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Hay una iglesia en Costa Rica que tiene un cafetal en el cual se cosechan hasta 120 cajuelas por año

En San Isidro de Alajuela, la fe también se cultiva entre un cafetal y un frijolar. La cosecha es una ayuda económica para la parroquia y una muestra del cariño de una comunidad por su templo.

En la parroquia San Isidro Labrador, en Alajuela, las matas de café no están sembradas para que el jardín se vea bonito. ¡Qué va! Ahí se trabaja, se cuida cada mata y, cuando llega diciembre, comienza una cosecha que se convierte en una ayuda económica para la iglesia.

Este cafetal tiene una particularidad: es una iniciativa poco común en un templo católico costarricense, donde el café forma parte de la vida de la comunidad y también contribuye a sostener la obra parroquial.

Iglesia de San Isidro de Alajuela, única en el país con su propio cafetal
La parroquia San Isidro Labrador es un lugar donde la fe y las tradiciones agrícolas se encuentran: hasta el café que se cosecha en sus terrenos ayuda a mantener viva la obra de la Iglesia. (Rafael (Cédito Personalizado)/Rafael Pacheco Granados)

En una temporada normal, la cosecha ronda entre 100 y 120 cajuelas. Para diciembre del 2026, la esperanza es todavía mayor: se espera recoger unas 150 cajuelas si las condiciones lo permiten.

Don Eliécer Hernández Rivera, conocido por todo el mundo como Cheo, es uno de los grandes protagonistas de esta historia. A sus 72 años, conoce las matas, las revisa, las chinea y se preocupa por ellas como quien cuida algo muy querido.

Iglesia de San Isidro de Alajuela, única en el país con su propio cafetal
La iglesia San Isidro Labrador fue construida gracias al esfuerzo y la colaboración de los vecinos, que durante años trabajaron para hacer realidad el sueño de tener su propio templo. (Rafael (Cédito Personalizado)/Rafael Pacheco Granados)

“Yo vengo por la mañana y voy pasando por las matas, una por una. Las reviso y, si veo que alguna no está dando, le pregunto qué está pasando. Yo les hablo a todas. Hay cafetales que son agradecidos y otros que no, pero estos nos han respondido muy bien”, cuenta.

Cheo llegó a San Isidro cuando tenía unos siete años. Nació en Puriscal y lo llevaron a la zona para coger café. Lo que comenzó como una llegada para trabajar terminó por convertirse en una vida entera ligada a esta comunidad.

Iglesia de San Isidro de Alajuela, única en el país con su propio cafetal
La comunidad de San Isidro de Alajuela conserva una estrecha relación con el cultivo del café, una tradición que también se vive dentro de su iglesia. (Rafael Pacheco Granados/Rafael Pacheco Granados)

El cafetal de la iglesia empezó a tomar forma hace aproximadamente 13 años, cuando surgió la iniciativa de sembrar en un pequeño terreno.

La familia Vargas, vinculada históricamente con las fincas cafetaleras de la zona, ha colaborado con el cuidado de las plantas, el abono y los tratamientos necesarios.

Poco a poco fueron sembrando más matas hasta convertir aquel espacio en un cafetal que hoy produce y ayuda a la parroquia. La familia también colabora con el procesamiento del grano.

Iglesia de San Isidro de Alajuela, única en el país con su propio cafetal
Entre las plantas del cafetal hay distintas variedades de café, que don Cheo conoce muy bien gracias a los años que lleva cuidándolas. (Rafael Pacheco Granados/Rafael Pacheco Granados)

Cheo se faja duro directamente en la recolección. Cuando llega la temporada, se pone el canasto y se suma a la cogida, una labor que conoce desde niño.

En el terreno hay distintas matas y variedades de café, incluso algunas de grano amarillo. Para él, cada una tiene su particularidad y merece atención.

Iglesia de San Isidro de Alajuela, única en el país con su propio cafetal
Don Cheo, de 72 años, se pone manos a la obra para coger café en el cafetal de la parroquia San Isidro Labrador, en Alajuela. (Rafael Pacheco Granados/Rafael Pacheco Granados)

“Uno tiene que cuidarlas. No es solo sembrarlas y dejarlas ahí. Hay que estar pendiente, porque si uno quiere que den, tiene que atenderlas”, explica.

La agricultura parroquial no termina en el café. El padre Ronald Murillo Mora, actual cura párroco de la iglesia San Isidro Labrador, también ha impulsado la siembra de frijoles, una alternativa que ha permitido aprovechar el terreno y obtener recursos para la parroquia.

