Cuando muchos futbolistas apenas empiezan a consolidar su carrera, Anthony Castro tomó una decisión que sorprendió a más de uno: colgó los guantes con apenas 25 años.
El exportero de Alajuelense y Santos de Guápiles dejó atrás el sueño de seguir en las canchas para apostar por su formación profesional y una oportunidad laboral que, más de dos décadas después, asegura que cambió su vida para bien.
Castro, quien incluso estuvo cerca de recibir un llamado a la Selección Nacional, explicó que el fútbol de aquella época ofrecía pocas garantías y que prefirió asegurar su futuro, por lo que hoy labora como gerente para una empresa en Guápiles.
El exarquero conversó con La Teja y añadió que, lejos de arrepentirse, la decisión que tomó fue muy acertada y además de formarse como profesional, hoy dedica su vida a su esposa, Maricel, y a sus hijas María Fernanda y María Alejandra y a formar jóvenes en la fe, pues es catequista en Guápiles.
Una decisión que le cambió la vida
-Mucha gente lo recuerda por su paso en el Santos, pero también tiene historia en Saprissa...
Cuando estaba chiquitillo jugué en los mosquitos de Saprissa y por decisiones técnicas me fui para la Liga Deportiva Alajuelense, en donde estuve en ligas menores.
Después me ascendieron a la segunda división con la Universidad de Costa Rica, que tenía un convenio con Alajuela. Luego estuve un año en la UCR y volví a la LDA, pero estuve un año sin jugar y tuve un paso en Osa, equipo que estaba en la segunda división.
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Luego de eso, me llamó el Santos de Guápiles y como yo era ficha de Alajuelense, estuve entre la Liga y el Santos. Me prestaban, volvía, me llamaban, no jugaba mucho, entonces pedía oportunidad. Volvía y jugaba en el Santos, me pedía la Liga y así estuve al menos unos siete años. Me retiré en diciembre del 2003 y empecé a trabajar en el 2004.
-Es decir, mientras jugaba, estudiaba...
Gracias a una beca que me dio Alajuelense estudié ingeniería civil en la UCR, pero ahí pedían llevar bloque completo, y para los exámenes se debía justificar con mucha anticipación.
Entonces busqué una carrera que no exigiera bloque completo y me pasé a administración en una universidad privada, en donde igual me daban una beca y los horarios eran más flexibles. Había varios compañeros estudiando como Austin Berry, Álvaro Mesén y así saqué el bachillerato en administración.
En esa época jugaba para Santos y me apareció la oportunidad de laborar en El Colono administrando unas estaciones de servicio, y analicé en frío la oportunidad y, al final, sabía que el fútbol me había dado muchas cosas, pero una lesión podría marcar mi carrera y por eso decidí retirarme.
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Yo estaba en la selección Sub-23, no tenía un mal panorama futbolístico, pero creo que lo analicé bien. Hoy en día no me arrepiento de la decisión.
-Pese al retiro tan joven, ¿qué le dejó el fútbol?
Creo que he tenido la sabiduría para tomar decisiones y mucha gente alrededor que me ha ayudado a tomarlas bien. Primero, mi papá y mi mamá, pero he sido bendecido en rodearme de gente muy bonita y muy sabia, a quienes considero mentores hoy en día.
¿Qué me ha dejado el fútbol? Me ha dejado muchas alegrías y muchas amistades; eso es lo que más le agradezco. Me dejó mucho aprendizaje y me dio carácter. Parece extraño lo que le voy a decir, pero hoy en día aplico mucho del tema futbolístico en la parte laboral.
El haber sido portero le deja a uno características de acomodo de equipo, de dirección, de saber que estás en el puesto más sacrificado y que a veces no te llevas el mérito, porque normalmente se lo lleva el delantero que mete el gol.
Cuando me iba a retirar, don Rodrigo Kenton me decía: “Anthony, juegue un par de partidos más y lo convoco a la mayor”, pero preferí retirarme y no me arrepiento, porque viví buenos y malos momentos.
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-¿Cuáles fueron esos momentos complicados?
Un momento difícil fue cuando don Carlos Santana decidió no guardarme un espacio en juveniles, en Saprissa. Fue muy duro, porque tenía que salir del colegio para irme a entrenar y en ese tiempo no me inscribían para jugar.
Cuando estaba en Alajuelense, don Jorge Luis Pinto decidió hacerme a un lado del club. Hoy en día trato de no tenerlo en mente, pero creo que fue una salida que, de alguna manera, no fue justa. Yo ya iba a firmar un contrato por cuatro años con la Liga.
Ese contrato no es que me resolvía la vida, pero me iba bien económicamente, pero si no hubiese pasado eso, no habría llegado a Guápiles. Tengo ya más de 25 años de vivir aquí, tengo una familia hermosa, trabajo aquí, aquí está mi vida y soy feliz.
Estuve en el mejor momento que ha tenido Alajuela en muchísimos años. Los porteros éramos Álvaro Mesén, Ricardo González, quienes estaban en la Selección, y yo.
-¿Qué es lo que más le gusta de servir como catequista?
Cada día vemos menos gente en la Iglesia. A veces, les preguntamos a los jóvenes qué es lo que no les gusta y nos dicen que la Iglesia es muy aburrida, que es muy monótona y trabajamos para que los muchachos se sientan en un ambiente más dinámico.
Yo les digo que uno se enamora de una persona si la conoce; mientras más la conoce, más se enamora. Si no conocen a Dios ni a la Iglesia, ¿cómo se van a enamorar? Es como ver una película en chino sin subtítulos: si te invitan a ver otra, no vas porque no entendiste nada. A misa hay que ir para entenderla, y cuando la entienden, se enamoran y se quedan. Por ahí nos ha funcionado.






