Imagínese la escena típica de muchos hogares: mamá prepara la comida, les sirve a los niños, se asegura de que no falte nada en la mesa y, cuando por fin todos están listos, piensa en ella.
En muchas ocasiones, termina comiendo rápidamente, aprovechando lo que quedó en las ollas o soltando la conocida frase: “Yo como cuando puedo”.
En el marco de la celebración del Día de la Madre, este 15 de agosto, el Colegio de Profesionales en Nutrición hace un llamado de atención sobre esa dinámica cotidiana que, aunque parece normal, esconde una realidad que afecta directamente la salud y el bienestar de las mujeres.
La “olla de presión” de la carga mental
De acuerdo con la doctora Elizabeth Delgado, nutricionista del Colegio, las madres suelen ocupar el papel de cuidadoras principales y priorizan las necesidades de su familia antes que las propias.
“Esto no necesariamente ocurre por falta de interés en su salud, sino por falta de tiempo, cansancio, responsabilidades laborales y familiares y una carga mental constante”, explicó la especialista.
A eso se le suma un peso cultural de años que relaciona a la mujer directamente con la obligación de alimentar y cuidar a los demás.
El verdadero problema, señala Delgado, no es solo el hecho de “comer de última”, sino que esta rutina lleva a que la madre pase muchas horas sin comer o se salte tiempos de comida. Estas prácticas terminan pasando una factura pesada al cuerpo, provocando cansancio, dificultad para concentrarse, irritabilidad y que la madre llegue a la siguiente comida con un hambre excesiva.
Además, la experta nos recuerda que el trabajo de alimentar al hogar no empieza al encender el disco de la cocina.
Pensar en el menú, revisar la alacena, ir de compras, organizar los horarios y atender los gustos de cada integrante representa una carga mental inmensa. Cuando una sola persona asume todo esto, el resultado es el estrés y el agotamiento.
El mejor regalo no viene en una caja
Para este 15 de agosto, el Colegio de Profesionales en Nutrición propone cambiar la dinámica familiar y darle a mamá un regalo que no requiere dinero: quitarle parte de la carga y regalarle tiempo.
¿Cómo podemos ayudar para que la alimentación de mamá deje de estar en el último lugar de la lista? Los nutricionistas nos regalan estos consejos prácticos:
- Distribuir las tareas: La responsabilidad no debe ser de una sola persona. Alguien puede planificar el menú, otro puede hacer las compras y otro cocinar o lavar los platos. Los niños también pueden ayudar según su edad.
- Organización anticipada: Tener opciones prácticas y nutritivas a mano o adelantar preparaciones sencillas para varios días, ayuda a reducir el estrés en la cocina.
- Acciones pequeñas, pero reales: Se recomienda a las madres mantenerse hidratadas, evitar saltarse comidas, incorporar frutas, vegetales y proteínas y buscar espacios para comer con tranquilidad.
- Adiós a la perfección: “No necesitan preparar comidas perfectas todos los días. Una alimentación saludable debe ser sostenible y compatible con la vida real”, enfatizó Delgado.
Si alguien más asume las compras o la preparación de los alimentos, mamá podrá sentarse a comer con paz, descansar, hacer ejercicio o simplemente disfrutar de su tiempo libre.
Como bien recuerda la doctora Delgado: “Cuidarse no es egoísmo; también es una forma de cuidar a la familia”.