Iglesia de San Isidro de Alajuela, única en el país con su propio cafetal
El padre Ronald Murillo Mora, cura párroco de San Isidro Labrador, destaca el valor de una iniciativa que une la identidad agrícola de la comunidad con las necesidades de la Iglesia. (Rafael Pacheco Granados/Rafael Pacheco Granados)

Después de probar con otros cultivos, encontraron en los frijoles una opción que les permite recuperar la inversión mediante la venta de la cosecha. El producto se ha comercializado a unos ₡3.000 por kilo.

Así, entre el cafetal y el frijolar, la tierra se convierte en una aliada de la parroquia.

El padre Ronald considera que la iniciativa tiene un valor especial porque conecta la identidad agrícola de San Isidro con las necesidades de la Iglesia.

Iglesia de San Isidro de Alajuela, única en el país con su propio cafetal
Tiene adornos de ciprés que cuidan al mejor estilo del parque de Zarcero. (Rafael (Cédito Personalizado)/Rafael Pacheco Granados)

“Es una iniciativa muy significativa. San Isidro Labrador es el patrono de los agricultores y tiene mucho sentido que haya aquí un espacio dedicado a la agricultura.

“Además de lo que representa para la comunidad, los cultivos ayudan económicamente a la parroquia”, es la idea que destaca el sacerdote.

El párroco también resalta el ambiente de la zona, donde todavía se vive a un ritmo diferente al de las ciudades, con una relación cercana con la naturaleza y las tradiciones del campo.

Iglesia de San Isidro de Alajuela, única en el país con su propio cafetal
Además del café, en los terrenos de la parroquia se siembran frijoles, un cultivo que también genera ingresos mediante la venta de la cosecha. (Rafael (Cédito Personalizado)/Rafael Pacheco Granados)

La historia del templo también está sembrada de trabajo colectivo. Los registros históricos señalan que la primera ermita de San Isidro comenzó a construirse en 1901. La primera misa se celebró el 15 de mayo de 1906, cuando el templo todavía estaba en construcción.

Iglesia de San Isidro de Alajuela, única en el país con su propio cafetal
El frijolar es pequeñito, pero no crean, deja como unos 100 mil colones cuando se cosecha. (Rafael Pacheco Granados/Rafael Pacheco Granados)

Con el crecimiento de la comunidad surgió la necesidad de levantar una iglesia nueva. En julio de 1964, los vecinos organizaron una Junta Edificadora y los trabajos comenzaron el 15 de noviembre de 1965.

Iglesia de San Isidro de Alajuela, única en el país con su propio cafetal
Este cafetal no es de adorno: sus cosechas producen dinero que se destina a colaborar con las necesidades de la parroquia. (Rafael Pacheco Granados/Rafael Pacheco Granados)

La construcción avanzó gracias a las donaciones de materiales, los aportes económicos y el trabajo de muchas personas. El 29 de mayo de 1966 se colocó la primera piedra y, finalmente, el templo fue bendecido el 9 de mayo de 1971.

Décadas después, el 15 de mayo de 2008, San Isidro Labrador se convirtió oficialmente en parroquia.

Iglesia de San Isidro de Alajuela, única en el país con su propio cafetal
Andrés Delgado Sancho, de la comunidad, conoce la historia de una comunidad donde el café ha sido parte importante de su identidad. (Rafael Pacheco Granados/Rafael Pacheco Granados)

Andrés Delgado Sancho, vecino de toda la vida, conoce esa historia y recuerda que la tradición cafetalera es parte de la identidad de la comunidad. “El café llegó a la zona desde principios del siglo XX y las antiguas fincas marcaron el desarrollo de San Isidro”, aseguró.

Por eso, el cafetal de la iglesia no es una ocurrencia aislada: es también un reflejo del lugar donde está sembrado.

Iglesia de San Isidro de Alajuela, única en el país con su propio cafetal
Las matas de café crecen en terrenos de la parroquia San Isidro Labrador, donde la agricultura también se convirtió en una forma de generar recursos para la Iglesia. (Rafael Pacheco Granados/Rafael Pacheco Granados)

Cuando llegue diciembre y las matas estén cargadas, don Cheo volverá a recorrerlas y a recoger sus frutos. Cada cajuela tendrá detrás horas de cuidado, trabajo y esperanza.

Eduardo Vega

Eduardo Vega

Periodista desde 1994. Bachiller en Análisis de Sistemas de la Universidad Federada y egresado del posgrado en Comunicación de la UCR. Periodista del Año de La Teja en el 2017. Cubrió la Copa del Mundo Sub-20 de la FIFA en el 2001 en Argentina; la Copa del Mundo Mayor de la FIFA del 2010 en Sudáfrica; Copa de Oro en el 2007.