¡Qué agradable fue ver a cuatro candidatos a la presidencia sentados conversando como amigos, con respeto, compartiendo sus ideas a pesar de sus diferencias políticas, porque al final tienen un bien común: ¡Costa Rica!
El “antidebate” que organizó TDmás fue una excelente idea para ver a los candidatos hablar con calma, conocer ese lado humano que, pocas veces, se muestra, pero que dice tanto de las personas.
También fue una gran oportunidad para conocer su forma de pensar sobre la realidad de muchas cosas que pasan en Costa Rica, y escuchar sus propuestas, sin ataques, gritos o discursos aprendidos.
Lo que me preocupa es que esto fue como agua en el desierto. ¿En qué momento conversar como la gente se volvió lo anormal en Costa Rica?
¿En qué momento pegar gritos, ofender, hablar con tono intimidante se volvió lo común en nuestro hermoso país, conocido en el mundo entero por la frase “pura vida”?
¿En qué momento dejamos de ser pura vida?
Se puede pensar distinto sin pegar gritos, sin querer intimidar o callar a los que no comparten mis ideas.
No hace falta usar frases pachucas o un lenguaje vulgar para hacerse escuchar.
No hace falta dar declaraciones como “los que se resisten a soltar la teta de la que han estado mamando durante mucho tiempo” y mucho menos cuando la dice una persona que desde el 2006 trabaja en MIDEPLAN y, prácticamente, toda su carrera la ha hecho como funcionaria pública o en puestos políticos.
Los costarricenses somos, no éramos; me niego a creer que ya no somos así, personas que entendemos que la mejor solución para cualquier problema es el diálogo y no los gritos.
Costa Rica merece mucho más que una persona que pega gritos e insulta sin dar soluciones; no nos podemos conformar con tan poquito.
Tampoco entiendo a los que critican espacios de este tipo, ¿qué piensan, que los políticos son enemigos, que no pueden dialogar por el bien de Costa Rica? Esto no es un partido de fútbol en el que gana o pierde un club; aquí gana o pierde el país entero.
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