Wilbert Degracia Santos tenía 18 años en enero de 2026 cuando se montó por primera vez a un avión. Iba rumbo a Chile para participar en un programa internacional y aquel viaje terminó siendo mucho más que conocer un país.
En el aeropuerto, ya dentro del avión, sentado y viendo por la ventana, el joven de la comunidad Ngäbe tuvo un momento de esos que se quedan para siempre.
“Estaba muy nervioso, pero me quedé viendo todo y comprendí que sí se puede. Analicé todo lo que había detrás de mí y en ese momento de reflexión en el aeropuerto, me preguntaba: ‘¿Cómo has llegado tan largo?’ Independientemente de donde tú vengas, puedes lograr esas cosas que ahora para mí no son imposibles. Entendí que puedo alcanzar cualquier sueño”.
LEA MÁS: Mateo, el milagro de san Ramón Nonato, volvió a la vida tras seis minutos sin respirar
Y esa idea se le quedó clavada. Wilbert vive en Roble de Laurel, en la zona sur, y estudia el segundo año del Bachillerato en la Enseñanza del Inglés en el Campus Coto de la Universidad Nacional (UNA). Su historia universitaria está marcada por una idea sencilla, pero enorme: estudiar fuera de su comunidad indígena para algún día volver y servir.
Regresar como profesor
Desde pequeño, conoció las dificultades que enfrentan muchos estudiantes de los territorios indígenas, especialmente en la educación.
“Desde ahí nace esa misión de estudiar y tal vez en un futuro servir a esas comunidades. No solo pienso en mi comunidad, espero servir a muchas de las indígenas que hay en el país”, explicó.
Wilbert no quiere quedarse únicamente con lo aprendido. Desde que comenzó sus estudios, tuvo claro que quería salir adelante porque había mucho por hacer.
“Yo dije, desde un principio, tengo que cambiar y puedo ser la voz de todas esas personas que tal vez muchas veces les da miedo expresarse, muchas veces les da miedo el qué dirán por ser del contexto indígena originario.
“Entonces también esa voz de ser quien alza la voz por los territorios indígenas o de defender los derechos de los pueblos originarios”, asegura.
Por eso escogió la enseñanza del inglés. Su sueño es llevar ese tercer idioma a los pueblos originarios y demostrarles a otros jóvenes que también pueden aprenderlo.
“El idioma para nuestros pueblos indígenas es una barrera. Hay muchos que aseguran que no pueden aprender otro o que se les hace muy complicado, pero yo creo firmemente en la capacidad que tienen los estudiantes y todos los indígenas”.
Quiere llevar tecnología
Aunque su carrera es el inglés, Wilbert tiene claro que hay otras necesidades urgentes que quiere atender cuando sea educador. Una de ellas es la tecnología.
“Muchos estudiantes no tienen ni celular, no saben qué es usar una computadora, por ejemplo. Entonces llevar a conocimiento lo que yo sé para esas personas sería muy importante”.
Él considera que las comunidades necesitan prepararse para un mundo que cambia todos los días y en el que la tecnología, la Internet y hasta la inteligencia artificial tienen cada vez más peso. Pero para él todo empieza por la educación.
Su abuelita, su motor
En ese camino, Wilbert no está solo. Habla con especial cariño de su abuelita Griselda Degracia, con quien se ha criado y a quien considera una de sus principales impulsoras.
“Ha sido uno de los pilares para que yo no deje de estudiar. Mi abuelita, con la que me he criado, me alegra que hoy día ella está muy orgullosa, muy feliz de verme estudiar.
“Estar tan lejos de casa es complicado, pero he contado con ese apoyo y creo que ha sido como uno de los principales motores para que yo pueda sobresalir en distintos ámbitos”, explicó.
Ella se preocupó cuando supo que su nieto viajaría solo, pero también se llenó de orgullo al verlo avanzar.
LEA MÁS: Desapareció su mamá y su papá tiene cáncer: la dura historia de joven que nos representará en Brasil
Wilbert ya ha representado a Costa Rica en actividades internacionales y sueña con hacer un intercambio o estudiar en el extranjero.
No quiere dejar a nadie atrás
Su liderazgo también lo ha llevado a trabajar por su comunidad. Junto con su familia, participa en un proyecto que organiza actividades navideñas para llevar alimentos, juguetes y otros recursos a comunidades indígenas que no siempre tienen la posibilidad de celebrar como quisieran.
Para Wilbert, ayudar no significa sentirse superior a nadie.
“Gracias a Dios, siempre he tenido ese aporte, pero por lo mismo no me ha cegado esa parte, sino he tomado la visión de otras personas porque creo que en un mundo tenemos que tomar las voces de todas las personas para poder construirlo”.
La Universidad Nacional (UNA) reconoció a Wilbert el pasado 26 de agosto con el Mérito Estudiantil Personal Social por su liderazgo, su compromiso con las comunidades indígenas y su vocación de servicio. Fue uno de los 200 estudiantes de facultades, centros, sedes y secciones regionales que recibieron una distinción por parte de la UNA.
Pero él mira más allá del reconocimiento. Se ve como profesor, activista de los derechos humanos y servidor de su comunidad.
“Creo que nosotros, como seres humanos, no solo tenemos una habilidad. Podemos servir desde nuestra profesión en diferentes ámbitos porque sí se puede, entendí que todo se puede”.








