El ruido, el tiempo y todo se detuvo unos instantes en el gimnasio del Liceo de Matina, en Limón. El ambiente se llenó de amor y ternura y todos los presentes volvieron a ver para el mismo lado, donde estaban un adulta mayor y una joven dándose tremendo abrazo, llorando y festejando.
Entre el rudo deporte de las pesas, la halterofilia de los Juegos Nacionales Limón 2026 regaló una de esas escenas que no se miden en kilos, sino en amor.
La protagonista fue Tamara González Villalobos, una herediana de pura cepa, vecina de Heredia centro, de apenas 14 años, que levantó pesas como gigante y abrazó llena de amor a su bisabuelita, con las medallas en la mano.
Tamara compitió en la categoría juvenil femenina +77 kilogramos y lo hizo a lo grande: tres medallas de oro, dos récords nacionales rotos y un total de 123 kilogramos levantados.
En arranque pasó el récord nacional de 50 a 53 kilos y en envión lo subió de 55 a 70, superando marcas que eran suyas, pero dejando claro que su techo todavía está muy alto.
Sin embargo, nada de eso la preparó para el momento en que el micrófono anunció la premiación y ella supo que lo más pesado que iba a cargar esa tarde era el amor y la ternura.
Bisabuelita se “preparó” para Limón 2026
“Desde antes de competir yo estaba llorando de la felicidad. Mi bisabuelita siempre va a verme, fue a Hojancha en 2024 y este año se cuidó un montón para poder venir a Limón 2026.
“Mi tía abuela le llevaba una dieta especial y eso a mí me motivó demasiado. Yo quería luchar por el oro para que ella me viera y dedicarle esas medallas”, contó Tamara, todavía con los ojos aguados, pero la sonrisa firme.
La bisabuelita se llama María Teresa Guillén Calderón, tiene 85 años y, muy disciplinada, también se “preparó” para los Juegos Nacionales.
Mientras Tamara entrenaba con barras bajo la guía del entrenador Mario Araya, la señora cuidaba su alimentación, descansaba y se protegía como toda una atleta porque tenía una sola meta: llegar sana para ver competir a su bisnieta en el Caribe.
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Un abrazo que no se olvida
“Cuando gané el oro me fui al área de calentamiento a esperar que me llamaran a la premiación. Yo había hablado antes con mi entrenador y con la Federación para pedir permiso y que mi bisabuelita me colgara al menos una medalla.
“Ella fue la que me puso dos: la de envión y la del total. El abrazo fue tremendo, lleno de amor, lloramos muchísimo”, recordó la joven levantadora de pesas.
Las imágenes quedaron grabadas para siempre: Tamara y su bisabuelita fundidas en un abrazo largo, tembloroso, con lágrimas que caen sin permiso; y luego, ambas llorando juntas, como si el tiempo se hubiera encogido y solo existieran ellas dos, el oro brillando y una vida entera de amor compartido.
Del boxeo a la halterofilia
La historia deportiva de Tamara comenzó casi por casualidad. En 2023 entró al boxeo buscando disciplina, pero el entrenador de halterofilia Mario Araya la vio, detectó su potencial y la convenció de probar.
“Fue amor a primera vista. Empecé como prueba, por si no me gustaba, pero me enamoré de todo. Aquí sigo con don Mario desde ese año”, explicó la atleta, quien ya había competido en sus primeros Juegos Nacionales en Hojancha 2024, donde ganó dos platas y un bronce.
Pan casero y medallas que saben mejor
Fuera del gimnasio, Tamara es estudiante del Colegio Técnico de Mercedes Norte, sueña con especializarse en electrónica industrial o mecánica y, algún día, estudiar Ingeniería Aeroespacial.
En su tiempo libre entrena y cocina, una pasión que heredó directamente de su bisabuela.
“Ella me enseñó a hacer pan casero con la receta secreta de la familia. Cocinar me relaja, sobre todo postres y galletas. Y esos oros, con mi bisabuelita ahí, saben más deliciosos”, dijo, entre risas y lágrimas.
Una familia que lloró unida
Para la mamá, Karen Villalobos, y el papá, Jonathan González, el momento fue simplemente desbordante.
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“Estamos superorgullosos. Yo tengo un salón de belleza y paramos todo para ver la premiación. No sabíamos lo de la bisabuela entregando las medallas, fue superemotivo, lloré muchísimo. Todos lloramos”, contó.
Así terminó la participación de Tamara González Villalobos en los Juegos Nacionales Limón 2026: con tres preseas doradas al cuello, dos récords en los registros y un recuerdo que pesa más que cualquier oro.
Porque que una bisabuelita te ponga las medallas no se entrena… se vive. Y se guarda para toda la vida.







