El argentino Antolino “Tony” Rivilli, de 25 años, junto a su padre Daniel Rivilli, de 63, iniciaron una travesía por América en motos Honda de alto cilindraje con un objetivo claro: llegar al Mundial 2026 y cumplir el sueño de ver a Lionel Messi en vivo por primera vez.
Ruta: un viaje que se construye sobre la marcha
Desde que salieron el 5 de marzo desde Córdoba, el recorrido los ha llevado por Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá y Costa Rica, avanzando ahora por Centroamérica.
La planificación, según Tony, nunca fue rígida. Explicó que durante meses hablaron del viaje constantemente, pero que la verdadera organización llegó al final.
“Desde un año antes lo hablábamos todos los días, veíamos rutas, papeles, qué necesitábamos… pero la realidad es que la ruta concreta la armamos el último mes y solo hasta Colombia. Después decidimos que lo mejor era ir resolviendo todo sobre la marcha”, nos contó.
Esa flexibilidad también aplica al tramo final. Tony detalló que llegar a Estados Unidos no significa el final del viaje, ya que deberán seguir moviéndose entre ciudades y eso implica muchos kilométros más arriba de la moto.
Complicaciones: del miedo inicial a los obstáculos reales
Antes de salir, el mayor reto era mental. Tony recordó cómo la decisión de viajar no fue sencilla, pero el sueño pudo más.
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“Cuando le ponés fecha al viaje, la cabeza empieza a jugarte en contra. Aparecen miedos, inseguridades, pensás en quedarte en tu casa… pero todo eso desaparece apenas salís a la ruta”.
Ya en camino, los problemas se volvieron parte del día a día. Según contó, el viaje ha estado lleno de dificultades constantes.
“Hay trabas, complicaciones, momentos donde parece imposible, pero uno tiene que seguir creyendo en el sueño porque si no, no avanza”, explicó.
Costa Rica: hospitalidad que deja huella
En medio del recorrido, Costa Rica se convirtió en uno de los puntos más memorables por la naturaleza y la gente.
“Desde que llegamos nos sentimos muy seguros y bienvenidos. La gente es muy hospitalaria, siempre con buena actitud y con interés en lo que estamos haciendo”.
Uno de los momentos más significativos fue su estadía con una familia local, algo que no tenían previsto.
“Terminamos en la casa de una familia que nos abrió las puertas como si fuéramos parte de ellos. Fue una experiencia muy linda, de esas que te marcan el viaje”.
También resaltó las condiciones del país: “Es un lugar muy organizado, muy fácil de recorrer. Las rutas, las playas, la comida… todo hace que el viaje se disfrute sin tanta tensión”.
Nicaragua: la prueba más difícil del viaje
El contraste llegó en la frontera con Nicaragua, donde enfrentaron el momento más duro de toda la travesía. A su padre se le negó el ingreso sin mayores explicaciones, lo que obligó a separarse.
“No nos dieron claridad, simplemente nos dijeron que intentáramos otra vez. Pero eso implicaba esperar varios días sin garantías. Fue muy duro, sobre todo por la angustia de separarnos y no saber qué iba a pasar”.
La solución fue improvisada: mientras Tony continuó el recorrido por tierra, cruzando Nicaragua y Honduras, su padre tuvo que tomar un vuelo para reencontrarse con él en El Salvador.
Lo que falta: un trayecto largo hacia el Mundial
El viaje todavía está lejos de terminar. El plan es cruzar México y luego ingresar a Estados Unidos por la costa del Pacífico.
Tony explicó que ese tramo también será exigente, pues falta mucho.
“Todavía queda muchísimo camino. Vamos a subir por México hasta Baja California y después cruzar. Y dentro de Estados Unidos el recorrido también es largo, porque hay que moverse entre ciudades”.
Aunque el objetivo es claro, todavía no tienen entradas para los partidos. Tony reconoce que ese es uno de los grandes desafíos pendientes.
“Intenté en todos los sorteos y no salí. Hoy los precios están muy altos, fuera de nuestro presupuesto, pero tengo la sensación de que de alguna forma lo vamos a lograr”.
Más allá del acceso al estadio, lo que realmente busca es vivir el ambiente mundialista, una fiesta que nadie se quiere perder.
“Lo que más quiero es la previa, ver a la gente en las calles, escuchar a los argentinos cantando, vivir ese ambiente. Eso es lo que realmente te llena”.
El sueño que impulsa todo el viaje sigue intacto.
“Nunca vimos a Messi en vivo, ni yo ni mi papá. Para nosotros es algo muy importante, por todo lo que representa. Queremos vivir ese momento. Son sueños que uno ve muy lejanos o imposibles, pero cuando te animás a dar el paso, te das cuenta de que se pueden hacer. Hoy estoy feliz de haber tomado la decisión de salir”.
Así, entre kilómetros, desafíos y momentos inolvidables, los Rivilli siguen avanzando hacia un destino que combina pasión, familia y fútbol.






