Cuando un papá o una mamá recibe el diagnóstico de que su hijo tiene trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), surgen muchas dudas y preocupaciones.
En las redes sociales abunda mucha información que promete controlar este trastorno con solo eliminar ciertos alimentos de la dieta.
Para no caer en cuentos ni poner a sus chiquitos a hacer dietas que no sirven, la experta Nicole Rudín, vocera del Colegio de Profesionales en Nutrición (CPN), aclara todo este panorama. Ella advierte, de entrada, que la alimentación no causa ni puede curar el TDAH; sin embargo, una adecuada nutrición sí contribuye al bienestar del menor y ayuda a modular sus respuestas de comportamiento.
El famoso mito del azúcar: ¿Culpable o inocente?
Todos hemos escuchado que si un niño come dulces, automáticamente se vuelve hiperactivo. Sin embargo, la doctora Rudín explica que actualmente la evidencia científica no respalda esa afirmación.
Esto tampoco significa que los niños puedan comer todo el dulce que quieran. Todo debe tener un equilibrio para que tengan un correcto desarrollo.
“Actualmente la evidencia científica no respalda que el azúcar sea responsable de provocar conductas de hiperactividad en niños. Sin embargo, sí existen estudios observacionales donde se encontró una asociación entre el consumo de azúcar y alimentos ultraprocesados con un aumento en las conductas de TDAH”.
De hecho, en su práctica clínica diaria, muchos papás le aseguran que notan cambios favorables y una mayor concentración en sus hijos cuando les limitan el consumo de esos alimentos. El problema real de los productos muy azucarados es que desplazan a los alimentos que sí son nutritivos.
Ni dietas extremas ni vitaminas a lo loco
Otra equivocación que a veces cometen los papás con sus hijos es quitarles de golpe el gluten o los lácteos. Según la especialista, estas dietas restrictivas siguen siendo objeto de investigación y no son la primera línea de intervención para el TDAH. Solo se justifican si el paciente tiene alguna sensibilidad o condición gastrointestinal que requiera una valoración independiente.
Tampoco hay que correr a la farmacia a comprar vitaminas a lo loco pensando que les hacen falta. Aunque nutrientes como el hierro, el zinc, el magnesio y el omega-3 son claves para el cerebro, no todos los niños con TDAH tienen deficiencias. Cada caso debe valorarse con exámenes de laboratorio y suplementarse de forma totalmente personalizada.
También es fundamental procurar una buena alimentación y esta no requiere comprar cosas raras ni carísimas. En lugar de darles esos típicos cereales bajos en fibra y cargados de azúcar, colorantes y aditivos, la experta recomienda volver a lo nuestro.
Un desayuno con gallo pinto, huevo y aguacate es el ejemplo perfecto en la mesa de los ticos. Esta deliciosa comida les aporta carbohidratos complejos, buena proteína y grasas saludables para arrancar el día con toda la energía.
El grave error de pensar: “Que coma lo que sea”
A veces, por la corredera del día a día, los papás caen en un error muy frecuente que Rudín escucha en su consulta: “Le envío lo que sea, mientras el niño coma”.
La nutricionista es tajante al advertir que comer no es lo mismo que nutrirse y que caer en esa práctica nos lleva a tener niños con malnutrición. Tarde o temprano, esas deficiencias nutricionales pasarán una factura muy cara.
Para las meriendas escolares, en lugar de mandar jugos de cajita, paquetes y galletas de forma rutinaria, opte por cosas ricas y preparadas en casa.
Puede empacarles frutas, tortillas palmeadas con huevo, empanadas de plátano maduro con frijoles o hasta unos ricos pancakes de avena con mantequilla de maní. Y, por supuesto, todo esto debe ir acompañado de agua.
El gran consejo final de la experta es establecer rutinas y horarios para comer. Acostumbre a sus chiquitos a tener un desayuno variado antes de salir de casa y evite tener esos famosos “paquetillos” permanentemente en la alacena para reducir las tentaciones.


