En los Juegos Deportivos Nacionales Limón 2026 nos encontramos a la familia Badilla-Estrada, para la cual el balonmano se integró a la vida diaria mucho antes de convertirse en competencia.
Está presente en la mesa, en las conversaciones después de los partidos y en la rutina diaria que gira alrededor de entrenamientos, viajes y jornadas largas.
Desde hace casi cuatro décadas, Alex Badilla transformó esa pasión personal en una herencia familiar que hoy comparten sus hijas dentro de la cancha y su esposa desde la gradería, todos con los mismos colores y el mismo nivel de compromiso.
Alex Badilla tiene 49 años y más de 39 vinculados al balonmano. Empezó a jugar cuando apenas tenía diez años y nunca más se alejó.
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Con el tiempo, esa relación se volvió una forma de vida que terminó marcando a todos en su casa.
“Para mí fue una forma de liberarme cuando era joven, de hacer algo que me gustaba y me apasionaba, y creo que eso se logró transmitir a las otras generaciones”, explicó el actual entrenador del equipo masculino y asistente del femenino de Cartago.
Traspasó la pasión
Ese legado llegó a sus hijas casi de manera natural. Pamela Badilla, la mayor, admite que al inicio el balonmano no fue una elección sencilla.
“Antes no me gustaba mucho, pero, aquí estamos”, dijo.
Hoy suma más de diez años en el deporte, se consolidó como una de las figuras del balonmano nacional y acumuló varias medallas de plata en Juegos Nacionales antes de alcanzar el anhelado oro en 2024, cuando Cartago se coronó campeón en Guanacaste.
En estos Juegos vive la experiencia desde otro lugar, como parte del cuerpo técnico, un rol que todavía está aprendiendo a asumir.
“Es diferente, quisiera estar jugando, estoy apenas aprendiendo a disfrutarlo desde este lado”, confesó.
Sofía Badilla, la menor, prácticamente creció dentro de una cancha y hoy es la portera titular del equipo femenino.
Con apenas ocho años en el balonmano ya sabe lo que es ganar una medalla de oro en Juegos Nacionales y entiende el proceso que hay detrás de ese logro.
“Ha sido muy bonito empezar desde pequeña y ver todo lo que costó llegar a ganar. Haber sido parte de ese equipo fue demasiado emocionante”, recordó.
La aficionada número 1
La historia de la familia no se entiende sin Marta Estrada, madre de las Badilla Estrada y esposa de Alex, aunque no juega ni dirige, cumple un papel fundamental. Desde la gradería vive cada partido con intensidad, sufre, celebra y acompaña a los equipos en todo momento.
“Ella es la más intensa de todas”, dijeron entre risas sus hijas. Su apoyo ha sido constante, no solo para su familia, sino también para muchos jóvenes del equipo cartaginés que la reconocen como una figura materna dentro del grupo.
“Es como la mamá del equipo”, coincidieron.
El camino no ha sido sencillo. El balonmano es un deporte exigente y costoso, donde el equipo adecuado marca la diferencia entre competir y lesionarse.
“Aquí no hay nada barato, los uniformes, los tenis, todo es caro si uno quiere evitar lesiones”, explicó Alex.
Aun así, la familia nunca lo vio como un gasto innecesario, sino como una inversión en formación.
“Uno deja la parte económica de lado para que ellas estén metidas en algo sano, que les ayude a desarrollarse como personas”, agregó.
Presentes en Limón 2026
La carga emocional también existe. Entrenar, competir y convivir siempre alrededor del mismo deporte puede ser agotador, pero nunca fue un motivo para alejarse.
“A veces cansa, pero seguimos porque es lo que nos gusta y con lo que crecimos”, coincidieron las hermanas.
Incluso cuando no juegan, el balonmano sigue presente en casa, donde los partidos se analizan, se comentan y se anticipan como parte de la rutina familiar.
Para Alex y Marta, ver a sus hijas desde el banquillo ha sido un aprendizaje constante.
“Uno lo maneja más fríamente porque está acostumbrado, aunque cuando hay lesiones fuertes sí se frustra, porque se les corta el ritmo”, reconoció Alex, dejando claro que los conflictos se quedan en la cancha y no se trasladan al hogar.
Para él, el mayor valor del balonmano nunca estuvo en lo económico, sino en ver a sus hijos formarse como personas disciplinadas y comprometidas dentro y fuera del deporte.
Hoy, en los Juegos Nacionales Limón 2026, la familia Badilla-Estrada vuelve a encontrarse desde distintos roles, pero con la misma pasión que los acompaña durante años, confirmando que el balonmano no fue una etapa, sino una forma de crecer juntos y unirse como familia.


