismo día lo dejaron libre. Él debería estar en la cárcel esperando el juicio, eso lo haría recapacitar sobre el daño tan grande que hizo, mató a un hombre bueno y trabajador y destrozó por completo a una familia”, expresó dolida la joven.

Aunque la esposa y las hijas de Ricardo saben que nada les regresará a su ser querido, esperan que al menos las leyes hagan justicia por su muerte.