La vida de Andrés Maroto, un joven cartaginés de 20 años, cambió cuando recibió una noticia que no esperaba: fue aceptado en una prestigiosa institución de artes escénicas en Glasgow, Escocia.
A finales de 2025, se enteró de que se había ganado un lugar en el Real Conservatorio de Escocia, el cual se encuentra entre las diez mejores instituciones de educación en artes escénicas del mundo.
Todo empezó cuando Maroto decidió enviar audiciones a diferentes instituciones fuera del país para ver si lo aceptaban. Se llevó la sorpresa de que varias instituciones lo querían, pero tuvo que elegir una y resultó ser el Real Conservatorio de Escocia.
La razón por la cual lo eligió esta es sencilla: es considerado uno de los mejores del mundo y eso lo atrajo.
“Además, tienen una culturalidad tan grande, una mezcla de países, eso es un agregado de valores que es insuperable. Tienen muchas áreas y me parece que todo genera una buena mezcla para estudiar ahí”, contó.
En unos meses, el cartaginés abordará un avión con destino al Reino Unido para continuar su formación como violinista. Según comentó, las clases se iniciarían el 21 de setiembre.
Su amor por la música nació en la niñez
Maroto agarró el violín a los 10 años y nunca lo soltó, más bien, este instrumento es su todo. Si no lo ven en la cocina o en otro lugar de la casa, el joven está en su rincón tocando el violín.
“Es una historia vacilona porque mis papás cuando querían casarse, querían contratar a un violinista para que tocara en la boda, pero no tenían plata. Entonces tuvieron que agarrar un casete con música de violín para la fiesta. Cuando escuché esa historia, me pareció curiosa”, contó el joven.
Aunque empezó con este instrumento a los 10 años, su amor por la música comenzó mucho antes.
A los ocho años ingresó en el Instituto Nacional de la Música. En ese momento tocó la flauta dulce durante dos años, hasta que se enamoró del violín.
“Como todos los papás, me instaron a que hiciera fútbol, taekwondo, aquí y allá, pero al final me metí al Instituto Nacional de la Música a los 8 años, y de ahí me pasé a la Universidad de Costa Rica, a los 10 años. Ahí crecí con el violín y hasta ahora que estoy en etapa universitaria”, comentó.
Cuando la música llegó a su vida, sintió algo muy fuerte por ella, según contó Maroto.
“Un día como hoy que estoy en vacaciones, me levanto, desayuno y me pongo a hacer violín. Ahora tengo algunos conciertos con la Sinfónica de Heredia y me pongo a estudiar. No me doy cuenta cuánto pasa el tiempo y cuando me entero, es hora del almuerzo, entonces como y sigo estudiando”, dijo.
El violín que resuena en la casa es un tesoro para él, pues sacó un préstamo para comprarlo el año pasado.
“Lo saqué mediante un préstamo y lo estoy pagando todavía. Termino en diciembre de este año”, comentó.
El violín no solo le llena el alma, sino que también le da platica a través de conciertos con la Orquesta Sinfónica de Heredia y algunas actividades en las que también lo contratan.
Le dieron beca, pero necesita ayuda económica
El cartaginés recibió una beca del 83%, que equivale a unos 60 millones de colones (aproximadamente $132.000) para los próximos años.
Sin embargo, necesita ayuda de la ciudadanía para cubrir el 17% restante. Según Maroto, le faltarían $103.000 (unos 46,8 millones de colones).
“Tengo que financiarme el 17% restante, más los costos de vivienda que no venían incluidos en la beca. También los costos de alimentación, manutención y viajes extras”, dijo.
Durante estos últimos meses, el joven intentó tocar puertas, pero le negaron. El reloj corre y aún no tiene el dinero restante para llegar tranquilo y cubrir sus necesidades durante sus estudios en Escocia.
“El reloj está sonando porque tenemos que concretar lo de la visa y es un proceso que todavía falta”, comentó.
Si usted quiere ayudar al joven, puede contactarlo al número 7143-4161. Maroto también estaría agradecido de que alguna empresa lo apoyara a cumplir este sueño por medio de un patrocinio.
El cartaginés dio un importante mensaje que todos deberíamos llevar en el corazón: “El esfuerzo no se hace solo, sino que hay que cultivarlo y al final se ven buenas cosechas”.






