Bruno Fernandes de Souza retomó su carrera en el fútbol brasileño tras cumplir una parte de su condena por el asesinato y tortura de su exnovia, Eliza Samudio.
El futbolista, que fue sentenciado en el 2013 a 22 años de cárcel, es integrante del Vasco da Gama del estado de Acre, lo que le permitió participar en la Copa de Brasil.
Sin embargo, fue debut y despedida: su equipo quedó eliminado por el Velo Clube en lanzamientos desde el punto penalti (3-2, tras un empate 1-1 en el tiempo reglamentario). Bruno atajó dos cobros en la tanda y anotó el suyo.
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Este retorno ocurre bajo un régimen de libertad que le permite desarrollar actividades laborales durante el día, tras años de procesos judiciales y breves pasos por diversos clubes de categorías menores.
Antecedentes y desaparición de Eliza Samudio
El lamentable caso se remonta al 2009, cuando Eliza Samudio denunció ante las autoridades haber sido retenida y golpeada por Bruno y dos acompañantes, identificados como “Russo” y “Macarrão”. En aquel momento, el futbolista negó las acusaciones mediante un comunicado oficial.
“No es la primera vez que ella inventa este montón de mentiras para intentar perjudicarme. La otra vez no probó nada y no lo volverá a probar, porque se inventó toda esta historia... No le voy a dar a esta chica los 15 minutos de fama que tan desesperadamente anhela”, dijo entonces. Para esa época, el portero atajaba en Flamengo, el actual campeón de la Copa Libertadores.
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Pese a la denuncia, la justicia denegó las medidas de protección solicitadas por Samudio. En febrero del 2010 nació el hijo de ambos, cuya paternidad fue inicialmente negada por el jugador y confirmada posteriormente.
En junio de ese año, Samudio acudió a una propiedad de Bruno en Esmeraldas, Minas Gerais, bajo la promesa de negociar la manutención del menor; fue la última vez que se tuvo noticia de su paradero.
Proceso judicial y confesiones
En julio de 2010, un primo menor de edad del futbolista declaró ante la policía que Samudio había sido golpeada hasta quedar inconsciente y entregada a terceros para ser desmembrada, siguiendo órdenes directas de Bruno.
Según este testimonio, partes del cuerpo habrían sido entregadas a perros y los restos óseos enterrados bajo hormigón, aunque estos detalles no fueron ratificados en su totalidad por las investigaciones posteriores.
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En marzo del 2013, la justicia brasileña declaró a Bruno culpable de homicidio triplemente cualificado, secuestro, privación ilegal de libertad y ocultación de cadáver. La sentencia total fue de 22 años y tres meses de prisión. Para entonces, su contrato con el Flamengo ya había sido rescindido.
Bruno obtuvo su libertad tras cumplir seis años y siete meses de condena, beneficiado por un habeas corpus derivado de la lentitud en el proceso de apelación. Tras salir de prisión, el Boa Esporte Clube le ofreció un contrato, decisión que generó el retiro de patrocinadores y protestas sociales.



