Don José Loaiziga Silva tiene 61 años y prácticamente toda su vida ha transcurrido en Tibás, donde construyó su hogar y formó a su familia después de llegar desde Nicaragua.
Aunque ya está pensionado, decidió continuar trabajando como cuidacarros, ya que la pensión que recibe no alcanza para cubrir todos sus gastos.
Su día comienza temprano. A las 6 de la mañana, se levanta, se alista y poco después sale hacia su lugar de trabajo.
“A las 6 de la mañana me levanto y como a las 7 a. m. ya estoy aquí”, contó.
Don José trabaja hasta las 2 de la tarde en los alrededores de la soda Tikal, donde cuida los vehículos de las personas que visitan los comercios de la zona.
El tiempo que lleva en ese lugar le ha permitido ganarse la confianza de quienes pasan por ahí.
“Sí, sí, ya me conocen”, dijo con una sonrisa.
Sus hijas son su mayor orgullo
Cuando habla de su familia, don José lo hace con especial orgullo por sus dos hijas, Karen y Nataly Loaiziga Obando.
La mayor tiene 37 años y trabaja como gerente en una empresa de comidas rápidas. La menor tiene 22 años y estudia en la Universidad de Costa Rica.
Ambas también están pendientes de su papá y tienen una forma muy especial de acompañarlo: le cocinan la comida.
Ese gesto forma parte de la relación cercana que mantienen y es una muestra del cariño que sus hijas sienten por él.
Un hombre que sigue adelante
Al terminar su jornada, don José regresa a la casa que alquila y continúa con su rutina.
Su historia habla de esfuerzo, pero también de los lazos familiares que ha construido a lo largo de los años.
A sus 61 años, sigue encontrando en el trabajo una manera de mantenerse activo y salir adelante, mientras disfruta del respaldo de sus hijas y del cariño de las personas que ya lo reconocen en Tibás.
Don José es de esos vecinos cuya presencia termina formando parte del paisaje cotidiano de una comunidad: llega, cumple con su trabajo y, con el paso del tiempo, se gana un lugar entre la gente.




