Marlen Rozencwaig es un claro ejemplo para su hija y para muchas personas de que las cosas pasan por una razón y, en vez de quejarse, hay que vivir con gratitud y ganas.
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A inicios de 2017 recibió una de las noticias que uno jamás desearía escuchar: le encontraron cáncer de mama. A partir de ese momento vivió años de tortura, pero no perdió las ganas de vivir porque quería ver crecer a su hija, quien tenía apenas año y medio.
“Me golpeé con el codo en el pecho izquierdo y sentí una pelota. Sabía que era algo malo; me tiré al suelo y empecé a palparme. Esa fue la primera vez, con 38 años, me hice un autoexamen”, contó doña Marlen, quien es sicóloga.
A los días se le puso duro el seno izquierdo y se le hizo un hematoma. El médico le confirmó, por medio de una llamada, que analizó la pelota y que era cáncer.
“El mundo se me hizo añicos, lo único que pensaba era con quién dejo a mi hija”, comentó.
Tras recibir la noticia, llamó a su mamá y le contó lo ocurrido. A las tres semanas, estaba sentada frente al oncólogo.
Se tomó la decisión de practicarle una mastectomía bilateral después de tratar de sacarle la sangre acumulada, antes de que el cáncer se le fuera al cerebro.
Doña Marlen explicó que, aunque el otro seno estaba sano, había un 85% de que tuviera un tumor ahí, por lo que decidió operarse para reducir los chances.
“La operación duró más de 10 horas y posteriormente, casi me muero porque me dio una reacción”, dijo.
El doctor que la operó la motivó a que se moviera.
“Siempre dije que el cáncer se había equivocado de cuerpo, si iba a ser agresivo conmigo, yo iba a ser mucho más agresiva con él porque tenía que sacar a una niña adelante y yo estaba joven y quería vivir”, expresó.
Su hija fue su motivación para seguir luchando. Doña Marlen atravesó años de tratamientos hasta quedar libre de la enfermedad.
Le practicaron 12 ciclos de quimioterapia. Explicó que a las personas con cáncer de mama se les manda la quimio cada tres semanas, pero debido a que su cáncer era muy agresivo, tenía que ir cada dos semanas.
Luego tuvo que atravesar 32 sesiones de radioterapia. Hasta el año pasado le quitaron la quimioterapia tomada; tuvo un largo proceso, pues en el 2024 le detectaron un nódulo en la paratiroides y la tenían que operar.
Durante estos tratamientos, su mamá fue un apoyo importante, especialmente para cuidar de su hija.
“Mi mamá fue una pieza fundamental. Ella y mi hija son mis dos rocas de vida”, dijo.
Uno de los mayores miedos de doña Marlen es dejar sola a su hija y no poder verla crecer.
“Negocié con Dios y le dije que si me dejaba vivir, no me iba a perder nada con mi hija”, comentó.
El cáncer le hizo ser más empática con la gente que atraviesa cualquier enfermedad.
“Tengo muchísimo más empatía hacia cualquier persona porque conozco toda sensación, en cada poro de mí. Sé lo que es el dolor, el miedo de que la muerte te toca y te dice ‘vámonos’”, comentó.
Hace cinco meses le quitaron el útero, pues estaba empezando un proceso de cáncer de endometrio.
El deporte fue su refugio
Doña Marlen es amante del deporte desde que era niña y es maratonista internacional.
Ella corrió la maratón de Berlín apenas seis meses después de terminar la quimioterapia y sin entrenamiento alguno.
“El deporte ha sido un refugio de vida”, dijo.
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Mientras luchaba contra el cáncer, le dijeron que no podía practicar deporte porque el catéter que le colocaron en el pecho se podía dislocar. Pero no hizo caso y siguió practicándolo, como una forma de vivir en medio del dolor.
Sacó un libro con su testimonio
Doña Marlen sacó su libro llamado “Desde la gratitud” hace cuatro semanas, en el cual cuenta su testimonio. Duró cinco años en escribirlo.
“El libro lo diseñé todo yo. El naranja es de mis colores favoritos porque representa armonía. Yo sabía que si algún día escribía el libro, se iba a llamar así porque no hallo otra forma de vivir mi vida antes de la gratitud”, comentó.
Con su testimonio, espera inspirar y ser una guía para otras personas que atraviesan alguna enfermedad.
“Quiero que sepan que tienen un amor infinito en Dios. Cuando nos llenamos de una fe inquebrantable y nuestros pensamientos de positivismo, agradecimiento, hay mucho más probabilidad que el camino siempre encontremos una luz por más oscuro que sea el camino”, expresó.
“Cualquier emoción que estén atravesando, sea miedo, dolor, llanto, enojo, es normal y se va a pasar. Todo en la vida es temporal”, añadió.
Si usted quiere leer su libro, puede contactar a doña Marlen al 8881-0018 o encontrar información en sus redes sociales: TikTok (marlenrozen), Instagram (marlenrozen2025) y su sitio web.
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