La presentadora y exmiss Costa Rica Paola Calderón atraviesa uno de los procesos más complejos de su vida.
Desde hace dos semanas permanece en Bogotá, Colombia, recuperándose de su tercera cirugía reconstructiva para retirar biopolímeros que le fueron inyectados en el 2008 en una clínica estética de Costa Rica.
Hoy, la exparticipante de A todo dar vive entre la esperanza y la ansiedad, aunque asegura sentirse distinta: más consciente, más informada y decidida a alzar la voz para evitar más casos médicos como el suyo.
“En esta ocasión estoy muy contenta por un lado y muy desesperada por el otro”, confesó en primera instancia, principalmente porque su hija se quedó en Guatemala, por la entrada de clases, y ahorita está sola bajo los cuidados de su esposo.
Sin embargo, a diferencia de las cirugías anteriores, asegura que el actual proceso de recuperación ha sido más rápido.
“Antes, a los quince días yo no podía ni levantarme, me movía con mucha fragilidad. Ahora estoy tratando de llegar a mis diez mil pasos diarios. Entre más camino, ayudo a que drene menos y eso acelera que me quiten los drenajes y los puntos”, explicó.
Caminar, moverse con cautela y seguir estrictamente las indicaciones médicas se ha convertido en parte esencial de su rutina. Aunque no siente dolor, sí vive con incomodidades constantes.
“No es dolor, es molestia. Tener dos tubos saliendo de la cadera, no poder agacharme, depender de mi esposo hasta para ponerme un pantalón… son cuidados que nadie te cuenta”, mencionó.
Con un doctor mejor
Esta tercera intervención fue con un cirujano distinto a los anteriores y, según contó, un procedimiento así ronda los 10 mil dólares; es decir, poco más de 5 millones de colones.
La primera operación se la hizo en el 2020 en Guatemala, la segunda en julio de 2021 en Bogotá y esta tercera en la misma ciudad, pero en otra clínica.
“Siempre quise operarme con este médico, pero antes no me alcanzaba el presupuesto. Ahora que el otro se puso igual de caro, me fui por el que siempre quise”, dijo.
Pao destacó que su doctor es particularmente precavido, pues utiliza una máquina de presión negativa (VAC) para mantener la herida cerrada, una bomba del dolor (dispositivo que administra analgésicos directamente al cuerpo), masajes linfáticos y ultrasonido.
“Nada de eso lo tuve antes, y siento que eso ha marcado la diferencia”, señaló.
Paola explicó que debe quedarse al menos un mes en Bogotá, pues si tiene alguna complicación son muy pocos los doctores que tienen experiencia en extracción de biopolímeros.
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Además, los hilos y los aparatos con los que debe de andar las 24 horas se los quitan a los 25 días de la operación, según vaya sanando la herida.
“Los drenajes no se pueden quitar rápido, porque el líquido acumulado puede convertirse en seromas, que es una de las complicaciones más comunes. A mí me pasó en la primera cirugía porque me los retiraron a la semana y no funcionó”, contó.
Enfermero especial
La presentadora del matutino “Nuestro mundo”, confesó que su esposo ha sido un pilar fundamental en su recuperación porque se han encargado de ser su enfermero.
“Nadie te prepara para que tu pareja te vea en la peor versión”, señaló entre risas.
Y es que entre los cuidados más delicados está la higiene, pues debió pasar los primeros diez días sin bañarse y ahora solo lo hace cuando va a cita cada dos días, para evitar humedecer el área operada y una posible infección.
“Eso nadie me lo dijo (de no bañarse). Para una mujer, la vanidad pesa. Pero la herida está muy cerca del ano, ir al baño es extremadamente delicado. No me puedo sentar normal, tengo que hacerlo de frente, y la limpieza tiene que ser de arriba hacia abajo para evitar infecciones. Cualquier bacteria puede ser peligrosa”, relató.
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Calderón insistió que este es un mal con el que deberá luchar toda su vida, “como el cáncer”, porque por más operaciones no se sabe si la sustancia se esparció a otra parte del cuerpo, ya que los biopolímeros no se eliminan por completo.
“No se van, o sea, qué más hubiera querido yo que hacerme una cirugía de implantes, me hubiera quitado los implantes y ya se resuelve el problema. Pero esto es un líquido y el líquido se va encapsulando, entonces ese es otro de los riesgos, que el líquido en cualquier momento se puede ir a cualquier lado. A muchas se les va a las piernas, se les va a los genitales, se les va al cerebro, al pulmón, a cualquier lado se puede ir.
“Por eso hay que tener mucho cuidado también con las actividades físicas que uno hace después, cabalgar o correr o cualquier actividad de alto impacto puede propiciar a que se desprenda y chao”, advirtió.
Consencuencias años después
Cuando ella se hizo este procedimiento estético confió en la doctora que le mostró todos los títulos y registros sanitarios y no fue hasta 13 años después que empezó a experimentar las primeras molestias en su cuerpo.
Es por eso que también ha decidido hacer pública su historia como un acto de responsabilidad, pues sabe que hay muchas mujeres y hasta hombres que se han inyectado los glúteos sin saber la sustancia que le están colocando.
“Al principio hay vergüenza. La gente juzga. Pero si mi testimonio le sirve a una persona para no vivir este viacrucis, ya valió la pena.
“La gente siempre quiere lo barato. Y en los glúteos lo único que se puede inyectar es grasa propia, nada más”, señaló.
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Para poder operarse Pao tuvo que pedir al canal un mes sin goce salarial y su esposo permiso para hacer teletrabajo. En un principio la cirugía se iba a hacer en noviembre; sin embargo, le dio influenza y tuvo que posponer todo.
Algo que la tiene muy dolida es que no va a poder votar este domingo, como siempre lo ha hecho, porque debe hacerlo en el consulado de Guatemala y su regreso está programado para el 14 de febrero, si todo sigue marchando bien.






