Los nervios estaban de punta y las principales plazas de Caracas y otras ciudades venezolanas abarrotadas de gente frente a pantallas gigantes.
En las casas todos miraban el televisor. Algunos compartieron con sus vecinos e instalaron proyectores en la calle y otros, al no tener electricidad, se concentraron en torno a un celular.
Todos unidos para seguir la final del Clásico Mundial de Béisbol celebrado en Miami y que enfrentó a Venezuela con Estados Unidos.
El out 27 de Estados Unidos llegó con un lanzamiento de Daniel Palencia que selló la victoria venezolana 3-2 sobre los anfitriones, siendo la primera vez en la historia que el país caribeño logró la hazaña.
En Venezuela, la gente se tiró a las calles a festejar, algo que no pasaba desde los resultados de las elecciones del 28 de julio del 2024 cuando, pese a que todo indicaba que la oposición había ganado las presidenciales, Nicolás Maduro se adjudicó el triunfo.
Sin embargo, esta vez la historia fue de festejo: fuegos artificiales, sirenas de los carros, gritos y música retumbaban en todo el país, así como las lágrimas, sin importar la edad. Era lo menos que podía pasar en un país conocido como “exportador de petróleo, mises y peloteros”.
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“El triunfo histórico de Venezuela en el World Baseball Classic y la celebración posterior nos habla de un país deseoso de reencontrarse con el éxito y comenzar una nueva era”, escribió este miércoles el consejo editorial de La Ceiba, un boletín informativo conducido por el analista político Ramón Muchacho.
Y, ciertamente, fue así.
Emociones a flor de piel
“Esto es una emoción muy grande, tenemos tanto que celebrar desde el 3 de enero hasta acá y no habíamos podido. Los venezolanos merecemos recuperar la esperanza”, dijo una fanática que se encontraba en la Plaza de la Juventud, en Caracas, quien prefirió no decir su nombre.
“Estados Unidos no es nuestro enemigo, nos regaló una alegría que teníamos contenida, solo queremos disfrutar”, dijo otro joven con su bandera de Venezuela.
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En las redes sociales circularon videos de caravanas y fiestas en distintas partes del país. En Venezuela, es tradición que a quien pierde un juego de una final se le simbolice con un ataúd y esta vez no fue la excepción, así que hubo quienes con un féretro —sin intención de ofender— salieron a la calle a “velar” a la novena estadounidense.
“Lo hermoso de este momento, de ganar el campeonato mundial de béisbol, es que Venezuela podrá celebrar lo que desde el 3 de enero se le ha impedido celebrar a balazos, detenciones y desapariciones. Una fiesta se hace parte de otra fiesta. De un ciclo que termina”, escribió en su X el activista venezolano en el exilio, Luis Carlos Díaz.
Desde la cárcel entonaron el himno nacional
Mientras en Miami los jugadores entonaban el himno nacional, en Caracas los familiares de los presos políticos hicieron lo mismo.
Incluso, a las afueras de la cárcel de El Rodeo I, las familias —que llevan más de dos meses en vigilia en el sitio— instalaron una mesa con un televisor y una corneta para ver el juego.
Cuando Palencia “ponchó” a Roman Anthony, por un momento la tristeza de tener a un familiar preso quedó a un lado; los abrazos no se hicieron esperar y el grito “viva Venezuela” vino enseguida.
Los familiares no estaban dentro de las 36.190 que llenaron el estadio loanDepot park de Miami, pero gritaron fuerte y cantaron el himno en señal de alegría y resistencia.







