La historia de Cristian Gerardo Cruz Duarte es de esas que se cocinan a fuego lento, con esfuerzo, sacrificios y muchas ganas de salir adelante.
A sus 38 años, este emprendedor aprovechó la cuchara de Masaya, Nicaragua, y convirtió una idea en un negocio que poco a poco se abre camino entre quienes buscan sabores diferentes en las calles de San José.
Su emprendimiento se llama “Las del Búfalo, Brochetas y más”, un proyecto que nació con la ilusión de construir algo propio y que hoy ofrece mucho más que pinchos: burritos a la parrilla, choripanes, sándwiches de carne, bandejitas y una variedad de salsas artesanales que se ha convertido en una de sus principales cartas de presentación.
Amante de la cocina
Cristian cuenta que desde joven estuvo ligado a la cocina, pero llegó un momento en que decidió dejar de trabajar para otros y apostar por su propio sueño.
“Mi sueño era hacer un emprendimiento, algo que pudiera darme trabajo y también generar empleo para otras personas. Además, sueño con que algún día esto pueda convertirse en una franquicia”, contó.
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El camino no ha sido sencillo. En 2019, comenzó en la calle, en La Cali (barrio La California de San José), donde dio los primeros pasos con su carrito aprovechando las noches y madrugadas tan activas en la zona.
Después, pasó a la calle de la Amargura, en San Pedro de Montes de Oca, lugar donde logró fortalecer su clientela de la vida nocturna, aunque luego llegó uno de los momentos más complicados para muchos pequeños empresarios: el COVID-19 en 2020.
“Cuando llegó la pandemia tuve que reinventarme. En ese momento vivía en Heredia y desde la casa empecé a vender pizzas y otros productos. Yo hacía los pedidos y los repartía, porque había que buscar la manera de seguir adelante”, recordó.
Marcar la diferencia
Con la reapertura de actividades, volvió a las calles, pero esta vez con más experiencia y con la idea clara de diferenciarse de otros negocios similares. Para Cristian, la clave ha estado en innovar constantemente y ofrecer productos con un sello propio.
“Hay muchos negocios de pinchos, hay muchas opciones, pero yo siempre he tratado de hacer las cosas diferentes. Me he reinventado, he buscado nuevas formas y hasta la fecha eso me ha ayudado a mantenerme”, explicó.
Uno de los secretos de “Las del Búfalo” está en sus salsas artesanales. Cristian prepara opciones como salsa de ajo y culantro, ajonjolí rostizado, maní rostizado, pejibaye y remolacha; sabores que, según cuenta, le han permitido ganarse la preferencia de sus clientes.
“Las salsas son una parte muy importante del negocio. Yo no uso solamente lo comercial, trato de hacer mis propias recetas, porque eso es lo que le da un toque diferente al producto”, comentó.
Actualmente, Cristian trabaja los fines de semana muy duro en su negocito. Los sábados está en la Feria del Agricultor de Pavas y los domingos en La Sabana, cerca de las canchas de patinaje, donde muchos clientes ya lo reconocen.
Adiós a las noches
Atrás quedaron las largas jornadas de madrugada, pues él decidió cambiar la vida nocturna por un horario más saludable y buscar nuevos espacios para crecer.
“Trabajar de noche pasa factura. Entonces decidí posicionarme de día, buscar ferias y lugares donde pudiera seguir creciendo. Ahora estoy enfocado en seguir avanzando y construir algo más grande”, afirmó.
Pero en la historia de Cristian hay otro ingrediente especial: la influencia de sus raíces nicaragüenses. Aunque nació en Costa Rica, lleva en sus venas la herencia de su familia de Masaya y ese vínculo se fortaleció gracias a su esposa y su suegra.
Su esposa, María René Mercado, y su suegra, Sofía Velázquez, ambas nicaragüenses, le ayudaron a incorporar sabores y técnicas tradicionales de Nicaragua que hoy forman parte fundamental del negocio.
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“Ellas me enseñaron muchas cosas. Me ayudaron a dar ese salto en el negocio con la cuchara nicaragüense, con esos sabores que yo antes desconocía. La carne tiene ese toque de adobo y preparación que aprendí de ellas”, explicó.
100% cuchara nicaragüense
Cristian también reconoce que detrás de cada plato hay una familia que lo acompaña. Tiene cuatro hijos y asegura que cada esfuerzo vale la pena cuando piensa en el futuro que quiere construir para ellos.
Para quienes sueñan con emprender, pero todavía no se animan, el consejo es sencillo: hacerlo con compromiso y paciencia.
“Si algo se les viene a la mente, háganlo, pero háganlo bien. No lo hagan por salir del paso ni lo dejen a medias. Hay que llevar procesos, no quejarse, ser agradecido y mantenerse enfocado. Cuando uno se mete en algo, tiene que comprometerse con uno mismo y no sabotearse”, aconsejó.
Hoy, Cristian sigue pulseándola con la misma energía del primer día. Sus brochetas y sus sabores con raíces nicaragüenses son la muestra de que los sueños también pueden cocinarse poco a poco, hasta convertirse en una realidad.





