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Vivió las erupciones de los volcanes Irazú y Arenal: don Miguel aún carga el dolor de perder seres queridos

Vivió la erupción del volcán Irazú y sobrevivió la del Arenal y aún carga el dolor de familiares y amigos perdidos

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Cuando don Miguel Quirós habla de volcanes, no lo hace como quien recuerda un capítulo de los libros de historia. Lo hace como alguien que estuvo ahí, que sintió el estruendo, vio caer la ceniza del volcán Irazú y aprendió que la vida puede cambiar en cuestión de segundos con el volcán Arenal.

Miguel Quirós vivió y sobrevivió dos de las tragedias volcánicas que más marcaron la historia de Costa Rica. Primero sobrevivió a la erupción del Irazú y, cinco años después, al despertar del Arenal. En la foto de hoy día con su esposa Lidia del Carmen Corrales Jiménez
Don Miguel Quirós vivió a las erupciones de los volcanes Irazú y Arenal, dos tragedias que marcaron su vida. En la foto, hoy día con su esposa doña Lidia. (Cortesía/Cortesía)

Siendo de San Carlos, se fue a San José por motivos de estudio y le tocó vivir las consecuencias de la erupción del volcán Irazú, que se inició en 1963, considerada por especialistas como una de las más devastadoras para Costa Rica desde el punto de vista económico y social.

Miguel Quirós vivió y sobrevivió dos de las tragedias volcánicas que más marcaron la historia de Costa Rica. Primero sobrevivió a la erupción del Irazú y, cinco años después, al despertar del Arenal. La foto cuando se casó con En la foto de hoy día con su esposa Lidia del Carmen Corrales Jiménez.
El día que don Miguel se casó con doña Lidia en San Carlos. (Cortesía/Cortesía)

Salió con un enorme susto y convencido de que jamás volvería a enfrentar una tragedia semejante.

Por el viento, la ceniza llegó a San José desde Cartago y don Miguel, recuerda, fue muy afectado. Incluso nos dice, gracias a la colaboración de la Asociación de Desarrollo Integral de La Fortuna (Adifort), que “su cuerpo hasta el día de hoy resiente haber respirado tanta ceniza del Irazú”.

Miguel Quirós vivió y sobrevivió dos de las tragedias volcánicas que más marcaron la historia de Costa Rica. Primero sobrevivió a la erupción del Irazú y, cinco años después, al despertar del Arenal
Vean la gran cantidad de familia de don Miguel y doña Lidia. Ni siquiera el volcán Arenal pudo evitar estas generaciones. (Cortesía/Cortesía)

Debido a esa realidad de la ceniza, mejor volvió a su zona natal.

Buscando empezar de nuevo, se marchó a La Fortuna de San Carlos, pero el destino volvería a cruzarlo con otro volcán.

Miguel Quirós vivió y sobrevivió dos de las tragedias volcánicas que más marcaron la historia de Costa Rica. Primero sobrevivió a la erupción del Irazú y, cinco años después, al despertar del Arenal
Esta foto la tiene don Miguel guardada para recordar cuando el Arenal se activó. (Cortesía/Cortesía)

Cinco años después, el 29 de julio de 1968, el Arenal despertó con una violencia inesperada y cambió para siempre su historia. Este 2026 se conmemoran 58 años de aquel despertar del Arenal.

El 29 de julio de 1968 lo que se creía era el cerro Arenal explotó y demostró que lejos de ser  un cerro era un volcán, el volcán Arenal, en esa explosión perdieron la vida más de 80 personas y quedaron sepultados los pueblos de Tabacón, Pueblo Nuevo y San Luis.
El volcán Arenal dejó de tirar lava y magma en el 2010, 52 años después de la gran erupción. (ADIFORT/Cortesía Adifort)

“Miedo, angustia, dolor... todo eso lo llevo dentro. Yo no sabía que traía la maldición del Irazú, porque me tocó vivir aquello y después también me tocó el Arenal. Eso lo marca a uno en un antes, un durante y un después de la vida”, recuerda hoy, a sus 77 años.

Mucho antes de la tragedia, en la casa de los Quirós había una conversación que muchos vecinos consideraban una exageración.

El 29 de julio de 1968 lo que se creía era el cerro Arenal explotó y demostró que lejos de ser  un cerro era un volcán, el volcán Arenal, en esa explosión perdieron la vida más de 80 personas y quedaron sepultados los pueblos de Tabacón, Pueblo Nuevo y San Luis.
Los sobrevivientes aún recuerdan con claridad el estruendo, la oscuridad y el miedo que marcó para siempre aquel 29 de julio de 1968. (ADIFORT/Cortesía Adifort)

Su padre insistía en que el Arenal era un volcán. Las fumarolas permanentes, los animales que aparecían muertos por los gases y el aumento de la temperatura del agua eran señales que, para él, no dejaban espacio para las dudas.

Miguel repetía aquello en la escuela y las burlas no tardaban en llegar.

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La erupción del volcán Arenal dejó más de 80 personas fallecidas y cambió para siempre la historia de La Fortuna de San Carlos. (ADIFORT/Cortesía Adifort)

“Yo decía que el Arenal era un volcán y me trataban de majadero y de tonto. Nadie me creía. Mi papá decía que algún día iba a despertar porque todas las señales estaban ahí”, asegura.

