Durante años, muchas familias de El Establo de Pitahaya, en Puntarenas, vivieron entre la pesca, los trabajos ocasionales y las largas jornadas en los cultivos de caña en los alrededores del manglar puntarenense.
La vida pasaba así, pegada al manglar, al mar y a la caña, hasta que un día un enjambre de abejas apareció frente a ellos y unos voluntarios internacionales que de casualidad estaban en la zona, eso terminó cambiándoles la historia.
Hoy, ese inesperado encuentro con las abejas se convirtió en ApiMangle, un emprendimiento comunitario que mezcla apicultura, conservación ambiental y turismo sostenible, mientras ayuda a decenas de vecinos a generar ingresos cuidando uno de los ecosistemas más importantes de Costa Rica.
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La historia cobra todavía más sentido este 22 de mayo, fecha en la que se celebra el Día Mundial de la Diversidad Biológica, una conmemoración que busca recordar la importancia de proteger la vida natural y los ecosistemas que sostienen al planeta.
“Nadie sabía nada de abejas”
Steven Calderón Rodríguez, vicepresidente de ApiMangle y vecino de la comunidad, recuerda que hace apenas tres años ninguno imaginaba que terminarían trabajando rodeados de colmenas.
La mayoría de los vecinos se dedicaba a la pesca artesanal, al trabajo doméstico o al cultivo de caña en las plantaciones cercanas al manglar, en el ingenio El Palmar.
“Nosotros vivimos al lado del manglar puntarenense y estábamos trabajando en temas de conservación cuando llegó un enjambre de abejas. Hubo una persona que mantuvo la calma y nos explicó cómo reaccionar y cómo comportarnos con ellas.
“Todos quedamos sorprendidos y ahí comenzó la idea de crear algo relacionado con apicultura dentro del manglar. Lo más increíble es que ninguno sabía absolutamente nada de abejas”, contó Steven.
Aquella curiosidad terminó convirtiéndose en una oportunidad de vida para varias familias.
Con apoyo inicial del Grupo Corcovado y posteriormente de Fundación MarViva, comenzaron a capacitarse, aprendieron sobre manejo de colmenas, comercialización y producción de miel.
También recibieron ayuda con trajes especiales, equipo de seguridad, envases y estrategias para desarrollar turismo rural comunitario.
Una miel nacida del manglar
ApiMangle produce una miel muy distinta a cualquier otra del país.
Las abejas de la especie Apis mellifera (también conocida como abeja doméstica o abeja apia), que son las que los porteños protegen, toman agua del mar y eso provoca que la miel tenga características únicas que sorprenden a quienes la prueban por primera vez.
“Nuestra miel tiene tonalidades muy diferentes al resto de la miel del país, incluso algunas personas sienten un sabor un poco salado.
“Eso pasa porque las abejas toman agua del manglar. Es una miel especial, diferente y muy ligada a nuestro territorio”, explicó Calderón.
El proyecto comenzó con ocho colmenas, luego creció a 15 y actualmente mantienen 10 debido a algunas plagas propias del ecosistema del manglar.
A pesar de los retos, la iniciativa sigue creciendo y ya se convirtió en una experiencia turística buscada por nacionales y extranjeros.
Turismo con amor por la naturaleza
Además de vender miel y productos derivados, ApiMangle organiza tours educativos y experiencias sensoriales donde los visitantes conocen las colmenas y aprenden sobre la importancia de proteger los manglares.
Las actividades incluyen degustaciones, recorridos guiados y charlas ambientales enfocadas en la biodiversidad y el cambio climático.
“La experiencia ha sido muy bonita porque la gente disfruta muchísimo estar rodeada de abejas y entender cómo funcionan. También aprenden sobre el manglar y sobre la importancia que tiene para nuestras costas, para Costa Rica y para el planeta entero”, dijo Steven.
Manglares que protegen vidas
Los manglares son considerados ecosistemas clave para la protección de las costas, ya que funcionan como barreras naturales ante inundaciones, mareas altas y fenómenos climáticos extremos.
Además, ayudan a capturar dióxido de carbono y sirven como refugio para numerosas especies marinas.
Melissa Álvarez Barquero, gerente de comunicaciones de Fundación MarViva, aseguró que ApiMangle demuestra cómo las comunidades pueden generar oportunidades económicas sin destruir la naturaleza.
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