Cada mañana, cuando el parque de Zarcero empieza a recibir a los primeros visitantes, don Víctor Acuña toma las tijeras y se acerca a los cipreses con el mismo respeto con el que un escultor toca una obra de arte.
Durante años aprendió de don Evangelista Blanco Brenes, Lista, como le decía de cariño, por años de ser amigos, observando cómo unas simples ramas de ciprés se convertían en elefantes, osos, arcos, puentes y figuras que terminaron convirtiéndose en uno de los mayores orgullos de Costa Rica.
Hoy, a sus 72 años, es el encargado de mantener vivo ese legado.
Tras el fallecimiento de don Evangelista, el 27 de junio del 2023, comenzaron a circular rumores de que el parque sería transformado, que desaparecerían los jardines e incluso que las famosas esculturas de ciprés serían eliminadas.
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Sin embargo, la realidad es completamente distinta. El legado del maestro permanece intacto y, además de conservarse, continúa creciendo de la mano del discípulo que él mismo comenzó a formar varios años antes de fallecer.
Aprendiendo poco a poco
Don Víctor nació a menos de 200 metros del parque de Zarcero. Jamás imaginó que un día sería él quien tendría la responsabilidad de mantener hermoso ese sitio.
“Primero (don Evangelista) me empezó a enseñar a peluquear (chapear los jardines y los cipreses sin pensar en hacer figuras).
“Después ya me daba algunas ideas para hacer las figuras. Ahí fui aprendiendo poco a poco”, recuerda con la sencillez de quien habla de un oficio que aprendió amorosamente al lado de un maestro.
Hace como tres años, cuando don Lista ya no podía hacerse cargo del parque, la comunidad volvió a buscar a don Víctor. Él aceptó el reto y desde entonces dedica cada mañana entre cuatro y cinco horas a mantener impecables los jardines que miles de turistas visitan cada año.
Gracias a esa enseñanza, las esculturas continúan renovándose. “Estoy haciendo unos elefantes, un oso y después un corazón. Después vamos a ver qué quieren que haga: una mariposa y otras figuras.
“La gente pasa y me dice: ‘Gracias a Dios que a usted le quedó algo de Evangelista’. Eso lo motiva a uno. Esto no es porque uno quiera, sino que es un don que Dios me ha dado”, afirma con una sonrisa.
Una vida ligada al parque
Don Víctor no solo nació cerquita del parque. También formó su vida alrededor de ese lugar que hoy cuida con tanto orgullo.
Está casado con doña Noemi Cubero. Es padre de tres hijos y disfruta de tres nietos, quienes, como cualquier vecino de Zarcero, también han crecido jugando y caminando entre las esculturas de ciprés que hicieron famoso al cantón.
A sus 72 años, asegura que el trabajo sigue siendo parte fundamental de su vida. Aunque ya podría quedarse en casa, prefiere levantarse temprano y recorrer los jardines que conoce perfectamente.
Para él, el parque nunca ha sido únicamente un sitio turístico.
Es parte de su propia historia. Lo vio transformarse con el paso de los años, observó cómo las figuras de ciprés iban sorprendiendo cada vez a más visitantes y ahora siente la responsabilidad de que sus hijos, sus nietos y las futuras generaciones encuentren el mismo paisaje que él admiró desde pequeño.
Don Eduardo está aprendiendo
Lejos de acabarse, la historia apenas suma un nuevo capítulo. Don Víctor ya comenzó a transmitir sus conocimientos a otro jardinero, don Eduardo Miranda Pérez, para que, cuando llegue el momento, exista un relevo capaz de conservar uno de los jardines más famosos del país.
“Yo lo estoy enseñando para que quede como relevo. Uno toda la vida ha estado acostumbrado a trabajar, y llegar a meterse a la casa ya no... Mientras Dios me dé vida aquí voy a seguir”, asegura.
Reconoce que mantener el parque no consiste únicamente en podar árboles. Hay conocimientos que solo se adquieren con años de práctica y junto a alguien que domine el oficio.
“En estos momentos, sinceramente, no hay nadie. Puede venir cualquiera, pero ya para hacer una figura... eso fue lo que él (don Evangelista) me enseñó”, comenta.
¿Entrevistamos a don Eduardo? No. Ni una palabra. Saben por qué, por una frase que nos dijo don Víctor: “El parque de Zarcero seguirá hermoso porque todavía queda Víctor para rato”… Ya le llegará el momento a don Eduardo.
Seguirá siendo el mismo
Marvin Cubillo, integrante del Comité Parroquial del Parque de San Rafael, fue muy firme en desmentir los comentarios que aseguran que el parque perderá su esencia o que va a desaparecer.
“Jamás de la vida. Lo que se ha hecho es sustituir algunos cipreses que ya habían cumplido su ciclo, mejorar la seguridad y sembrar nuevos árboles.
“Don Evangelista conoció parte de esos cambios y estuvo de acuerdo porque entendía que los árboles tampoco son eternos. Nunca se ha pensado eliminar las zonas verdes ni las esculturas”, explicó.
Las mejoras incluyen nueva iluminación, cámaras de vigilancia, ampliación del sistema de riego automático y un futuro parador fotográfico para que los visitantes puedan llevarse un recuerdo de Zarcero sin afectar las áreas verdes.
Un legado que sigue floreciendo
Evangelista Blanco Brenes nació en Zarcero el 26 de octubre de 1938 y comenzó a trabajar en el jardín frente a la iglesia de San Rafael Arcángel en 1964.
Con paciencia, creatividad y unas tijeras de podar convirtió los cipreses en esculturas vivas que dieron identidad al cantón y reconocimiento internacional.
Su obra le valió el Premio Nacional de Cultura Popular Tradicional Emilia Prieto y un homenaje de la Comisión Costarricense de Cooperación con la UNESCO por su aporte al arte, la cultura y la historia del país.
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Hoy, mientras cientos de personas siguen fotografiándose bajo los famosos arcos de ciprés, pocos saben que detrás de cada nuevo corte de tijera hay un hombre, don Víctor, quien un día aprendió del propio Lista y que ahora enseña ese mismo oficio a otra persona.
Gracias a esa cadena de aprendizaje, el parque de Zarcero no solo conserva su esencia: tiene futuro.