El 29 de julio de 1968 lo que se creía era el cerro Arenal explotó y demostró que lejos de ser  un cerro era un volcán, el volcán Arenal, en esa explosión perdieron la vida más de 80 personas y quedaron sepultados los pueblos de Tabacón, Pueblo Nuevo y San Luis.
Las comunidades de Tabacón y Pueblo Nuevo fueron las más golpeadas por la devastadora explosión del coloso sancarleño. (ADIFORT/Cortesía Adifort)

Décadas después, entiende que aquellas palabras tenían más verdad de la que muchos imaginaron.

La mañana del 29 de julio de 1968 parecía una más en La Fortuna. Sin embargo, en pocos minutos el estruendo del Arenal sembró el terror y destruyó pueblos enteros: Tabacón, Pueblo Nuevo y San Luis.

El 29 de julio de 1968 lo que se creía era el cerro Arenal explotó y demostró que lejos de ser  un cerro era un volcán, el volcán Arenal, en esa explosión perdieron la vida más de 80 personas y quedaron sepultados los pueblos de Tabacón, Pueblo Nuevo y San Luis.
Familias enteras con sus casas fueron enterradas tras la explosión. (ADIFORT/Cortesía Adifort)

Don Miguel trabajaba como perito del Banco Nacional cuando le pidieron quedarse a cargo de la radio de comunicación, uno de los pocos medios disponibles para informar lo que ocurría.

“Me tocó ver cuando el Arenal liberó toda esa fuerza. Fue terrible. Fue muy duro”. Dice con amargura.

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Los sobrevivientes volvieron a buscar sus familiares y en muchas familias no quedó nadie. (ADIFORT/Cortesía Adifort)

El golpe más doloroso llegó cuando supo que su tío, Honorio Bonilla, estaba entre las víctimas. Había salido a colaborar con las labores de rescate de personas y animales afectados por la erupción, pero nunca regresó.

A esa pérdida se sumó la de amigos, vecinos y conocidos con quienes compartía la vida cotidiana.

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Muy pocas palabras para agregarle a esta foto tan dura en las cercanías del Arenal. (ADIFORT/Cortesía Adifort)

“Todos tuvimos pérdidas. Perdimos familiares, amigos y hasta parte de nuestra identidad. Había momentos en que uno no sabía qué hacer. Nos quedamos con una mano adelante y otra atrás”, dice.

Con el paso de los años, don Miguel ayudó a reconstruir La Fortuna junto con otros vecinos y participó en iniciativas para fortalecer la comunidad.

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Limpiar la ceniza del Arenal era como misión imposible porque todos los días caían montones. (ADIFORT/Cortesía Adifort)

Sin embargo, asegura que la enseñanza más importante que dejó el Arenal no fue material, sino humana.

Por eso, cada vez que puede, comparte su historia con las nuevas generaciones.

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Foto de sobreviviente volviendo a lo que fueron sus casas a ver qué se recuperaba. (ADIFORT/Cortesía Adifort)

“Pueblo que no conoce su historia vuelve a repetir sus errores. Los jóvenes necesitan saber lo que vivimos para valorar lo que tienen y entender la fuerza de la naturaleza”, afirma.

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Antes de la tragedia se tomó esta foto desde el campanario de la iglesia. Se ve al fondo lo que para todos era el cerro Arenal. (ADIFORT/Cortesía Adifort)

Este 29 de julio, cuando se cumplen 58 años de la erupción del volcán Arenal, don Miguel sabe que sobrevivió dos veces a la furia de la naturaleza, pero también que hay heridas que ningún calendario logra borrar.

Cada aniversario, vuelven a su memoria los rostros de los familiares, amigos y vecinos que no regresaron a casa.

El 29 de julio de 1968 lo que se creía era el cerro Arenal explotó y demostró que lejos de ser  un cerro era un volcán, el volcán Arenal, en esa explosión perdieron la vida más de 80 personas y quedaron sepultados los pueblos de Tabacón, Pueblo Nuevo y San Luis.
Vean lo cerca que quedaba la iglesia del volcán Arenal. (ADIFORT/Cortesía Adifort)

Y mientras tenga fuerzas para contarlo, asegura, seguirá haciéndolo convencido de que recordar también es una manera de mantener viva la memoria de quienes perdieron la vida aquella mañana que cambió para siempre la historia de Costa Rica, para él, por su culpa, “porque me traje la maldición del Irazú para el Arenal”, vuelve a decir con dolor.

El 29 de julio de 1968 lo que se creía era el cerro Arenal explotó y demostró que lejos de ser  un cerro era un volcán, el volcán Arenal, en esa explosión perdieron la vida más de 80 personas y quedaron sepultados los pueblos de Tabacón, Pueblo Nuevo y San Luis.
Todo quemado: casas, ganado, bosques completos. Quienes volvían se encontraban con una realidad calcinada. (ADIFORT/Cortesía Adifort)
Eduardo Vega

Eduardo Vega

Periodista desde 1994. Bachiller en Análisis de Sistemas de la Universidad Federada y egresado del posgrado en Comunicación de la UCR. Periodista del Año de La Teja en el 2017. Cubrió la Copa del Mundo Sub-20 de la FIFA en el 2001 en Argentina; la Copa del Mundo Mayor de la FIFA del 2010 en Sudáfrica; Copa de Oro en el 2007.

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