Hace unos días, una imagen muy particular comenzó a hacerse viral en diversas redes sociales. En la misma se veía un vehículo con una frase verdaderamente esperanzadora: “Jesús sanó a mi hija de cáncer infantil”.
Pese a que la noticia emocionó a quienes la vieron, también generó dudas: ¿De quién se hablaba? ¿Cuál era la historia? ¿Cómo sucedió?
Para responder a estas interrogantes, La Teja investigó más a fondo y fue así como descubrimos que los protagonistas eran Wendy Jiménez, Steven Tenorio y su pequeña hija Zaylee, quien tiene dos años y nueve meses.
Ellos han atravesado situaciones que requieren de una valentía incalculable para ser afrontadas.
Un trayecto difícil de afrontar
Todo comenzó el 22 de julio de 2025, cuando lo que parecía una simple anomalía visual se convirtió rápidamente en un diagnóstico difícil de asimilar.
Aquel día, los padres de Zaylee se percataron de que la pequeña tenía una “pelotita blanca” en su ojo derecho, por lo que decidieron llevarla a su centro de salud más cercano. ¿El diagnóstico original? Una catarata congénita que provocó una referencia médica urgente.
Sin embargo, la referencia fue rechazada en el Hospital de Liberia, ya que no hay un oftalmólogo pediátrico, por lo que el caso fue remitido al Hospital Nacional de Niños. Allí también tuvieron que reexpedir la solicitud hasta noviembre, hasta que finalmente consiguieron una cita para enero del presente año.
La primera valoración reveló un diagnóstico delicado: desprendimiento de retina y la necesidad de extraer quirúrgicamente el ojito de Zaylee. Sin embargo, un ultrasonido de emergencia y una cirugía de exploración inmediata revelaron la presencia de un retinoblastoma, un tipo de cáncer ocular pediátrico que requería tratamiento.
Un ejemplo de resiliencia
El impacto emocional tras el diagnóstico fue devastador.
“Para nosotros fue muy duro, era nuestra bebé de dos años. No sabíamos cómo afrontar la situación: la bebé no comía, el papá no comía, yo no comía... Tenía que estar todo el día con ella y nos turnábamos para que yo pudiera descansar”, relató Wendy a La Teja.
Sin embargo, había que reponerse pronto, ya que el mismo día del diagnóstico, el 2 de febrero de 2026, comenzaron los ciclos de quimioterapia, tres al mes y una revisión mensual con anestesia.
Pese a la dificultad y a los riesgos severos del tratamiento, como anemia e infecciones, la recuperación de Zaylee fue prácticamente milagrosa. Al primer mes ya no tenía células cancerígenas, para el segundo mes ya había reducido el tumor, para el tercer mes la mancha blanquecina estaba translúcida y para el cuarto y el quinto mes el tumor estaba en regresión.
Tras medio año de lucha, la familia recibió la noticia con la que tanto había soñado:
“La doctora finalmente decidió quitar las quimioterapias para ver cómo reaccionaba el tumor. Tengo cita en dos meses; mi bebé ya tocó la campana y está sana, pero mantiene control para revisarle el ojito”, nos comentó la madre.
Wendy también nos contó cómo la fe y el apoyo de la gente los sostuvieron durante el proceso:
“Dios y el pueblo nos han ayudado. Hemos hecho ventas de tamales y rifas para ir a las citas; tenemos otro hijo en la escuela y viajar de Guanacaste a San José implica muchos gastos. Sin embargo, vimos a nuestro pueblo de Colorado de Abangares unido para recoger fondos. Les puedo decir que la fe mueve montañas; pusimos todo en manos de Dios. Él es fiel y nos demostró que sabe lo que hace y lo hace perfecto”.
Hoy Zaylee forma parte del porcentaje de niños sobrevivientes al cáncer infantil en el país. Tras salir adelante, esta pequeña guerrera cuenta con visión reducida en su ojo derecho; sin embargo, según nos cuenta su madre, se mantiene sana y es “una niña muy independiente y feliz”.
Un mal constante en Costa Rica
El caso de Zaylee demuestra una realidad epidemiológica en la cual se diagnostican entre 140 y 160 casos anuales de cáncer infantil en el país (uno cada tres días). Pese a registrar una tasa de supervivencia alta (aproximadamente 80 %), las condiciones económicas e incluso la dificultad de traslado desde zonas rurales dificultan mucho la lucha contra esta enfermedad.
Además de esto, durante los últimos años el cáncer infantil se ha mantenido como una de las causas más comunes de muerte en menores a nivel del país, mientras que las leucemias siguen ocupando el primer lugar de incidencia, acaparando entre el 40% y el 50% de los diagnósticos totales.
Debido a esto, la detección temprana es vital para luchar contra este mal, por lo que los centros médicos recomiendan constantemente estar atentos a señales como fiebres persistentes, sangrados, moretones y dolores de cabeza severos para evitar consecuencias mayores.
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