A sus 84 años, don Alciony Bonilla Núñez abre con orgullo el portón de su casa y deja ver tres motos Vespa que ha cuidado como lo que son, parte de la familia.
Una Vespa blanca de 1961, una Sprint azul de principios de los años setenta y una LML Star 2006 blanca con negro, descansan impecables, listas para rodar en cualquier momento.
Las tres tienen motores de 150 centímetros cúbicos, aunque la más antigua, la Vespa VNB1 de 1961, salió de fábrica con 125 c.c. y posteriormente fue adaptada a 150 c.c.
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La Sprint azul destaca por incorporar aro 10 y un característico foco trapezoidal, detalles que la convierten en uno de los modelos más apreciados por los aficionados y coleccionistas.
Para muchos son motocicletas clásicas. Para él, son casi siete décadas de recuerdos. Su historia de amor comenzó en 1957, cuando era estudiante del Liceo de Costa Rica. Un compañero le ofreció llevarlo hasta la casa en una Vespa y aquel corto recorrido le cambió la vida.
“Nunca me había montado en una moto. Me llevó y quedé enamorado. Desde ese día supe que algún día tendría una”, recordó con una sonrisa.
El flechazo fue tan grande que, poco tiempo después, su hermana Nidia compró una Vespa. Según recuerda don Alciony, ella fue una de las primeras mujeres vesperas del país y viajaba sola hasta Pérez Zeledón para trabajar como maestra, cruzando incluso el Cerro de la Muerte. Desde entonces, las Vespas nunca volvieron a faltar en la familia.
Casado, con cuatro hijos, siete nietos y dos bisnietos, asegura que toda su familia creció alrededor de estas cachetonas. Sus hijos aprendieron a quererlas desde pequeños y hoy comparten la misma pasión.
Ocho décadas sobre dos ruedas
La historia de don Alciony prácticamente camina de la mano con la de la Vespa.
Este 2026 se cumplen 80 años desde que Piaggio presentó en Italia una motocicleta pensada para ofrecer un medio de transporte económico, práctico y elegante en la Europa de la posguerra.
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Su nombre nació cuando Enrico Piaggio vio el prototipo y comentó que parecía una “vespa”, una avispa, por la forma de su carrocería y el sonido de su motor.
La idea conquistó al mundo. Con su diseño inconfundible, la Vespa dejó de ser únicamente un vehículo para convertirse en un símbolo de libertad, estilo y aventura.
Ha aparecido en películas, acompañado a generaciones enteras y hoy suma millones de unidades fabricadas.
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A Costa Rica llegó en 1956, apenas diez años después de su creación, y desde entonces formó una comunidad de aficionados que mantiene viva la tradición con paseos, restauraciones y encuentros.
Amor para toda la vida
Don Alciony ha recorrido prácticamente todo Costa Rica sobre una Vespa. Guanacaste, Limón, la Zona Sur... pocos lugares le faltan por conocer.
Hace apenas unos días estuvo a punto de vender una de sus motocicletas para salir de un apuro económico. “Ya la iba a vender porque estaba un poquillo jodido, pero solucioné la situación y se salvó”, contó.
Ni siquiera los problemas económicos pudieron romper un vínculo construido durante casi 70 años.
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“Las Vespas son un adorno. Usted puede tener una en la sala de la casa y embellece el lugar. La gente siempre las vuelve a ver y les toma fotos”, dice mientras acaricia una de sus motocicletas.
Este domingo 28 de junio, cientos de vesperos recorrerán las calles de San José y Heredia para celebrar los 80 años de esta legendaria motocicleta, en una actividad llamada “El Paseo de la Elegancia”, que también se realizará en Roma el mismo día.
Don Alciony estará ahí, como lo ha hecho durante buena parte de su vida. “Ya voy a morir con esa emoción. Las Vespas y el amor que uno siente por ellas son para toda la vida”, concluyó.







