Cada mañana, varios niños que viven en Nicaragua cruzan la frontera para ir a la escuela en Costa Rica.
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Su destino es la escuela Parcelas de París, en Upala, cuyo cantón se encuentra al norte de Alajuela, cerca al límite con Nicaragua, donde, al menos, 15 estudiantes llegan desde el país vecino para recibir clases.
Este centro educativo, ubicado a unos tres kilómetros de la frontera, recibe a niños de escuela y kínder, desde materno hasta sexto grado, según el programa del Ministerio de Educación Pública (MEP).
Marleny Soto, directora de la escuela, explicó que no es algo nuevo para la institución, pues desde hace años reciben estudiantes que viven en territorio nicaragüense.
“Siempre se han recibido estudiantes que cruzan la frontera, aunque la mayoría son costarricenses que viven en territorio nicaragüense”, comentó.
Según la directora, a lo largo del tiempo la cantidad de alumnos que llegan desde el país vecino ha variado.
“Todo el tiempo hemos tenido una población de entre 15 y 20 estudiantes que cruzan la frontera. A veces hemos llegado hasta 30 o 40 chicos que viven en el lado nicaragüense”, agregó.
Soto explicó que este año ha sido uno de los que reciben menos niños que viven en territorio nicaragüense, pues muchas familias optan por trasladarse a vivir a Costa Rica para que los estudiantes puedan acceder a beneficios como la beca de transporte.
“Hay niños que caminan hasta una hora para llegar al punto donde sale el bus. El papá o la mamá los deja en la frontera y ellos abordan el transporte estudiantil que llega hasta la escuela”, relató.
En el ciclo lectivo 2025 se reportaron 64.905 estudiantes extranjeros, de los cuales el 80% procedía de Nicaragua, según indicó Víctor Pineda, asesor nacional de educación intercultural del MEP al medio nicaragüense Onda Local.
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Matrícula abierta para todos
En Costa Rica, las escuelas y colegios no pueden negar la matrícula a niños o jóvenes, lo que abre oportunidades para que estudiantes de otras nacionalidades accedan al sistema educativo.
“No existe un documento que diga que nosotros no podemos aceptar a niños nicaragüenses que vivan del otro lado de la frontera. Lo único que establece el reglamento de matrícula es que no se le puede negar la matrícula a nadie”, afirmó Soto.
Según la directora de la institución, las familias matriculan a los chicos en la escuela porque les queda cerca y además, en territorio nicaragüense, justamente en la frontera, no hay un centro educativo donde puedan asistir.
De hecho, la escuela San José en Upala también recibe niños nicaragüenses. Hace unos años, el medio Voz de América publicó un artículo sobre los estudiantes que cruzan la frontera todos los días para ir a dicho centro educativo.
Esta escuela nos indicó que aún recibe niños nicaragüenses, pero ellos no cruzan la frontera, sino que viven en el país.
Aprenden sobre Costa Rica
Los estudiantes que cruzan la frontera reciben las mismas lecciones que el resto del alumnado y siguen el programa educativo establecido por el MEP.
Soto comentó que incluso una estudiante de sexto grado que vive en Nicaragua realizó recientemente las Pruebas Nacionales Estandarizadas Diagnósticas, en las que debió responder preguntas sobre geografía costarricense.
“Tienen que aprender todo lo referente a Costa Rica. No se hace una inclusión específica de Nicaragua en el programa. En materias como Estudios Sociales, por ejemplo, se estudia principalmente el contenido sobre Costa Rica”, explicó.
La directora explicó que adaptar el programa educativo para incluir contenidos del país vecino no es sencillo, ya que cualquier modificación debe ser aprobada por el ministerio.
Incluyen música nicaragüense en actividades
Aunque la escuela no realiza actividades exclusivamente nicaragüenses, el centro busca formas de que los estudiantes se sientan incluidos.
Por ejemplo, en celebraciones como el Día de las Madres o actividades de integración familiar, se incorpora música del país vecino.
“Ellos bailan el sobaqueado, que es un baile popular de Nicaragua. En algunas actividades se presentan ese tipo de bailes y también hemos participado en el Festival de las Artes con música nicaragüense”, contó Soto.
Para la directora, abrir las puertas a estos estudiantes también permite fomentar valores entre la comunidad educativa.
“Se promueve la solidaridad, la humanidad y la igualdad. Además, se garantiza el compromiso con el derecho a la educación por encima de cualquier barrera política. Este contexto también permite hablar de inclusión y de una mezcla de culturas”, expresó.
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