Con apenas 4 añitos, Franco Hernández dio una lección de humanidad no solo en Costa Rica, su mensaje fue tan lindo que le dio la vuelta al mundo.
Como todo niño, lo hizo sin buscar fama, sin cámaras profesionales y sin imaginar que un gesto tan sencillo como regalarles sándwiches a los recolectores de basura iba a terminar tocando millones de corazones.
De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), al 13 de mayo del 2026 Costa Rica tiene 5.044.197 habitantes. Pues bien, les confirmamos que el video de Franco en Instagram ha sido visto por 5.700.000 personas. Mucho más que la población costarricense al día de hoy.
Todo comenzó en Zapote, cuando doña Karol Sáenz, la mamá, grabó uno de los videos diarios que suele compartir en redes sociales. Ella acostumbra publicar momentos familiares, recetas y ocurrencias de Franco, pero jamás imaginó que aquella grabación se convertiría en un fenómeno viral.
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“Él me dijo: ‘mami, ¿y si les damos sanguichitos a los muchachos que recogen la basura?’. Entonces grabé cuando los preparábamos y después cuando él se los entregó. Fue algo demasiado natural y genuino”, recordó doña Karol.
El video explotó en redes sociales de una manera que todavía hoy la familia no logra dimensionar. Solo en Instagram suma más de 5,7 millones de reproducciones, además de miles de comentarios, compartidos y mensajes provenientes de, al menos, 17 países, confirma la mamá.
Gesto sencillo se volvió gigante
Doña Karol asegura que lo más impactante no han sido los números, sino la reacción emocional de la gente. Personas de diferentes partes del mundo le escriben diciéndole que lloraron con el video, que recuperaron la esperanza en la humanidad o que, incluso, comenzaron a enseñarles a sus hijos a tener más empatía con quienes trabajan sirviendo a los demás.
“Jamás había tenido un video así. Lo máximo que había alcanzado eran 70 mil vistas. Ahora esto se salió completamente de nuestras manos. Un canal de Ecuador, incluso, compartió la historia. Ha sido impresionante ver cómo algo tan pequeño puede generar tanto amor”, contó muy conmovida la mamita.
La reacción fue tan grande que la Municipalidad de San José decidió invitar a Franco al plantel municipal para agradecerle el gesto. Ahí pudo conocer de cerca el trabajo de los recolectores y hasta recibió una placa como “Ciudadano de Honor”.
Para doña Karol, aquello fue profundamente emotivo, especialmente por la manera tan cariñosa en que trataron a su hijo.
“Con su corazoncito logró empatizar con muchísimas personas y dar una pequeña lección de vida. Nosotros le enseñamos que si uno puede alegrarle el día a alguien, ¿por qué no hacerlo? Él no solo es así con los recolectores, también con repartidores de comida y con cualquier persona. Tiene un corazón demasiado noble”, dice.
Un niño amoroso y escuchado
La mamá define a Franco como un niño libre, alegre, curioso y muy amoroso. Dice que desde pequeño le han enseñado valores tanto con palabras como con acciones, pero también reconoce que muchas de sus muestras de cariño nacen naturalmente de él.
“Es un niño líder, superescuchado y amado. Nosotros le damos espacio para opinar, conversar y expresarse. A veces los adultos no escuchamos a los niños y ellos tienen muchísimo que decir.
“Franco entra en conversaciones, propone soluciones y siempre está pendiente de los demás, incluso de sus compañeros, de si ya comieron o si están bien”, comentó la mamá.
Reconoce que ver el impacto que ha generado su hijo le llena el corazón de orgullo. De hecho, Franco entiende bastante bien lo que está ocurriendo alrededor suyo.
“Él me dice vacilando: ‘mamita, te quité tus seguidores’. Y después me dice: ‘mamá, hemos tocado muchos corazones’. Escuchar eso de un chiquito tan pequeño es demasiado especial”, afirmó.
El milagro que marcó a la familia
Detrás de la sonrisa y la energía de Franco también existe una historia muy dura que marcó profundamente a la familia. Cuando nació, el pequeño sufrió asfixia y tuvo que ser trasladado de emergencia al Hospital México, donde permaneció nueve días internado en incubadora.
Doña Karol recuerda aquellos días como los más difíciles de su vida.
“Fue durísimo. Yo solo podía ir a darle leche y verlo un ratito. Como mamá una quiere quedarse ahí, acompañándolo siempre.
“Cada día nos daban una noticia buena y sentimos muchísimo apoyo de Dios y de las personas que oraron por él. Franco es el resultado de una cadena de oración y por eso nosotros vivimos muy agradecidos”, confesó.
Esa experiencia cambió completamente la manera en que viven como familia y fortaleció aún más los valores con los que hoy están criando al pequeño.
“Somos un equipo entre el papá, don Diego Hernández, Franco y yo. La formación de un niño no depende solo de una persona. Nosotros queremos criar un niño amoroso, respetuoso y feliz. Si él puede usar su luz para alegrarle el día a alguien, entonces estamos haciendo las cosas bien”, concluyó.






