“¿No se cansan de sacar títulos?”. Esa pregunta la escucharon tantas veces que todavía la recuerdan con una sonrisa.
Mientras otros jóvenes aprovechaban las tardes para hacer cualquier otra cosa, Luis y Gabriel Valerio iban de un curso a otro: robótica, inglés, informática y todo lo que pudiera abrirles una puerta para salir adelante.
Sin imaginarlo, aquella insistencia por aprender terminaría cambiándoles la vida.
Los gemelos tenían apenas 11 o 12 años cuando llegaron a vivir a Concepción de Alajuelita. Recién se estaban acomodando en la comunidad cuando su mamá, Kattia Navarro, vio un anuncio sobre unos cursos gratuitos que ofrecía la organización FundaVida.
“Eso fue una gran puerta que se nos abrió”, recordó uno de los hermanos al contar cómo aquella oportunidad marcó un antes y un después en sus vidas.
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A partir de ese momento, comenzaron un camino que nunca abandonaron. Primero fue la robótica, luego llegaron los cursos de inglés, informática básica y otras capacitaciones que les permitieron ir construyendo un currículum cuando todavía eran muy jóvenes.
“Fuimos teniendo un acumulado de certificados en muchas áreas. Ahí fuimos creciendo”, contaron ahora con 21 años.
Después cursaron informática empresarial en el colegio técnico y, una vez graduados, las oportunidades comenzaron a aparecer.
Uno de ellos ingresó a trabajar en Concentrix y esa experiencia le abrió las puertas a un nuevo empleo.
El otro llegó a una empresa gracias a un programa desarrollado entre FundaVida y GBM, en la que hoy se desempeña en el área de programación. Ambos continúan estudiando y aprovechando las capacitaciones que reciben en sus trabajos.
Esfuerzo que valió la pena
Los hermanos están convencidos de que sin aquellos cursos gratuitos el camino habría sido mucho más complicado.
“No teníamos una condición económica como para pagar cursos. Gracias a FundaVida pudimos empezar a llevar todas esas capacitaciones.”
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“Si no hubiera estado la fundación en nuestras vidas, el camino habría sido mucho más difícil. Esas oportunidades nos permitieron prepararnos y empezar a construir un futuro. Ahora entendemos que todo ese esfuerzo valió la pena, porque cada curso fue una herramienta que después nos abrió puertas para conseguir trabajo y seguir creciendo profesionalmente”, analizan los hermanos.
También reconocen que el dominio del Inglés fue determinante para encontrar trabajo. “El inglés que recibimos en la escuela y el colegio no era suficiente. Gracias a todos los cursos que recibimos podemos decir que tenemos un nivel muy avanzado y eso nos ha ayudado claramente para trabajar donde estamos ahora”, explicaron.
Pero si hay alguien a quien ambos le atribuyen buena parte del mérito, es a su mamá. Fue ella quien encontró aquella oportunidad cuando recién llegaban a Alajuelita, quien los matriculó en un curso tras otro y quien los motivó a seguir adelante incluso cuando el cansancio aparecía.
“Ella fue la que se esmeró. Muchas veces yo estaba muy cansado, pero ella nos motivó. FundaVida también nos impulsó mucho para seguir adelante. No siempre todo va a ser bonito, siempre va a haber cansancio, pero si uno le pone ganas, sale adelante”, recordó uno de los gemelos.
Mente ocupada
Los hermanos también creen que mantenerse ocupados estudiando les ayudó a alejarse de los riesgos que enfrentan muchos jóvenes de su comunidad. “Había conocidos que nos decían: ‘¿Ustedes no se cansan de sacar títulos?’.
“Como mi mamá siempre nos metía en cursos, pasábamos estudiando. Hoy seguimos ampliando nuestro conocimiento y creciendo profesional y personalmente”, afirmaron.
Su historia también refleja el impacto del trabajo que realiza FundaVida.
La organización, que celebra 30 años, acompaña a niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad mediante programas de educación, tecnología, inglés, tutorías, apoyo psicológico y desarrollo de habilidades para la vida.
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Este proceso ya ha transformado la vida de miles de jóvenes y continúa buscando apoyo para que más historias como la de Luis y Gabriel puedan repetirse.
Es por eso que la organización invita a empresas, instituciones y ciudadanos a conocer su labor y sumarse mediante alianzas, voluntariado o donaciones que permitan seguir transformando vidas y construyendo un futuro con más oportunidades para la niñez y adolescencia costarricense.






