Con apenas 19 años, la nicaragüense Crystel Muñoz decidió dejar su natal Masaya y venirse a Costa Rica con una meta firme: salir adelante y construir un mejor futuro.
Llegó en junio del 2023 junto a su novio, Eliezer Cano, sin imaginar que el camino iba a ser tan duro, pero tampoco que terminaría encontrando una oportunidad en el lugar menos pensado: un semáforo.
Inicio cuesta arriba
Los primeros meses no fueron fáciles. Jornadas largas, trabajo nocturno y la presión del alquiler marcaron su inicio en el país.
“Al principio fue demasiado duro porque comencé a trabajar en una soda en el turno nocturno. Yo entraba a las 7 de la noche y salía al día siguiente a las 8 de la mañana, viajando de Heredia a San José.
“Fue un año completo así, muy complicado, y además a mi novio lo pasaban cambiando de trabajo, entonces todo se nos hacía cuesta arriba”, recordó, pero aclarando que a pesar de todo, nunca soltó su objetivo.
El semáforo que le cambió la vida
La historia dio un giro inesperado cuando decidió aprovechar una presa frente a su casa en San Rafael de Heredia.
Sin saber nada de repostería, compró una pequeña máquina de mini donas con apenas 20 mil colones y empezó a experimentar.
“Yo decía: ese semáforo tengo que aprovecharlo. Veía tantos carros ahí pegados y pensé qué podía vender que no me costara tanto. Vi un video en TikTok de unas minidonas y dije: ‘esto promete’. Empecé sin saber nada, viendo videos en YouTube hasta que di con la receta correcta”, contó.
El primer día que lo intentó marcó todo.
“Me fui a las 6 de la tarde a vender y vendí todo. La gente hasta me dejaba propina. Ahí supe que era un buen negocio”, dijo con una sonrisa.
Un negocio en crecimiento
Lo que comenzó como una idea improvisada hoy es su principal fuente de ingresos. Crystel pasó de tener una sola máquina a contar con varias, lo que le permite producir más rápido y atender mejor a su clientela.
Además, tiene claro que cada venta es una oportunidad para crecer y aprender. Con una sonrisa atiende a los clientes en medio del ruido de la calle, demostrando que la actitud también vende.
Poco a poco ha ido consolidando una clientela que ya la reconoce y la busca todos los días. Para ella, cada cajita de minidonas no solo representa ingresos, sino un paso más hacia ese futuro que tanto ha soñado desde que decidió dejar su país.
Además, combina su emprendimiento por las noches con un trabajo formal de día en atención al cliente, lo que le da estabilidad mientras sigue creciendo.
“Mi enfoque son las donas porque gano más que en la tienda, pero el salario fijo me ayuda. La meta es ahorrar, tener lo mío y seguir creciendo paso a paso”, explicó.
Sueños ya se empiezan a cumplir
Con esfuerzo, disciplina y fe, esta joven ya ha logrado varias metas: tiene su propia moto, ha ido comprando sus cosas y está cada vez más cerca de consolidar un local para un negocito junto a su pareja.
“Mi meta es recoger cierta cantidad de dinero, montar un negocio y comprarme un carro. Voy por buen camino. Ya hemos avanzado muchísimo. Él trabaja en barbería y pronto queremos tener todo completamente a nuestro nombre. Sentimos que sí, que vamos cumpliendo ese sueño”, aseguró.
Mensaje para otros jóvenes
Crystel no se guarda nada cuando se trata de aconsejar a otros jóvenes nicaragüenses que, como ella, buscan una oportunidad.
“Mi mensaje es que no se queden en la casa esperando trabajo. Hay que salir sin miedo y decir: hoy regreso con trabajo sí o sí. Y si no aparece, hay que crearlo.
“Cuando yo empecé a vender donas era porque no encontraba nada y estaba desesperada. Emprender te da libertad, te da experiencia y te acerca a tener algo propio. Si es tuyo, le vas a poner amor y dedicación”, afirmó.
Amada patria
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El sacrificio duele, pero vale la pena. Aunque asegura sentirse feliz en Costa Rica, hay algo que siempre le hace falta: su familia.
“Extraño mucho a mi familia y las cosas que tenía en Nicaragua. Allá vivía cerca de una laguna y podía salir con ellos, aquí no porque estoy enfocada en trabajar. Pero sé que todo esto vale la pena y que más adelante voy a poder disfrutarlo”, aclaró.





