Ginnés Rodríguez se recupera llena de amor y agarrada de Dios a cuatro semanas de una complicada cirugía en su columna para corregir una escoliosis que padecía desde los 15 años, experiencia que le dejó mucho aprendizaje.
La querida periodista y presentadora tomó la complicada decisión de pasar por el quirófano y el pasado 17 de marzo, en una fecha muy importante para ella, le entregó su salud, sus miedos y sus hijos a Dios y a su fe.
“Me operaron un 17 de marzo, que curiosamente coincidió con la celebración del cumpleaños de mi mamá, cuando ella vivía. Entonces, yo decía, esta es una fecha importante, creo que también parte de esa fe espiritual que uno tiene y pues ahí también estuvieron presentes fuerzas divinas acompañando todo el proceso”, nos explicó.
A pesar de que el fin de la operación era mejorar su salud y calidad de vida, lo pensó mucho por el miedo a que no todo saliera de la mejor manera, pero Dios siempre se encargó de ponerle “ángeles en el camino”.
“Nunca se me olvida Ricardo, que es el que lo transporta a uno a la sala de operación. Si hay un momento de vulnerabilidad completa, es ese, el momento en que uno ya se pone la bata verde para ir a la sala de cirugía. Yo lloraba, lloraba, lloraba, porque el susto te invade y se apodera, porque uno no sabe qué va a pasar después; uno dice: ‘Yo sé cómo estoy entrando, pero yo no sé qué va a pasar después y él entendía perfectamente lo que estaba pasando, todo lo que hay en mi cabeza, el susto, el estrés, el pensar ‘¿y mis hijos? ¿y mi familia?’, y entonces él se encarga de hacerte una oración, tomarte la mano y darte fuerza", recordó.
Estar internada en el hospital le cambió el chip
A la comunicadora todo le salió bien; a pesar de la complejidad y la magnitud de la cirugía, pero estar internada en Calderón Guardia le dejó una marca más allá de la cicatriz de su espalda.
“Creo que tal vez el día más difícil es la primera noche, porque si no te podés mover, tenés además mucho miedo de moverte. Recuerdo que por ahí hubo como algunos puntillos que no estaban como debían. Entonces uno escucha a las enfermeras como ‘está sangrando mucho, traigan más gasa’; ahí uno por dentro tiene que decir ‘calma, calma’, estás en buenas manos”.
Al salir de una cirugía de ese tipo, donde los médicos hasta tuvieron que correr o estirar músculos para volverlos a acomodar, le tocó recuperarse en una sala con compañeros que están en situaciones graves de salud.
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“También fue la parte emocional de ver a todo el equipo atender a un muchacho a quien le habían disparado en 11 ocasiones. Había logrado sobrevivir a la primera intervención, pero se complicó. Entonces estar uno ahí inmovilizado y de pronto ver a todo el equipo del hospital de esa área tratando de salvarle la vida a alguien hasta finalmente decir ‘hora de la muerte’”, mencionó.
Recuperación exitosa y rodeada de amor
Dentro del proceso, esa fue la noche más dura; en su casa ha habido dolor, tensión, pero ha estado muy acompañada por sus hijos, familia y amigos.
“Durante todo este proceso yo no tengo nada más que agradecer porque ha sido una aventura llena de sorpresas agradables. Solamente el hecho de que la cicatrización haya quedado bien, al ser una herida tan larga y profunda, pues tiene mucho riesgo de infección. Entonces, es una de las cosas que más le dicen a uno, tiene que cuidarse montones, y esta semana me quitaron las grapas y estamos muy cerca de decir que no hubo ningún rechazo de la instrumentación. Quedé con la hemoglobina muy baja, pero es realmente normal en una cirugía tan compleja”.
Actualmente, ella puede caminar; hay labores cotidianas que no puede hacer en la casa y tampoco la dejan manejar, pero su familia ha sido un gran sostén. Una de sus hermanas se fue a quedar en su casa para ayudarla con todo y cuidarla a ella y a sus dos hijos, lo mismo hizo su mejor amiga.
“Sí, hay cosillas, hay dolores que aparecen al cambiar mi cuerpo de postura. Es otro cuerpo y yo lo he sentido desde la forma en cómo camino; siento que camino raro.
De hecho, nos contó que antes de la operación sus dolores eran del lado izquierdo, porque estaba más apoyado ahí; ahora, al contrario, la pierna derecha es la que le está doliendo debido al equilibrio de cargas.
“No me puedo doblar un poquito ni aunque quisiera, porque ya las barras de titanio se encargan de mantenerme completamente erguida”.
La próxima semana tendrá una cita y más placas para ver cuánto tiempo más tendrá que estar alejada de la pantalla de Repretel; aunque pueden ser hasta dos meses, ella espera que falte menos que eso, porque se siente muy bien y está siendo obediente con la terapia y los cuidados.
“Estoy muy agradecida porque esto no es lo común, que uno lo ve en el hospital; lo normal no es estar así rodeado de tantas personas que te quieren. Uno se siente tan afortunado, se siente tan bendecido que no, no, no, definitivamente no me canso de darle gracias a Dios”, concluyó.



