Mientras cientos de romeros avanzan con los pies adoloridos, los músculos agotados y el corazón lleno de esperanza rumbo a la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, en Cartago, hay una mamá que no hace la peregrinación pensando en llegar primero.
Su misión es otra: detenerse cuantas veces sea necesario para aliviar el dolor de quienes sienten que ya no pueden dar un paso más.
Desde hace más de una década, doña Ivannia Blanco, quiropráctica de Pérez Zeledón, acompaña la romería brindando masajes terapéuticos, atención física y palabras de aliento a los peregrinos.
Lo hace convencida de que esa fue la tarea que la misma Virgencita de los Ángeles le encomendó durante una experiencia que, asegura, marcó su vida para siempre.
“La Virgen quería que ayudara a los demás”
Hace 14 años, Ivannia inició la romería desde Pérez Zeledón. Era la tercera vez que iniciaba el recorrido de 121 kilómetros divididos en cuatro días de caminatas cargadas de fe y devoción para cumplir sus promesas.
Mientras iba rumbo al sector conocido como División (en el distrito de Páramo, a unos 27 kilómetros de San Isidro del General) de pronto se desmayó.
La Cruz Roja la estabilizó en División y le indicó que, aunque todos sus signos vitales estaban normales, no podía continuar la romería y eso provocó que ella se pusiera a llorar, ya que sentía que le estaba fallando a la Negrita.
“Yo lloraba muchísimo porque no entendía por qué me estaba pasando eso. En ese momento se me acercó una señora con un delantal, unos zapatos de lona y un pañuelito en la cabeza. Me preguntó por qué lloraba y luego me explicó que la Virgen no quería que siguiera caminando, sino que me dedicara a ayudar a los demás”, recuerda.
Cuando levantó nuevamente la cabeza, aquella mujer ya no estaba. “Busqué a la señora y mi esposo me dijo que ahí no había estado nadie”.
“Los cruzrojistas también pensaron que yo estaba alucinando producto del desmayo, creyeron que seguía mal y me volvieron a revisar porque ellos tampoco vieron a la señora. Fue hasta después que comprendí que había recibido una misión”, cuenta con la misma emoción con la que revive aquel momento muy mariano.
De maquinaria pesada a masajes de amor
Hasta ese momento, Ivannia trabajaba manejando maquinaria pesada junto a su familia. Sin embargo, aquella experiencia despertó el deseo de prepararse para servir. Buscó un curso de masaje deportivo, aunque reconoció que ni siquiera tenía dinero para matricularse.
“Solo Dios y María Santísima saben cómo logré entrar. Yo quería aprender para ayudar un poquito. Creía que con solo aprender algo de masaje deportivo era suficiente, pero desde entonces nunca dejé de estudiar”.
Con el paso de los años, se convirtió en terapeuta, luego estudió estética y finalmente se especializó como quiropráctica. Hoy pone todos esos conocimientos al servicio de quienes enfrentan los 121 kilómetros que separan San Isidro de El General de la Basílica de los Ángeles.
Peregrinar masajeando con el corazón
Este año Ivannia integra nuevamente la comisión médica que acompaña la tradicional Romería generaleña. Son cerca de 30 personas que atienden a más de 800 peregrinos inscritos oficialmente, aunque en la práctica ayudan a cualquiera que lo necesite porque van casi mil.
LEA MÁS: ¿Va para la romería? Ojo, estas señales del cuerpo pueden avisarle que debe parar de inmediato
“No podemos dejar de atender a nadie. María Santísima no nos enseñó eso. Si alguien necesita ayuda, lo atendemos, tenga o no tenga brazalete de la inscripción oficial”, afirma.
Durante cuatro días, alivian calambres, lesiones, hipotermia, agotamiento y hasta el desánimo de quienes sienten que las fuerzas se terminaron.
“Muchas veces no solo damos un masaje. También escuchamos, damos ánimo y acompañamos. Somos seres humanos ayudando a otros seres humanos”.
Para ella, la mayor recompensa llega cuando observa a los romeros entrar a la basílica.
“Ver que todas esas personas lograron cumplir su promesa gracias a un pequeño esfuerzo de nosotros no tiene precio.
LEA MÁS: Romería 2026: Estos son los alimentos que no se deben consumir durante el recorrido
“Terminamos una romería y ya estamos pensando cómo mejorar la siguiente. Es nuestra manera de darle gracias al Señor y a la Virgen por todo lo que recibimos cada año”.
Este miércoles, cuando cientos de fieles vuelvan a emprender el camino hacia los pies de la Negrita, Ivannia no caminará buscando cumplir una promesa personal. Lo hará convencida de que hace 14 años la Virgen de los Ángeles le mostró un sendero diferente: el de aliviar el dolor de los demás para que ellos sí puedan llegar hasta su amada basílica.
Los romeros de Pérez Zeledón salen el miércoles 29 de julio de la catedral generaleña hasta Villa Mills para recorrer 41 kilómetros; el 30 de julio van de Villa Mills al albergue La Trindad; serán 35 kilómetros; el 31 de julio salen de La Trinidad hasta el albergue San Isidro de El Guarco de Cartago; son 33 kilómetros más.
Y el sábado 1 de agosto salen de la iglesia de San Isidro de El Guarco a la basílica de nuestra señora de los Ángeles en Cartago, cerrando con 12 kilómetros. En total, 121 kilómetros de recorrido.





