El pasado 19 de febrero se cumplieron ocho meses desde que apagaron la vida del nicaragüense Roberto Samcam en suelo costarricense.
Para su esposa, Claudia Vargas, el tiempo no ha borrado los recuerdos, el amor ni el legado que le dejó don Roberto; sin embargo, a ella y a sus hijos les ha tocado aprender a vivir con el duelo.
Claudia conversó con La Teja y relató que, aunque a Roberto lo asesinaron en Costa Rica, ella eligió permanecer en el país porque este es el hogar que ambos escogieron.
“Costa Rica nos abrió las puertas, fue nuestro refugio y es donde decidimos construir nuestro futuro”, afirmó Vargas.
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Un duelo que “no se borra”, se integra
Para doña Claudia, la sociedad comete un error al tratar de obligar a quienes sufren a “sonreír y seguir adelante” de forma apresurada. Ella propone un enfoque distinto: integrar al ser querido en el presente.
“El duelo tiene dos dimensiones: la personal —es decir, la del esposo, padre, hijo y hermano— y la política. Roberto tenía una dimensión pública enorme; su coherencia, su espíritu, su voz y su memoria se mantienen vivas, y eso también nos resignifica el duelo personal”, explicó Vargas.
Los hijos de la pareja, Gabriel y Chantal, también han continuado con sus vidas, pero al igual que su madre, enfrentan la pérdida honrando el recuerdo de su padre cada día.
Gabriel reside en Estados Unidos y Chantal se encuentra en España; ambos jóvenes continúan con sus estudios y construyen un futuro prometedor, marcados por la sensibilidad de vivir en el exilio.
Roberto era crítico y valiente
Roberto Samcam era un mayor en retiro del Ejército de Nicaragua, quien fue asesinado en Moravia a manos de un sicario que ingresó a su vivienda.
El sujeto se hizo pasar por un repartidor para llegar hasta el inmueble y, al abrirse la puerta, disparó en repetidas ocasiones contra el exmilitar. Según las investigaciones preliminares, un cómplice lo esperaba en las afueras para facilitar la huida.
Samcam era un férreo opositor al régimen de Daniel Ortega. Poseía una voz poderosa, dura y directa, la cual utilizaba para denunciar las injusticias en su natal Nicaragua, una postura que incomodaba profundamente al oficialismo.
Debido a su perfil y a la naturaleza del ataque, las autoridades no descartan que el crimen tuviera motivaciones políticas y fuera ordenado desde territorio nicaragüense.
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La captura del sospechoso: “Lloré de alegría y dolor”
Hace unos días, las autoridades costarricenses detuvieron a uno de los sospechosos de participar en el homicidio; se trata de un joven de 21 años. Claudia relató que se enteró de la captura por una llamada de sus abogados y que esa noche no pudo dormir.
“Desde la parte humana y personal, confieso que estaba muy emocionada de que lo hubieran capturado; llevaba ocho meses esperando esa noticia. Pero después lloré, porque te vuelve a caer el peso: un muchacho de 21 años, de la edad de mi hijo, que entró a mi casa a matar a mi esposo. Fue sentir de nuevo ese golpe, esa controversia entre la alegría y el dolor por la ausencia y el crimen”, expresó.
Sin embargo, ella tiene claro que este es solo el paso inicial: “Los autores materiales no son el fin; tenemos que llegar a los autores intelectuales que están cruzando la frontera", enfatizó Vargas.
Mensaje de solidaridad ante la violencia
En medio del dolor que alberga su corazón, Claudia aprovechó para enviar un mensaje de solidaridad a las familias costarricenses:
“Quiero solidarizarme con todas las personas y familiares que han perdido a un ser querido durante esta jornada tan dura en la que el crimen organizado ha golpeado a toda Costa Rica, y en especial a los familiares de las víctimas colaterales”, concluyó.
“Quisiera solidarizarme con todas ellas y decirles que, para mí, también ha sido sumamente doloroso escuchar cada noticia sobre lo que ha ocurrido en Costa Rica”, manifestó Vargas.
La viuda agradeció las múltiples muestras de cariño que ha recibido de “tanta gente maravillosa”. Relató que continuamente recibe mensajes en redes sociales de personas que le envían fortaleza y le brindan ánimo en su proceso.
Justicia como nuevo propósito
Hoy, Claudia continúa laborando en la Fundación Arias, donde ha encontrado un equipo que comprende su “duelo político”. Asegura que su activismo feminista y su labor como defensora de los derechos de los migrantes se mantienen más firmes que nunca.
“Me quedo en Costa Rica para acompañar el proceso de búsqueda de justicia. Vamos a llegar hasta quienes financiaron y mandaron a pervertir a la juventud costarricense con el sicariato”, sentenció.
Vargas cerró la charla con una profunda reflexión sobre el amor y la pérdida, titulada Tiempos y ausencias:
“Y yo les pregunto a ustedes, que han tenido que decir adiós a alguien que amaban; que han recogido memorias para convertirlas en presencia; ustedes que saben de tiempos y ausencias... Díganme: ¿qué es el tiempo cuando se extraña?”.




